Soy de aquí

Keith Dannemiller

Keith Dannemiller nació en Akron, Ohio, EU, el 27 de mayo 1949, donde estudió en escuelas católicas. En 1971 egresó de la Universidad de Vanderbilt con licenciatura en química orgánica y matemáticas. Entre 1973 y 1975, mientras que trabajaba como asistente de investigaciones en bioquímica, estudió fotografía en la Universidad Estatal de San Francisco, California. Publicó sus primeras fotografías en el periódico San Francisco Chronicle. En 1976 se mudo a Austin, Texas, donde trabajó en The Texas Observer, Third Coast Magazine y Texas Monthly. Durante su estancia en Austin, empezó el primero de varios viajes fotográficos al norte de México, especialmente alrededor de Espinazo, Nuevo León. Allá documentó el festival del Niño Fidencio, un santo popular arraigado en la región desde 1920. En 1987 decidió vivir y trabajar en México. Fue asociado de la agencia mexicana Imagenlatina y enviado especial en Palestina durante la Intifada en 1988 y 1989. Actualmente se dedica a la fotografía independiente. Durante su estancia en México ha sido corresponsal de dos agencias con base en Nueva York: Black Star y Saba Press Photos. Ha publicado en revistas en los EEUU y Europa: medios como Time, Newsweek, Business Week, National Geographic, New York Times y Forbes. Ha expuesto sus imágenes en numerosos galerías del país y el extranjero.

Las fotos que ven aquí son resultado de una profunda confusión existencial. Es un ensayo fotográfico que esconde un dilema, que tiene que ver con el hogar, la patria, el desarraigo, la pertenencia y, como consecuencia, con la identidad –tanto colectiva como individual.

En algún momento de mi viaje como fotógrafo tuve la necesidad de mirar mi trabajo fría y objetivamente desde el exterior, de poner en perspectiva lo que había hecho. Pronto me di cuenta de que los temas a los que continuamente volvía en mis fotos también tenían que ver con mis propias preocupaciones espirituales.

Como fotoperiodistas, se nos enseña a sentir curiosidad por el mundo «allá afuera». Y se supone que esa curiosidad debería conducir a narrativas visuales poderosas, producto del acercamiento a los sujetos y de la búsqueda de su esencia como seres humanos.

Lo que uno no aprende en el aula del taller o de sus compañeros en la calle mientras trabaja, es que la muy personal búsqueda de la imagen convincente eventualmente lo llevará de vuelta a sí mismo. Así es como debería ser. Siendo un fotógrafo humanista, esto fue un descubrimiento fundamental para mí. El camino a donde me condujo esa conciencia de la búsqueda personal, y las preguntas que provocó, me obligaron a hacer cambios radicales en la forma en que me acercaba al mundo y mi lugar en él.

Si estaba fotografiando migrantes de Centroamérica o de Haití que anhelaban una nueva vida en Estados Unidos; desplazados internos debido a la violencia del narcotráfico en el estado de Guerrero; «juarochos» regresando de Ciudad Juárez a sus hogares en el estado de Veracruz para tratar de restablecer una vida; o ya fueran mexicanos que habían abandonado su tierra natal y se habían ido a la mía para escapar de las dificultades económicas y políticas, mi atención continua a estos grupos y los temas que encarnaban terminaron por hacerme pensar: ¿Qué dice eso sobre mí y mi lugar en el mundo, frente a mi hogar, mi patria y mi identidad? ¿Qué hay en los asuntos relacionados con el hogar, la patria y la pertenencia que resuenan tan profundamente en mí? El cuestionamiento interior fue intenso, pero al menos ahora tenía un marco del cual partir.

Aunque no fuese igual –ni remotamente– a las complejas luchas de quienes fotografié, indudablemente teníamos puntos en común. Haber dejado Estados Unidos para irme a vivir a México hace 33 años me dio un nuevo hogar, totalmente desconocido. ¿También me había dado una nueva patria? De la misma forma en que los hijos e hijas de los migrantes mexicanos en Wilson, Carolina del Norte, sienten el jale binacional de dos países de origen y dos lealtades, yo he tenido que enfrentar el azoro que puede envolver la vida de un emigrante.

Y aunque fue mi amor por la fotografía y la curiosidad por conocer el mundo a través de él lo que causó mi confusión, afortunadamente fue la propia fotografía la que me mostró la salida. El trabajo que he realizado sobre estos temas recurrentes: hogar, patria, pertenencia, me ha ayudado a comprender que mi existencia no cabe sólo en una patria, sino que ha conquistado dos.

Akron, Ohio; el sur de Estados Unidos; San Francisco, California; Austin, Texas, y mi hogar actual de Ciudad de México son parte de quien soy. Como mi amigo Alfredo Corchado, autor de Homelands dijo acerca de su casa, El Paso, Texas, yo puedo decir sobre la mía, Ciudad de México: “Esta es mi casa, el epicentro de mis patrias”.

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