La opción más pura: madres egipcias contra la ablación

Chloe Sharrock

Para la Organización Mundial de la Salud, la mutilación genital femenina “comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”. Aunque a menudo se identifica esta práctica con los países del África subsahariana, parece que surgió en Egipto y más tarde se propagó hacia el sur del continente. Resulta difícil determinar con precisión la fecha de su aparición, aunque papiros datados en el siglo II a.C. ya la mencionan, atestiguando su presencia en la época de los faraones.

A día de hoy, en torno al 90% de las mujeres egipcias de entre 15 y 65 años de edad han sufrido alguna forma de mutilación genital; la práctica está enraizada en lo más profundo del tejido social. A pesar de que ninguno de los textos sagrados menciona la ablación, las comunidades cristianas y musulmanas no se cansan de justificar con argumentos religiosos esta “purificación” –término con el que se califica en árabe a esta práctica–. En 2008, una ley declaró ilegal la ablación aunque, desde entonces, sólo tres profesionales médicos han sido sancionados (y uno de ellos continúa ejerciendo en la actualidad). El peso de las tradiciones y la inestabilidad política parecen obstaculizar la eficacia de una lucha nacional basada en iniciativas concretas.

Este proyecto fotográfico propone dar voz a las mujeres que, desafiando la presión social, han optado por rechazar la mutilación genital femenina. “La opción más pura” consiste en una serie de retratos de mujeres que han sido víctimas de la ablación. Cada una de ellas aparece fotografiada con su hija, a la que se han negado a mutilar, para así dar otro significado a la “purificación”. Lejos de ser las víctimas pasivas que aparecen retratadas con demasiada frecuencia, estas supervivientes han sabido transformar su experiencia en un cambio positivo. Su decisión de no perpetrar más esta práctica, convierte a cada una de estas mujeres en una activista en sí misma.

Irine y Moneka, el-Barsha. Irine sufrió la mutilación genital a los 12 años. Ha tenido seis hijos, dos de los cuales murieron durante el parto. Las consecuencias de la mutilación genital femenina van más allá del trauma psicológico y pueden ocasionar en las víctimas complicaciones obstétricas como hemorragias posparto, desgarros o episiotomías. Además, la tasa de mortalidad de los recién nacidos es más elevada.Foto: Chloe Sharrock

Oum Malek y Malek, Qalanfil. “Es fácil olvidar qué comimos ese día o qué tiempo hizo, pero jamás olvidaremos el trauma, el dolor”. Oum Malek es consciente de las consecuencias a largo plazo que la mutilación genital femenina tiene en su mente y en su vida íntima de casada. “Tantos divorcios son consecuencia de esta práctica bárbara; no podría infligir esta desgracia a mi propia hija”. Desde entonces, ha convencido a otras cinco mujeres de su aldea para que no mutilen a sus hijas.Foto: Chloe Sharrock

Marsa y Barbara-Anna, el-Barsha. Le practicaron la ablación una tarde después de volver de la escuela con su hermana. Marsa sufrió una hemorragia grave que la tuvo en cama durante una semana. Las complicaciones –como infecciones, transmisiones víricas como el VIH o hemorragias a veces mortales– son frecuentes en las zonas rurales, donde la mutilación genital se practica a las mujeres utilizando cuchillos u hojas de afeitar sin esterilizar.Foto: Chloe Sharrock

Do’a y Baheda, Sandibis. Después de asistir a los talleres contra la ablación organizados por una ONG local, Do’a se negó a mutilar a su hija. En Egipto, la religión está profundamente arraigada en el tejido social y los líderes religiosos son muy influyentes en la lucha contra la mutilación genital femenina.Foto: Chloe Sharrock

Doaa y Shahid, Ismailia. A Doaa le practicaron la ablación a los 10 años, durante una gran fiesta organizada por su familia. Tomó conciencia por primera de lo que le había sucedido en la universidad, cuando se atrevió a hablar de ello con otras jóvenes de su edad. Más tarde se casó con un hombre de origen palestino y descubrió que la práctica no está muy extendida en otros países de Oriente Próximo. Sólo la familia de su marido apoyó su decisión de no practicar a su hija la mutilación genital.Foto: Chloe Sharrock

Fayza y Maha, Alexandria. Fayza oyó hablar por primera vez de la ablación en su noche de bodas, cuando se casó a los 14 años con un hombre mucho mayor que ella. Él le señaló la anormalidad de esta práctica y las consecuencias que puede tener en la vida íntima de una pareja. Para Fayza, la nueva generación es la primera que tiene las cartas en la mano para luchar contra la ablación, sobre todo gracias a la libertad de expresión.Foto: Chloe Sharrock

Marina, Yoanna y Febroina, Mallawi. Gracias a la lucha del cura del pueblo, Marina decidió no practicar la ablación a sus hijas. Alrededor de una decena más de mujeres, entre ellas su hermana, decidieron no someter a sus hijas a la ablación. La presión social, unida a la argumentación religiosa son los dos principales baluartes de la lucha contra mutilación genital femenina.Foto: Chloe Sharrock

Maha et Maryam, El Cairo. Maha vivió su ablación como una violación y desarrolló una compleja relación con su propio cuerpo a lo largo de su vida. Durante el parto de Maryam, se negó a ser desnudada o tocada por los médicos, debido al trauma que padecía. El parto acabó siendo por cesárea de emergencia. Maha ha aprendido a amar su cuerpo desde entonces, con la ayuda de talleres de escucha. Ahora organiza campañas de concienciación entre refugiadas sirias en Egipto, para impedir la propagación de la práctica.Foto: Chloe Sharrock

Este artículo ha sido traducido del francés.

Ariane Lavrilleux participó en la realización de este reportaje.

Publicado originalmente en Equal Times

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