Palestina, las cosas por su nombre

María Landi

El boicot a Israel crece en el mundo, a pesar de los intentos de criminalizarlo

“Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan. Entonces ganas”.
M. Gandhi (hablando del boicot a los productos británicos que él impulsaba).

Durante el mes de marzo en el hemisferio norte, y de abril en América Latina, tiene lugar la 12ª Semana contra el Apartheid Israelí (IAW, por su sigla en inglés). Esta iniciativa, surgida en 2004 en la Universidad de Toronto para denunciar el régimen de discriminación que Israel impone sobre el pueblo palestino, hoy se ha extendido y multiplicado por todo el mundo.

En más de 150 ciudades y principalmente en el ámbito universitario, cada año se realizan mesas redondas, talleres, proyección de películas, exposición de materiales y movilizaciones. El objetivo de la IAW es educar al público sobre la naturaleza del apartheid israelí, y así contribuir al desarrollo del movimiento global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS)1.

Este movimiento de activistas de base, grupos de solidaridad, sindicatos y estudiantes ha llevado a las asambleas estudiantiles y docentes de muchas universidades a debatir y aprobar resoluciones de boicot académico, similares a las que en su momento se tomaron para sancionar al régimen de apartheid de Sudáfrica. Una larga lista de universidades, gremios estudiantiles y asociaciones académicas han adherido al boicot académico en varios países de Europa, Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica y otros. En EE.UU., la organización Students for Justice in Palestine está generado un movimiento potente semejante al que se opuso a la guerra de Vietnam.

Los éxitos obtenidos por el BDS mediante la movilización y organización de la gente son muchos, pero entre los más recientes se destacan: dos empresas israelíes (SodaStream y Ahava) decidieron salir del territorio ocupado, y las multinacionales Orange, Veolia y G4S resolvieron vender todos sus negocios y retirarse de Israel; en todos los casos, después de campañas de boicot sostenidas que les reportaron pérdidas millonarias.

La inversión extranjera directa en Israel cayó un 43% en 2014. Iglesias de Estados Unidos retiraron inversiones millonarias en empresas israelíes o multinacionales cómplices con la ocupación (recientemente, la Iglesia Metodista Unida aprobó el boicot a los cinco principales bancos israelíes). En el estado español, más de 30 ayuntamientos y legislaturas votaron por adherir a una campaña popular y declararse “espacio libre de apartheid israelí” (ELAI).

Pero quizás el principal logro del movimiento BDS y de la IAW ha sido contribuir a cambiar la comprensión de la cuestión palestina, desmontando la narrativa sionista: ya no se habla de un conflicto entre dos partes que se disputan el mismo territorio, sino de la ocupación colonial más larga de la historia moderna, sostenida mediante un régimen que se ajusta a la definición de apartheid de la ONU2.

El apartheid israelí es mucho más que el Muro de separación (cuya finalidad real es el robo de tierras palestinas): se trata de un racismo institucionalizado inadmisible en el siglo XXI. En los territorios ocupados hay dos sistemas legales y de justicia distintos para árabes y judíos; y dentro de Israel, hay más de 50 leyes y un sinnúmero de políticas que discriminan a la población palestina. También es apartheid la distribución desigual del agua, las carreteras segregadas, los vehículos con distintas placas según el origen étnico, y más.

Este año la celebración de la 12ª IAW tiene lugar en medio de una intensificación de la ofensiva mediática y diplomática del gobierno israelí para frenar el imparable avance del BDS. El lobby sionista está destinando recursos millonarios para combatir al movimiento por diversos medios, desde la presión diplomática sobre los gobiernos para que tomen medidas de criminalización de activistas del BDS hasta ataques a los sitios web del movimiento en varios países. Como resultado, en los últimos meses en EEUU y Gran Bretaña se aprobaron disposiciones que prohíben la adhesión institucional al BDS, y en Canadá hay iniciativas similares; en Francia, 12 activistas fueron procesados por repartir panfletos pidiendo el boicot a productos israelíes. En España, asociaciones sionistas están pidiendo medidas contra la campaña ELAI.

