Palestina, las cosas por su nombre

María Landi

Los Chicos de Hares: juzgados por un tribunal militar, chantajeados y condenados sin pruebas a décadas en prisión por ‘tirar piedras’

Que en una democracia los tribunales militares no pueden juzgar a civiles es un principio elemental. Menos aún si los tribunales militares son fuerzas de ocupación. Si encima esos tribunales juzgan a niños, no hay duda que violarán todos los tratados de derechos humanos, especialmente los relativos a la niñez.

Es lo que ocurre con los niños palestinos. A pesar de que Israel insiste en presentarse como “la única democracia de Medio Oriente” (poco compatible, por cierto, con mantener la ocupación colonial más larga de la historia moderna), es el único país del mundo que juzga a niños en tribunales militares.

Hoy hay casi 500 niños y adolescentes palestinos en las cárceles israelíes y juzgados en tribunales militares. Además la gran mayoría de los presos están en cárceles dentro de Israel, lo cual constituye otra violación del derecho internacional humanitario, que prohíbe a la potencia ocupante trasladar a su territorio a los prisioneros del país ocupado.

El delito del que se acusa a los niños y jóvenes palestinos es haber tirado piedras a las fuerzas de ocupación. Tirar piedras es en efecto un crimen penado con cárcel y multa –tanto para mayores como para menores– según una de las tantas disposiciones militares que gobiernan la vida de la población palestina.

Hoy quiero detenerme en un caso particular, no sólo porque conozco personalmente a los adolescentes y a sus familias, sino también por ser emblemático del tipo de ‘justicia’ a la que está sometido el pueblo palestino.

En noviembre de 2015 un tribunal militar decidió condenar a cinco adolescentes palestinos a 15 años de prisión por el supuesto delito de tirar piedras.

Ali Shamlawi, Mohammed Kleib, Mohammed Suleiman, Ammar Suf y Tamer Suf, del pueblo de Hares (Cisjordania ocupada), fueron secuestrados de sus hogares por el ejército israelí cuando tenían 16 y 17 años, en marzo de 2013. Se les acusó de arrojar piedras a vehículos de colonos israelíes ilegales, uno de los cuales chocó contra un camión que estaba estacionado en la Ruta 5, cerca de Hares. Las hijas de la conductora del coche resultaron heridas en el accidente, una de ellas de gravedad. Dos años más tarde, murió por complicaciones derivadas de una neumonía.

No hay testigos del accidente de coche. Nadie vio a jóvenes lanzando piedras ese día. No obstante, la conductora afirmó más tarde que perdió el control de su coche porque jóvenes palestinos lanzaron piedras contra él. El conductor del camión chocado por ella, que en un primer momento declaró que se había detenido a causa de un pinchazo, más tarde cambió su declaración y dijo que había visto piedras en la carretera.

En los días siguientes al accidente, más de 50 soldados israelíes enmascarados y con perros de ataque irrumpieron violentamente en Hares en la madrugada. 19 adolescentes fueron llevados con los ojos vendados y esposados con rumbo desconocido, como es habitual. Después de interrogatorios violentos, la mayoría fueron puestos en libertad, a excepción de los cinco Chicos de Hares, que desde entonces están en una prisión de adultos israelí.

La acusación se basa en “confesiones” obtenidas mediante tortura, y en 61 “testigos” cuyos coches, alegan, fueron dañados por piedras ese día en la carretera 5. Sólo aparecieron después que el hecho recibió gran cobertura mediática como “acto terrorista” y que el Primer Ministro Netanyahu anunciara que había “atrapado a los terroristas que lo hicieron”. Entre los testigos se incluye la policía y el servicio secreto, que no estaban presentes en el lugar.

Arrestar violentamente a niños en sus hogares en medio de la noche y llevarlos con rumbo desconocido viola la Convención de los Derechos de la Niñez y la propia legislación israelí, que establece que los menores detenidos deben ir acompañados de un familiar adulto. El interrogatorio abusivo sin presencia de abogado y mantener a niños en régimen de aislamiento durante días también es una forma de tortura y una violación de la legislación israelí e internacional.

