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“Si hubiera una revolución yo sí le entraba, porque aquí en México la única regla es chingarse al pueblo”: Mercedes Alatorre, migrante en su cuarto intento por entrar a Estados Unidos

Krizna / Desinformémonos

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Foto: Rubén Figueroa

La primera vez que me tuve que ir fue porque a mi mamá le dio una embolia y tuvo que vender su puesto que tenía en el mercado de Jamaica porque ya no teníamos dinero para seguirlo atendiendo. Me fui con dos hermanos, un primo y dos amigos. Tomamos un avión de aquí de la Ciudad de México a Tijuana, contactamos a un coyote que nos cobró 700 dólares por cada uno, y nos dijo que iba a ser fácil la pasada, pero no fue así.

Me llamo Mercedes Alatorre, soy comerciante mexicana, tengo 45 años y me he ido tres veces a Estados unidos como indocumentada.

No sabíamos nada, ni suéteres llevábamos y uno de mis amigos hasta de huaraches iba. Caminamos por cuatro días entre cerros. Una noche llovió, hacía frio y arrancamos ramas y lo que había en los árboles para hacer una fogata”. “A mis hermanos los subieron en una camioneta tipo Van y a mí en otra, poco después me enteré que a ellos los había agarrado la migra”. “Yo me quedé con mi hermana y una amiga, no supe nada de ellos hasta después de tres días nos enteramos que estaban en Tijuana. Los esperamos una semana hasta que pudieron volver a pasar.

Los coyotes siempre separan a los hombres de las mujeres. Recuerdo que estaba nevando y nosotros sin chamarra, si no sabes como es la pasada te va de lo peor. El coyote se hizo responsable de nosotros, nos dejaron en una cafetería y de ahí a Chicago. Llegamos con unos familiares que viven ahí, nos dijeron que ellos nos iban a apoyar, aunque primero te dan una cara y después otra, porque rompes con su privacidad.

Conseguir trabajo no es fácil, te piden papeles como seguro social. Mi familia me prestó para pagar uno, y con ese número te pueden contratar más fácilmente. Trabajé en el barrio mexicano durante tres meses, no sabía ni tomar el camión ni cuánto se tenía que pagar, y mejor me regresé a México. El papá de mis hijos me había amenazado con quitármelos: “o te vienes de una vez o te quedas sin ellos”, me dijo.

Tiempo después tuve un problema muy fuerte con él, me amenazó de muerte y preferí separarme. Mis papás decidieron mandarme de vuelta a Estados Unidos. Esta vez me pasé por San Luis Rio Colorado, fue más fácil porque sólo caminamos dos horas. Los coyotes eran güeros y por eso no nos paró migración. Íbamos en una camioneta un hermano, un primo y cinco personas más, y nos llevaron a una casa de una familia en Phoenix, Arizona.

En Alburquerque nos agarró la migra y nos llevó a la cárcel, nos tomaron las huellas dactilares y hasta en los ojos nos tomaron fotografías. Nos daban las tres comidas, galletas, leche, agua en botella y jabón de baño. Estuvimos como tres días hasta que llenaron un camión y nos llevaron a Ciudad Juárez. Volvimos a cruzar y nos fuimos a Nueva York, el coyote nos dio 20 dólares a cada uno para comprarnos artículos personales y nos consiguieron trabajo. Trabajé en una tienda limpiando nopales, ahí los venden con todo y espinas y a quien me lo pidiera se los limpiaba.

Preferí regresar a Chicago porque me enteré que mi papá y un hermano ya habían rentado un departamento y trabajé en una empresa que se dedica a hacer la limpieza de hoteles en la noche. Ahí me junté con otro migrante y tuve una hija, es ciudadana pero de padres migrantes. Mi embarazo fue de alto riesgo y me la pasé todo el tiempo en el hospital, fue una alegría tenerla, pero me tuve que regresar por lo mismo, por mis hijos.

Luego me reencontré con el papá de mi primera hija, es mi esposo porque me casé a los 16 años con él, pero se fue a trabajar a Estados Unidos y jamás supe nada de él hasta que mi hija cumplió 15 años. Regresó y habló con nosotras y nos prometió conseguirnos la ciudadanía porque él ya la tenía. Nos fuimos a Tecate, recuerdo que había muchos policías y helicópteros porque habían matado a un migrante. Nos fuimos a Agua Prieta, Sonora, porque nadie nos quería pasar y estuvimos más de un mes sin encontrar la manera de pasar al otro lado, hasta que un señor nos conectó con un coyote.

Nos llevó a un lote baldío y nos metió a un huacal de sandias y se esperó hasta que se llenó el camión. Nos tuvimos que cruzar subiendo unos tubos que estaban altos y me consiguieron una escalera para poder pasar, nos escondimos debajo de un puente durante cuatro horas hasta que pasaron por nosotros.“Nos llevaron a una casa, nos bañamos y nos dieron de comer y ropa limpia y nos llevaron a Phoenix, a una casa llena de migrantes, todos estaban sentados uno sobre otro, me recordó el juego de las cebollitas, tenían un altar de la Santa Muerte con mariguana, licor y pistolas.

