Fronteras Abiertas

Laura Carlsen

Miedo y resistencia en la frontera con Trump América

¿Cómo se sienten las comunidades de migrantes que viven en la frontera frente a las medidas anti-inmigrantes de Donald Trump? ¿Qué están haciendo para defenderse?

Con el propósito de responder a estas preguntas fue organizada la Caravana Contra el Miedo. Viajaron 50 personas de Estados Unidos y México y migrantes de origen centroamericano, la mayoría mujeres trabajadoras del sindicato de empleados de servicios, SEIU por sus siglas en inglés. El SEIU organizó la caravana para tomar el pulso de las comunidades fronterizas, alentar respuestas colectivas al miedo y preparar la movilización del primero de mayo en Los Ángeles y otros lugares.

Viajé con la caravana desde el inicio en Sacramento, la capital del estado de California, el 10 de abril, hasta el final, de vuelta en California, en Los Ángeles para la marcha el 1 de mayo. Veintiún días, unos 7,000 kilómetros y cientos de consignas, canciones, discursos y risas. Es imposible resumir la experiencia en pocas palaras, pero éstas son las primeras lecciones:

1) Sí, existe miedo real en las comunidades de migrantes.  Rosa, a quien encontramos en la oficina de la abogada Margo Cowan renovando el permiso DACA de su hija, cuenta que ya no van a los parques ni salen de vacaciones.

“Anteriormente vivíamos una vida más estable, más confiados. Salíamos bien, a gusto, sin ninguna preocupación, y ahora no, desde que entró este nuevo presidente de preferencia no salir ya,” dijo, y agregó: “Estamos tratando de vivir una vida normal ¿no?, con los miedos de que vamos a salir y no sabemos si vamos a regresar…”

El miedo que siente Rosa, y Melisa de Fresno y Jesús de El Paso y decenas de otras personas que conocíamos en el camino tiene bases reales. Hasta ahora las comunidades no reportaban un incremento en la deportación, que según estadísticas fue ligeramente menor al mismo periodo del año pasado, sin embargo, se han incrementado las aprehensiones en el país y las personas aprehendidas en el gobierno de Trump casi siempre son enviadas a detención. A pesar de que la infraestructura y el financiamiento que quiere Trump para la deportación masiva todavía no existen, ha hecho evidente la intención de cumplir con su promesa de deportar a millones de inmigrantes.

Ha habido casos de aprehensiones de alto perfil para enviar el mensaje de que las protecciones que estableció Obama para ciertos inmigrantes ya no se aplicarán. Cualquier persona sin documentación migratoria vigente puede ser deportada en cualquier momento. La deportación de un joven que llegó a los 5 años de edad y no tiene antecedentes criminales, de un dreamer (estudiante con permiso temporal con DACA), de una mujer embarazada y de miembros respetados en sus comunidades, amplía la criminalización de migrantes para anticipar una ofensiva. Se han detenido dos veces más personas migrantes no-criminales con el propósito de fomentar el miedo y promover la auto-deportación.

El abogado de El Paso Texas, Carlos Spector, nos recordó que en este contexto no se trata de descartar el miedo. “Sí, es importante enfrentar el miedo, pero también es importante enfrentar la realidad,” afirmó en El Chaparral, Nuevo México. Explicó que la historia de encarcelación masiva en los Estados Unidos ahora abarca a la comunidad migrante, afecta a comunidades enteras y en particular a las personas que buscan asilo.

La consigna de la Caravana “contra el miedo” buscó reconocer el miedo y desarrollar formas colectivas de enfrentarlo, para evitar una situación en que la gente más vulnerable se retire aún más a las sombras, y para convertir las amenazas en aglutinador de fuerzas.

  1. La frontera EEUU-México tiene una identidad propia y binacional que es fuente de resistencias. Aunque existen importantes diferencias entre, por ejemplo, San Ysidro, California y McAllen, Texas la región de la frontera en Estados Unidos tiene una identidad fuerte con rasgos internacionales que la hace distinta a otras regiones del país. El arraigo de la cultura mexicana entre familias que se consideran plenamente estadunidenses —el uso del español, la economía binacional, las familias transfronterizas, como vimos en el sur de Texas— es natural y una fuente de identidad y orgullo, además de que estas comunidades son vitales para toda actividad económica y cívica en la zona.