Durante casi tres años de prisión, los Chicos de Hares han negado haber tirado piedras. No obstante, fueron obligados a firmar “confesiones” después de largos interrogatorios de los servicios secretos israelíes. Nunca se obtuvo prueba alguna de su culpabilidad, pero como me dijo un abogado israelí que defiende a palestinos: en la ‘justicia’ militar, la verdad es irrelevante. Lo único que importa es que el acusado firme la confesión; y para eso, el sistema tiene sus métodos. Sobre todo cuando se trata de niños. Según un informe de la ONG de derechos humanos israelí B’Tselem, entre 2005 y 2010 835 niños fueron detenidos en Cisjordania por tirar piedras; de los 835, sólo uno fue absuelto. Los tribunales militares israelíes tienen una tasa de condena del 99,7%.

En noviembre pasado a los Chicos de Hares se les informó también que, como parte de la condena, deberán pagar 7.500 dólares cada uno antes del 28 de enero. Si sus padres –que son modestos agricultores– no entregan esa suma exorbitante antes de ese plazo, se les ha dado a entender que la sentencia será más grave y podría llegar a 20 o más años de prisión.

Que la diferencia entre ser condenado por “homicidio no intencional” o por “tentativa de homicidio” (las dos posibles acusaciones anunciadas) dependa de la posibilidad de pagar una alta suma de dinero muestra a las claras que el sistema, lejos de buscar la justicia, busca no sólo el castigo, sino también el lucro. Presionar a los presos y sus familias a que paguen una alta suma, y amenazarles con penas más severas si no lo hacen, no es otra cosa que extorsión para obtener un rescate. Pero esto no sólo es legal en Israel, sino la práctica habitual hacia las y los presos palestinos.

En cambio, si el mismo delito es cometido por colonos judíos –residentes ilegales en el territorio ocupado–, probablemente quedará impune; y en caso de ser detenidos, serán juzgados por tribunales civiles que ofrecen todas las garantías del debido proceso, y recibirán penas muy leves. Los tribunales militares y los castigos severos están reservados para la población árabe.

El caso de Hares parece ser el presagio de una nueva era de represión hacia los jóvenes acusados ​​de tirar piedras. Su sentencia puede sentar un precedente legal que permitiría a los tribunales israelíes acusar a cualquier palestino de intento de homicidio por tirar piedras.

En septiembre de 2015, Netanyahu declaró la “guerra contra los que tiran piedras”, y el Parlamento aprobó una ley que establece penas de prisión y multas punitivas más severas para adultos y menores de edad. Además autoriza a reprimir con francotiradores a quienes lancen piedras, aun en circunstancias en que no representen un peligro mortal.

Cuando escuchen decir que Israel es un modelo de democracia, recuerden a los Chicos de Hares –y a los 500 niños palestinos encerrados en las cárceles sionistas. Seguir tratándolo como un Estado normal es ser cómplice de que generaciones enteras de palestinas y palestinos continúen bajo un régimen brutal de ocupación, colonización y apartheid. Es hora de aislar y sancionar a Israel hasta que ponga fin a sus crímenes de guerra y de lesa humanidad.

¡Actuemos para poner fin a esta injusticia y para exigir la libertad de los Chicos de Hares! Aquí hay algunas ideas

Sitio web: haresboys.wordpress.com

Correo-e: haresboys [at] gmail.com

Facebook: Free The Hares Boys

Twitter: @HaresBoys

ACTUALIZACIÓN: El 28 de enero de 2016, tal como había anunciado, el tribunal militar israelí finalmente condenó a los Chicos de Hares a una pena de 15 años de prisión y un total de 30.000 dólares en multas por concepto de ‘indemnización’.

Una Respuesta a “Un premio ¿censurado?
”

  1. El artículo es muy bueno, gracias por explicar tan bien la problemática de Al Quds (la sagrada) – Jerusalén. El único detalle que he visto y que reconozco como error es el año que subió Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas. Fue en 2000.

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