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“Diez años con un objetivo claro: Justicia por lo ocurrido en Atenco en 2006”: Yolanda Muñoz

Yunuhen Rangel/ Desinformémonos

Resistir es sostener la mirada. Sostener la mirada es abrazar la memoria, tocar sin miedo y reescribir sobre las cicatrices capas de piel adentro. Rehabitar las pieles que somos. Intervenir la propia existencia para resignificar las miradas que nos habitan.
Tras ocho años de la represión en San Salvador Atenco y Texcoco, de las 27 mujeres sobrevivientes de tortura sexual, 12 mantienen una denuncia internacional ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado mexicano.
Mirada sostenida es un proyecto fotográfico de Liliana Zaragoza Cano que plantea un acercamiento a la resignificación individual y colectiva de la propia memoria. Cada una de las mujeres eligió un lugar que durante el proceso de estos seis años le ha sido significativ
o y que volver a él simbolizara una reconciliación con su propia historia.

Foto. Mirada Sostenida

Ciudad de México | Desinformémonos. Soy Yolanda Muñoz, en 2006, en los tribunales yo hice una denuncia con un objetivo claro: La justicia. Justicia por los actos cometidos, en nuestra contra, por el Estado mexicano el 3 y 4 de mayo de 2006 en Atenco y en el Valle de Texcoco, donde nuestros derechos, nuestras garantías fueron violadas.

Luego de 10 años de resistir tenemos que seguir. Hay que alzar la voz, por que eso es lo que hará que cambien las cosas, prueba de ello es que hoy la Corte Interamericana de Derechos Humanos juzgará esos actos y eso es motivo de alegría, de esperanza.

Y es que las mujeres son la fuerza. Las luchas que han dado otras compañeras en este país, en otros países, en el mundo, eso es lo que sostiene la lucha de otras, de nosotras y la nuestra por las otras.

Yo nací hace 57 años en San Miguel de Allende, en Guanajuato, mi vida era muy bonita. Mi familia, por fortuna, contaba con una buena estabilidad económica. El lugar e muy bonito, es un pueblo turístico que además ha mejorado mucho. Por las libertades que en nuestro país, hoy en San Miguel hay mucho gringo y eso, bueno o malo, ha generado que hayan arreglado muchas cosas ahí.

Mi familia es de Guanajuato, mi mamá y mi papá nacieron ahí mismo y toda mi infancia y adolescencia pasó en San Miguel hasta que nos venimos a Texcoco, al estado de México.

Yo llegue ahí como a los 15 o 16 años. Ahí me case muy pronto con un hombre de cerca de Chiconcuac en el mismo estado. Conocí a Gregorio Pomposo Zacate, en la preparatoria en Texcoco y decidimos formar una familia, luego de dos años de casada tuve mi primer hijo y a él le siguieron otros cuatro hombres y una mujer. Hoy el mayor de mis hijos ya tiene 30 años y la menor 25.

Teníamos una vida cómoda, ya que Gregorio era profesor de una escuela pública y de una privada, así que eso nos daba para conservar una buena estabilidad. Yo me dediqué a trabajar en mi hogar, fui ama de casa un buen tiempo y luego decidí poner un negocio de mezclilla en el que me ayudaron sobre todo mis dos hijos mayores, el tercero también un poco. Así la llevábamos bien.

Todo comenzó a cambiar para mí en 1999 en que Gregorio murió repentinamente. Así. Hoy se enferma a las 10 de la mañana y al otro día, casi a la misma hora, muere.

El fracaso me llevó a todo. De un día a otro se enfermó de una cirrosis hepática y murió. Ahí perdí todo.

Hace 17 años, en octubre justamente, que soy viuda y que las cosas cambiaron radicalmente. Todo se cae, mis hijos y mi negocio de mezclilla ayudan a estabilizar, pero aún así es duro el cambio. Tuvieron que dejar de estudiar. Hasta entonces todos estaban en la preparatoria y secundaria, la más pequeña en primero de primaria creo.

