Palestina, las cosas por su nombre

María Landi

El eterno chantaje. Usos y abusos del Holocausto y el antisemitismo

Estas últimas semanas se conoció en Argentina la noticia de que el flamante Presidente Alberto Fernández eligió como destino de su primer viaje al exterior nada menos que el Israel del perenne primer ministro Netanyahu. El motivo de su visita fue participar, junto a más de 43 líderes mundiales, en el Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el Antisemitismo realizado en el Museo del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén, el 23 de enero. El evento conmemoraba, además, el 75° aniversario de la liberación por el ejército soviético del campo de concentración de Auschwitz, donde los nazis mataron a más de un millón de personas, la mayor parte de ellas judías.

Algunos análisis insinuaron que el viaje de Fernández fue un gesto hacia la administración Trump que apuesta a resolver el grave problema de la deuda con el FMI contraída por el gobierno de Macri. Es la primera vez en décadas que un presidente argentino viaja a Israel, pues ni Néstor ni Cristina Kirchner lo hicieron (enemistad mediante por el memorando con Irán). Macri recibió a Netanyahu en Buenos Aires y estrechó lazos y negocios con Israel, sobre todo en materia de armas y seguridad.

La sección argentina de la Red Judía Internacional Anti-sionista (IJAN) criticó la decisión del Presidente en un comunicado: «Una vez más vemos cómo el Estado de Apartheid de Israel creado por el sionismo y las fuerzas imperialistas en territorio palestino se esconde detrás del genocidio judío para darse legitimidad y escapar del llamado al boicot por la sociedad civil palestina de 2005 y atendido desde entonces por el creciente movimiento internacional BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones) al Estado del Apartheid israelí y sus instituciones. El sufrimiento judío a manos de la judeofobia europea, que encontró su máxima expresión en el genocidio judío por parte del nazismo durante la segunda guerra mundial, no debe ser usado como instrumento político para garantizar la impunidad del Estado de Israel ante sus crímenes contra el Pueblo Palestino y otros pueblos árabes masacrados por dicho régimen desde su implantación en 1948.»

Y es que no puede haber mayor hipocresía que conmemorar la liberación de Auschwitz y el Día del Holocausto en Jerusalén, una ciudad donde la tercera parte de su población (palestina) carece de los derechos sociales y políticos básicos y está siendo limpiada étnicamente mediante desalojos y demoliciones continuas para imponer una mayoría demográfica judía. José Schulman, director de la Liga Argentina por los DD.HH., manifestó: «Para mí el holocausto es una cuestión familiar, es más una cuestión personal. Y quiero dejar sentado que no es en mi nombre que nuestro presidente viaja a convalidar el genocidio palestino por parte de Israel. Si quiere rendir homenaje a los que derrotaron a los nazis que vaya a la Plaza Roja de Moscú. No a una ciudad ocupada militarmente por un Estado terrorista. No cualquier homenaje es memoria; éste es justificación del terrorismo de Estado sionista.»

Desde muchas tribunas se ha denunciado el chantaje cínico que Israel y sus aliados han hecho siempre de la memoria del Holocausto1 para acallar las críticas a sus crímenes contra el pueblo palestino. Fiel a la tradición, Netanyahu utilizó este Foro para presionar a los líderes mundiales a que respalden la posición israelí de que la Corte Penal Internacional no tiene jurisdicción en los territorios palestinos, después de que la Fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, anunciara el mes pasado −tras cinco años de examen preliminar− que está lista para abrir una investigación sobre posibles crímenes de guerra en Cisjordania y Gaza, en espera de una decisión de la CPI sobre su jurisdicción. Sin perder tiempo, Netanyahu respondió que «se están emitiendo nuevos edictos contra el pueblo judío, edictos antisemitas de la Corte Penal Internacional» y llamó a «boicotearla».

Para reafirmar que el propósito del Foro no era honrar a las víctimas y sobrevivientes del Holocausto (a quienes, por cierto, el Estado de Israel ha tratado bastante mal), el judío-estadounidense Richard Silverstein escribió: «Hay un único propósito al acoger a los líderes mundiales en esta reunión en el terreno sagrado de Yad Vashem, [el museo] construido en el lugar donde antes de 1948 existía una localidad palestina. Se trata de reunirlos para que entiendan lo que deben hacer cuando regresen a casa: proteger a Israel a toda costa. El objetivo del evento es eliminar cualquier distinción entre el Holocausto, el antisemitismo e Israel. Todos son uno: un insulto a uno es un insulto a todos

Con su habitual elocuencia, el periodista israelí Gideon Levy condenó la hipocresía de los líderes políticos que acudieron a cerrar filas con Israel mientras daban la espalda al campo de concentración llamado Gaza, apenas a una hora de Jerusalén, en el que el régimen sionista mantiene a dos millones de personas desde hace 13 años,. En una columna titulada “En el Día de Recordación del Holocausto, vayan a Gaza y griten ‘nunca más’”, Levy afirmó: «Es deplorable que [los visitantes] ignoren lo que las víctimas del Holocausto le están infligiendo a otra nación. (… ) No hay holocausto allí, solo apartheid. No hay aniquilación, sino la brutalización sistemática de una nación. No Auschwitz, sino Gaza.»

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Es necesario entender además que este Foro fue convocado en una coyuntura mundial donde Israel y sus aliados están a la ofensiva para imponer una retorcida definición de antisemitismo que busca criminalizar al movimiento BDS y a la solidaridad con Palestina en general.Para ello se valen de la “definición operativa“de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA2, por su sigla en inglés), que entre los “ejemplos contemporáneos” de antisemitismo incluye las críticas al Estado de Israel, asimilando así antisionismo con antisemitismo.

