El principio antagonista

Massimo Modonesi

En el reino del priismo infinito

A contramano de lo que sugieren las miradas cortas de la pequeña política de los cálculos partidarios y del cronismo-opinionismo que pulula en los grandes medios de comunicación, en el fondo de las más recientes elecciones se confirma que México sigue siendo, desgraciadamente, el país del priismoinfinito[1]. El priismo que nos oprime es infinito tanto a nivel espacial como temporal ya que abarca todo el abanico horizonte del sistema político y, por ello, persiste a pesar de toda alternancia, sea pasada como, probablemente, futura.

Como cáncer que es, el priismo hizo silenciosa y clandestinamente metástasis hace poco menos de tres décadas, desde 1988, cuando en medio de las restricciones de la crisis de la deuda y los albores del neoliberalismo que le impedían mantener aceitados sus mecanismos clientelares y corporativos, acorralado en su soledad autoritaria, recurrió a un descarado fraude electoral para retener el control del poder estatal pero, al mismo tiempo, para recuperar centralidad y hegemonía, empezó a desparramarse hacia su derecha y su izquierda, esparciéndose por todo el arco del sistema político y haciéndose poco a poco tripartito. La tan aclamada transición no fue a la democracia sino de un sistema de partido de Estado a un tripartidismo de Estado.

Desde estos años fue colonizando al PAN, de cuyo rasgos originarios ideológicos de liberalismo y doctrina social católica quedan solo algunos vestigios o ropajes, sumergidos en un pragmatismo institucionalista e hiperneoliberal colocado al servicio de intereses de grupos y sectores acaudalados. Permeó desde un principio en el PRD y lo fue asimilando y priizando completamente con el pasar de los años. Un PRD cuyas prácticas, allá donde sobrevive aferrado a cuotas de recursos públicos, reproducen de forma fiel la mezcla de corrupción, clientelismo e inclusive de uso de acciones de manipulación y violencia política típicas de la peor tradición caciquil y charra del PRI. Finalmente, aún cuando no participe del tripartidismo de Estado, el priismo infinito no dejó de trasminar hacia MORENA vehiculado por grupos dirigentes formados en el PRI y el PRD y la consiguiente asimilación y reproducción de formas y prácticas que, más allá de la declaración de intenciones, de la presencia de personas honradas entre sus dirigentes y de cierto grado de organización y participación popular que lo distingue, no deja mucho margen a la “esperanza” que abandera como lema de campaña.

Por si fuera poco, a nivel societal, más allá del gris arcoíris del sistema de partidos y de la instituciones estatales, por sedimentación hegemónica y gracias a una serie de aparatos ideológicos públicos y privados, el priismo infinito también se difundió en forma gaseosa y se mezcló al aire que respiramos durante décadas, anidando en la cultura popular, haciéndose tradición nacional y contaminando sub culturas de origen y vocación opositora o disidente.

Y no obstante, aún en medio de estas condiciones avasalladoras, sigue siendo posible y necesario impulsar iniciativas políticas contra-hegemónicas.

Iniciativas resistenciales pero que prefiguran potenciales horizontes emancipatorios como las que sostienen aquellos grupos, colectivos y comunidades que luchan a lo largo y ancho del país, fracciones minoritarias pero ejemplares que tratan de salir del perímetro en el cual vivimos bajo asedio, salir de la telaraña de la mistificación democrática, de las alternancias que se presentan como alternativas. Que luchan para que, por lo menos, el asedio sea recíproco, que la ciudadela de las instituciones, si actualmente no puede ser expugnada, esté cercada por procesos sociales y políticos que escapen a su lógica de reproducción. Salir para eventual y oportunamente incursionar en su interior, cuando y donde se pueda y valga la pena, conscientes de que el priismo infinito no se disuelve de la noche a la mañana, ni sólo a través de una victoria electoral, siempre y cuando ésta llegue o sea reconocida.

[1] Adapto la fórmula de la socióloga Maristella Svampa, quien llamó “peronismo infinito” la persistencia de esta tradición política en la Argentina.

massimomodonesi.net

 

Una Respuesta a “Gramsci y las revoluciones rusas a un siglo de distancia”

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