Al otro día nos llevaron a Las Vegas y de ahí a Houston y nos dejaron en un estacionamiento. Salimos con miedo por la parte trasera y le dije a mi hija que me esperara, caminé por calles hasta que llegué a un taller mecánico, vi que ahí estaban puros afro americanos y le iba a preguntar que si hablaban español pero en eso salió un latino, le conté que éramos migrantes y nos habían abandonado ahí. Él nos ofreció su casa, nos dio de comer y le habló a mi hermana para que fuera por nosotras pero que estaba a cuatro horas de distancia de nosotras, nos dijo que la esperáramos ahí porque no era seguro estar en la calle.

Llegó mi hermana y le dimos las gracias, poca gente te da la mano, espero regresar algún día y agradecerle nuevamente aunque eso nunca se lo podré pagar. Estuvimos cuatro años en Chicago con mi esposo, mi hija terminó su preparatoria pero me volvía a regresar porque mi hija que quedó en México se embarazó y le dio preclancia. En el aeropuerto pensé que no tendría ningún problema, pero llegó migración y me hizo firmar un papel donde me comprometía a no volver a ingresar a Estados Unidos durante diez años o me iban ad encarcelarían diez años.

Mañana cumplo ocho años de haberme regresado, estoy esperando que se resuelva mi estatus migratorio. En enero me llegó un citatorio del consulado americano y fui a Ciudad Juárez, hablé con elCónsul, le conté mi situación y me dijo que todavía no puedo ingresar a Estados Unidos, pero que me faltan sólo dos años para que me den una resolución de la corte. Estoy consciente de que fallé a la ley pero nunca les pedí algún apoyo ni timbres para alimentos, no robé ni vendí drogas, pero si llego a ingresar a Estados Unidos pierdo todo. Es duro para mi esposo porque él ahí está sólo y hace quehaceres que a mí me corresponden.

Los centroamericanos son los que sufren más, les va peor aquí en la frontera entre Guatemala y México, que en la frontera de Estados Unidos. Hace tiempo conocí a un matrimonio de Uruguay, salieron con su bebe enfermo en una balsa, pero se quedaron en el mar sin comida y sin agua, los rodearon los tiburones por varias horas y como no se iban tuvieron que aventarles a su hijo a los tiburones para que se fueran. En Guatemala a ella la violaron junto con su cuñada, a él lo aventaron en unos matorrales en Chiapas y se reencontraron hasta Puebla.

Aquí he trabajado muchos años y no he hecho nada, más que comprarme una pantalla. Se vive con miedo, me han asaltado, me han puesto la pistola en la sien y me ha extorsionado la familia michoacana. Se han perdido los valores, ahora hasta cualquier pendejo te anda plomeando. Cómo extraño las noches que en que podíamos salir a cualquier hora y no nos pasaba nada.

Calderón con su estúpida guerra contra el narco sólo dejó miles de muertos, y ahora su esposa quiere ser presidenta aunque sea familiar de uno de los más pesados del crimen organizado. Yo no sé qué vaya a pasar si ella llega a la presidencia. Si hubiera una revolución yo si le entraba,porque aquí en México la única regla es chingar al pueblo.

Ojala impulsaran la educación de los jóvenes. A mi hija el consulado le manda libros en inglés para que estudie y no se le olvide el inglés, y que les avise si ella necesita atención medica. Valió la pena todo lo que hice por ellos porque todos están estudiando una carrera, uno de médico forense, otra Bióloga y uno estudia electromecánica. Si me hubiera quedado no lo hubiera podido hacer.

La gente crítica y juzga sin saber porque lo hice, me tacharon de perra y de puta por abandonarlos. Me recriminaron porque me fui pero les demostré con papeles que siempre les mandé dinero, les pedí perdón y ahora están conmigo”.

Obama dijo que no iba a hacer deportaciones masivas aunque si siguió deportando migrantes. El día de las votaciones de Estados Unidos no dormí, aunque muro que pretende construir Tromp no me preocupa, porque ya existe en varios lugares de la frontera, ya hay barrotes y alambrado y los coyotes te enseñan como pasarlos.

Mis hermanos y esposo me platican que hay miedo masivo, porque los medios de comunicación eso difunden, dicen que les van a quitar la ciudadanía a los hijos de indocumentados que nacieron en Estados Unidos y por eso la gente tiene pánico. Sólo espero que no me llegue un sobre que diga que me rechazaron mi petición el gobierno. Donald Tromp es contradictorio, se dedica sólo a hablar y hablar, pero el mejor sabio es el tiempo.

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