El principio antagonista

Massimo Modonesi

Marx era marxista

Es sabido que Karl Marx le dijo a Paul Lafargue que no era marxista, refiriéndose a algunos marxistas franceses con los cuales no se identificaba en absoluto, y que Engels reportó esta afirmación y, después de la muerte de su compañero, se dio a la tarea de encausar el naciente marxismo orientando la interpretación de la obra de Marx.

A pesar de no querer ser tergiversado, Marx no quería ser solo Marx, un pensador celoso de sus ideas, sino que quería que circularan, fueran fuente de inspiración y fueran desarrolladas para que realmente pudieran contribuir a cambiar el mundo, a subvertir las sociedades capitalistas. Por esta simple y contundente razón, Marx era marxista, fue el primer marxista no por jerarquía sino por simple genealogía. Desde su juventud, el barbón de Treveris tenía la intención de generar un movimiento, una corriente, de abrir un camino teórico-práctico, de fijar preguntas y respuestas provisionales que tenían que medirse con la praxis, con la acción humana y la historia en devenir, que constituyeran puntos de partida teóricos y no de llegada que se petrificaran o murieran con él.

Esto efectivamente ocurrió y todavía en nuestros días la relación entre Marx y el marxismo es un tema que es objeto de debate y de disputa en la frontera entre la historia intelectual y la batalla de las ideas. Señalo al respecto solo dos cuestiones generales que atañen el perímetro del debate y no sus contenidos puntuales.

En primer lugar, hay que reconocer una tendencia a querer separar y aislar Marx del marxismo, reconociendo que se trata de un autor universal, patrimonio común de la humanidad, asimilable a otros grandes del pensamiento que ameritan homenajes onomásticos y enciclopédicos. Sin embargo, este merecido reconocimiento suele estar acompañado implícita o explícitamente de dos posibles intenciones o consecuencias. En un primer nivel, una beatificación académica póstuma que neutraliza el potencial político revolucionario de su pensamiento, embalsamándolo por la vía de la historia de las ideas, despolitizándolo a través de la monumentalización de un Marx de bronce. En un segundo nivel, este reconocimiento aparentemente aséptico es a menudo acompañado de un argumento antimarxista que sostiene que Marx era un brillante filósofo humanista que fue distorsionado, tergiversado, utilizado por los marxistas –todos los marxistas- que en su nombre cometieron barbaridades, crímenes o simples errores ingenuos o infantiles. Esto conduce a que la iluminación focalizada sobre el Marx crítico humanista del capitalismo arroja sombra sobre el Marx radical de la lucha de clases y de la revolución anticapitalista.

En segundo lugar, aunque asumamos como principio general que Marx era marxista y que todo marxismo remite a Marx, al mismo tiempo, hay que reconocer que no era dogmático, economicista o estatalista (o estadolatra) y, por lo tanto, no todo marxismo respetó y respeta su legado. Por otra parte, hay que resaltar como, siguiendo el espíritu crítico y las consignas metodológicas de su fundador, el marxismo o, mejor dicho, algunos marxismos desarrollaron y rebasaron los límites de su obra, contribuyendo a enriquecer la línea de pensamiento que inauguró. A partir de estos dos criterios, podemos discernir y destacar retrospectivamente al interior de la tradición marxista aquellas contribuciones que no niegan algunos postulados fundamentales como aquellas que prospectivamente permitieron adaptar y renovar al marxismo para que siga siendo un pensamiento crítico a la altura de los desafíos de nuestro tiempo.

Marx era sin duda marxista pero, como él mismo intuyó desde el principio, solo algunos marxismos le hicieron y le hacen honor.

 

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