También Sudáfrica conoció estos esfuerzos por combatir el boicot. El movimiento sudafricano tardó muchas décadas en obtener victorias y legitimarse ante gobiernos y opinión pública, mientras que el BDS palestino parece ir más rápido. De hecho, Israel y sus aliados están teniendo cada vez más trabajo, y gastando más dinero, para mantener su control sobre la narrativa3.

Y a pesar de ello, no está dando resultados. Esta semana la reunión anual de AIPAC (el poderoso lobby sionista) en la capital de EE.UU. fue repudiada con una marcha masiva en solidaridad con Palestina, donde incluso la presencia judía era notoria. Las resoluciones de adhesión al BDS siguen multiplicándose en todo el mundo, así como las actividades de la IAW.

Desde figuras de la talla intelectual o moral de Stephen Hawking, Stephane Hessel, Naomi Klein, Judith Butler o Desmond Tutu (y otros premios Nobel), hasta artistas como Roger Waters, Ken Loach, Lauryn Hill y otras han fundamentado su adhesión al BDS. Y no lo hacen siguiendo consignas fáciles o propaganda tendenciosa, sino con argumentos sólidos e informados.

El BDS no busca la destrucción de Israel ni es antisemita: es un movimiento mundial que reclama igualdad, justicia y libertad para el pueblo palestino, y el respeto a todos sus derechos humanos. Que Israel se considere amenazado por estas exigencias, dice mucho sobre la naturaleza del régimen sionista.

Como escribió el palestino Ramzy Barud: “El objetivo principal del BDS, un movimiento totalmente no violento de la sociedad civil, no es castigar a los israelíes de a pie, sino denunciar el sufrimiento del pueblo palestino y crear un umbral moral imprescindible para que algún día alcancemos una paz justa.

Ese umbral moral ya fue delineado cuando Nelson Mandela dijo: ‘Sabemos muy bien que nuestra libertad es incompleta sin la libertad de los palestinos’.”

1 El movimiento mundial de BDS a Israel hasta que cumpla con el derecho internacional y respete los derechos palestinos fue iniciado por la sociedad civil palestina en 2005. Inspirado en la campaña que contribuyó a la caída del apartheid en Sudáfrica, el BDS promueve el boicot económico, académico, cultural e institucional. Ver: boicotaisrael.net

2 Tal como demostró el Tribunal Russell sobre Palestina en 2011, el régimen israelí se ajusta a la definición de apartheid de Naciones Unidas porque:
1) se puede identificar claramente dos grupos étnicos o nacionales distintos:2) uno de ellos oprime y comete ‘actos inhumanos’ contra el grupo subordinado;
3) dichos actos se dan de manera sistemática en el contexto de un régimen institucionalizado de dominación de un grupo sobre el otro.

3 El año pasado el gobierno israelí destinó casi 25 millones de euros al Ministerio de Asuntos Estratégicos para combatir el BDS. La mayor parte del dinero se dedica a recabar información sobre el BDS y sus líderes, y a sabotear y desprestigiar sus actividades.

Una Respuesta a “Mujeres palestinas: guardianas de la vida, la memoria y la resistencia”

  1. Carlos Martinez

    Muy interesante este artículo.
    Lo que se diga del conflicta árabe-israelí es poco, esa ruindad del sionismo, lo mal que se ven las potencias apoyando desde el inicio el robo de territorio, una muestra de geopolítica, de cómo puede operar un organismo supranacional lejos de los intereses de lo países subdesarrollados, en fin, es doloroso y triste ver la injusticia en Palestina y saber que fue la misma ONU quien apoyo su creación por influencia de las potencias, sobre todo de EUA.
    Gracias por la lectura, es un vistazo claro del mundo en que vivimos.

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