Esta identidad genera formas específicas de resistencia y está forjando alianzas inesperadas. Los empresarios en muchos lugares lideran la resistencia contra el muro debido a las afectaciones a sus negocios, y hasta la gente conservadora de El Paso, Texas se ofendió cuando el Procurador Jeff Sessions llamó a la región una zona de guerra. La realidad es que las ciudades fronterizas de Estados Unidos son las más seguras del país, y sus residentes recuerdan con nostalgia los días en que podían pasar a sus ciudades hermanas al otro lado de la frontera como si fuera a la casa del vecino. La población que vive en la zona fronteriza no permitirá su conversión en campo de batalla contra sí misma.

  1. No se puede separar el tema de los derechos laborales del tema de los derechos de migrantes. Una de las mentiras más absurdas de la campaña y ahora presidencia de Donald Trump es plantear no sólo la separación sino el antagonismo entre los derechos laborales y los derechos de migrantes. Su retórica de defender el derecho a un empleo digno, a seguridad en el trabajo, a un salario que garantice el bienestar familiar por medio de la demonización de migrantes no podría ser más lejano de la realidad.

Primero, ignora el hecho de que miles, probablemente la mayoría si contamos segunda generación, de trabajadores son migrantes. La discriminación en la fuerza laboral oculta el hecho segregando la mano de obra en ciertos sectores, pero en los sindicatos cada vez más se entiende que sin trabajar juntos no podrán avanzar. Los trabajadores y las trabajadoras afro-americanas en la caravana participaron porque su sindicato lucha por los derechos de todos los trabajadores. Entre ellos hay muchos migrantes, y si ellos no tienen garantizados sus derechos laborales y civiles, nadie los puede tener. Además, el hecho de haber sufrido la criminalización y discriminación en carne propia y de vivir, trabajar e ir a la escuela con migrantes y sus familias hace cada vez más difícil creer en la separación artificial que ha fomentado el sistema.

Lamentablemente,  la fragmentación de luchas en esta etapa de la historia de la izquierda en los EEUU ha contribuido al mito de separación de intereses aun cuando la vida misma en sociedad —las múltiples identidades traslapadas de cada persona, familia y comunidad— lo desmiente. Dijo la organizadora principal de la caravana, Alejandra Valle del SEIU: “Hemos visto una lucha por temas de clase, salarios, y prestaciones para trabajadores, pero los temas de justicia racial, justicia para migrantes y justicia ambiental son realmente muy presentes en las vidas de nuestros miembros cada día. Antes de ser trabajador o trabajadora, son migrantes. Antes de ser trabajadores, son seres humanos afro-americanos. Antes de ser trabajadores, son madres y padres, hijos e hijas, amigos y hermanas.” Con la gran excepción de algunos sindicatos como el SEIU, por lo general, la organización de derechos de migrantes va por un lado y de obreros por otro.

También se aceptó en algún momento la mentira de que la política migratoria se trata de seguridad y orden público o principalmente de derechos humanos, y no de política laboral y económica. Esta división falsa abrió la puerta al racismo y una visión sumamente distorsionada del tema.

El primero de mayo en Los Ángeles, culminó la caravana con decenas de miles marchando juntos como resistencia a las políticas de Trump, a favor de los derechos tradicionalmente recordados en esta fecha de la clase obrera y también de los inmigrantes. Podríamos hablar de multisectorialidad, o interseccionalidad, pero estos términos implican categorías separadas que se juntan. Mejor verlo como un fiel reflejo de la vida en una sociedad donde los grupos definidos por el color de su piel o su país de origen o sus creencias tienen sus roces y distancias, pero en donde las realidades compartidas por el 99% superan por mucho los muros que intentan construir entre nosotros.

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