Así, en todos los países los lobbies sionistas están presionando a los gobiernos para que adopten la definición de antisemitismo de la IHRA; y una vez aprobada, presentan recursos de lawfare (guerra jurídica)contra las organizaciones que impulsan el BDS o defienden los derechos del pueblo palestino, aún cuando ellas estén en total consonancia con las resoluciones de la ONU y el Derecho Internacional. De hecho en varios lugares de Europa y EE.UU. grupos de activistas han recurrido dichas mociones reivindicando el derecho ciudadano a la libertad de expresión, y han ganado.

No obstante es preocupante que hasta el momento 24 países hayan adoptado la definición de la IHRA. Significativamente, hace poco su mismo autor, Kenneth Stern, denunció que ésta había sido manipulada respecto a su propósito original para favorecer al sionismo y a los aliados de Trump. En un artículo publicado en The Guardian, Stern afirmó: «Yo redacté la definición operativa de antisemitismo [de la IHRA]. Y ahora (…) están utilizándola como un arma. La definición nunca estuvo destinada a silenciar la libertad de expresión de ningún discurso, pero eso es lo que implementó la orden ejecutiva de Trump.» Y argumentó que se trata de un «ataque a la libertad académica y a la libertad de expresión que perjudicará no solo a las y los defensores de Palestina, sino también a estudiantes y docentes judíos/as y a la propia academia.»

Aunque parezca de Perogrullo, a esta altura se hace necesario explicar la diferencia entre ambos conceptos. Según IJAN, antisemitismo (o judeofobia) es el prejuicio y el odio hacia las personas judías (que en Europa y Rusia generaron persecución, represión y genocidio); mientras que antisionismo es el rechazo a una ideología (el nacionalismo judío) que impulsó la fundación del Estado de Israel en Palestina y que sigue impulsando su expansión en la actualidad. El sionismo es la doctrina que justifica la colonización de Palestina, el despojo, el exilio forzoso y las masacres contra su pueblo.

Es por eso que las críticas a Israel no se originan en prejuicios contra las personas judías, sino en el reconocimiento de que las políticas y fundamentos del sionismo son racistas y supremacistas. Esto es difícil de refutar desde la aprobación en 2018 de la Ley constitucional del Estado Nación Judío, la cual afirma que Israel es “el hogar nacional del pueblo judío” (y no de sus ciudadanos/as de todas las etnicidades y religiones), y por eso solo las personas judías tienen derecho a la autodeterminación3.

También en América Latina las derechas aliadas al lobby sionista están impulsando la reforma de las leyes contra la discriminación y el racismo para incluir el antisionismo como un delito de odio. Para ello, de nuevo, se utiliza la definición de antisemitismo de la IHRA. Al menos en Argentina ya están en ello. En enero los dirigentes de la DAIA (organización sionista local) se entrevistaron con la flamente Ministra de Justicia y Derechos Humanos Marcela Losardo para solicitarle la modificación de la Ley Antidiscriminatoria, a fin de incluir al antisionismo como una forma de antisemitismo.

Ante esto, la organización judía progresista Llamamiento Judío Argentino declaró: «No hay justificaciones legítimas para la propuesta de DAIA: el sionismo no es una religión, no es una etnia; es una ideología política. Y como tal puede provocar adhesiones, rechazos o indiferencia. (…) hay personas que sostienen una opinión crítica al sionismo como ideología política y no por eso son antisemitas. Más aún, hay importantes sectores de las colectividades judías en todo el mundo, incluso en Israel, que se manifiestan contrarios al sionismo. ¿Son ellos también antisemitas?»

Precisamente esta semana Ali Abunimah, director del portal Electronic Intifada, recordaba a dos sobrevivientes judíos de Auschwitz profundamente antisionistas y defensores del pueblo palestino: el médico Hajo Meyer (fallecido en 2014) y la música Esther Bejarano, hoy nonagenaria. Ambos tacharon a Israel de Estado fascista y apoyaron firmemente el movimiento BDS y el derecho del pueblo palestino a la resistencia. Concluía Abunimah: «La lección que Israel quiere que saquemos del Holocausto es que tiene derecho a hacer impunemente lo que se le antoje al pueblo palestino en nombre de la protección de la comunidad judía. Pero la lección correcta que hay que aprender y es más urgente que nunca es que debemos permanecer unidos/as contra el odio y la opresión racial y religiosa, sin importar quiénes sean sus víctimas.»

En la misma línea, Hagai El-Ad (director de B’Tselem, ONG israelí de DD.HH.) sentenció: «Qué vergüenza, Primer Ministro Netanyahu. Vergüenza, también, la de cualquier líder mundial que esté de acuerdo con la farsa de equiparar el intento de un pueblo de lograr justicia con el antisemitismo. Tomar esta cobarde posición no sólo traiciona la esperanza de libertad y dignidad del pueblo palestino; se suma a la muerte lenta de las lecciones que han guiado a la humanidad durante los últimos 75 años, y que ahora se están ahogando en la creciente marea autoritaria en todo el mundo

1 Un fenómeno exhaustivamente explicado por Norman Finkelstein (judío e hijo de sobrevivientes de la Shoá) en su precursora obra La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío”.

2 La IHRA es una organización internacional con un poder político considerable, que reúne a representantes de gobiernos y estudiosos del Holocausto de 33 países (casi todos de Occidente). Tiene como objetivo difundir e institucionalizar la enseñanza, la investigación y la conmemoración del Holocausto y luchar contra el antisemitismo.

3 La ley afirma también: «El Estado considera el desarrollo de la colonización judía como un valor nacional, y actuará para alentar y promover su establecimiento y consolidación.»

Una Respuesta a “Articular las Luchas por un Mundo sin Muros”

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