Los gastos ya eran otros y a eso se sumo luego todo el proceso que tuvimos que enfrentar después del mayo rojo en Atenco, luego de ser golpeada, detenida de forma arbitraria y presa, siguieron gastos. Cada ocho días tener que ir a firmar y pagar al abogado. Yo no tuve un abogado de organizaciones, como algunas compañeras, el mío era particular y el gasto fuerte. Se me hizo muy difícil.

Ese 2 de mayo de 2006 yo pues iba a trabajar. Pase por esa calle Miguel Negrete y me detienen con mi hijo que entonces tenía 17 años.

La situación fue muy complicada. Estando en esa calle, un grupo de choque se vino hacia nosotros y comienzan los golpe. Fue muy fuerte. Yo sólo veía que volaban palos toletes y otras cosas, así que muchas y muchos retrocedimos. Nos metimos a un negocio de flores, para refugiarnos, mucha gente entró ahí.

Luego me enteré que éramos 207 personas las que nos refugiamos en esa casa de una planta en la que se estableció un negocio de flores. Quien entró ahí ya no salió hasta que fue sacada o sacado por la policía.

Ahí hubo mucha violencia realmente, en la casa golpearon a la mayoría de las personas. Yo perdí a mi hijo cuando arrojaron un gas muy fuerte. No era un gas lacrimógeno normal, era algo mucho más fuerte, lo sé por que lo sentí. Ese gas nos adormeció de un modo muy raro el cuerpo, no dolían los golpes, yo me sentía llorosa adormilada. No sabemos que fue, seguramente un cocktail preparado con varias sustancias, pero hasta ahora no sabemos que.

Luego de un tiempo, cuando volví a ver a mi hijo, me contó que el gas le hizo sentir que se ahogaba y que quería aventase a donde fuera, supongo que ahí lo perdí.

Así nos sacaron a toda esa gente. A mí me metieron al vehículo, el mismo que nos transportaría hasta el penal de Almoloya. Me cubrieron la cara con la misma blusa, fue una mujer, una grandota, lo se por su voz y por que alcanzaba a ver su calzado. Los zapatos que fue lo único que vi mucho tiempo.

La mujer me levantó y me empieza a quitar todo lo que llevaba, mis anillos y todo lo que traía. Yo iba a trabajar, entonces yo cargaba mis cuentas, anillos, una esclava, mi celular, todo eso me lo quitaron. Luego oí la voz de un hombre de que le dijo: Pásala para atrás.

Hasta después supe que iba en un camión amarillo con policías hombres y mujeres y con unas seis personas más.

Ahí también hubo abusos, golpes, todo lo que nos dijeron e hicieron era con saña, con groserías, con alevosía.

Había golpes si no contestábamos alguna pregunta que nos repetían y repetían. Te hacían decir chistes y se burlaban. Eran hombres de mujeres policías, calculo que al menos unos diez.

En el mismo camión iba el compañero Lucio y Cristina. A él lo hacían decir chistes y si no contaba le pegaban. Ella mejor se ofrecía a contarlo.

Hacían juegos, yo era el numero cinco, me acuerdo. Me pusieron hacer un juego con una granada, era de plástico, la debía detener de rodillas y se amenazaban: Si no, vas a ver.

Así fue todo el trayecto. Hubo violaciones.

Al lado de mi iba una chica de unos 18 años a la que hicieron tener relaciones sexuales. Contra mi hubo tocamientos, pellizcos, golpes, incluso mordidas y muchísima ofensa.

Nuevamente me pidieron levantar las manos y cuando lo hice un anillo con el que llevaba muchos años brilló en mi mano, el policía que me tenía lo vio, me dijo que me lo quitara, se lo entregue y el se alejo con el anillo. Creo que eso me ayudó a quitarme al policía de encima por que una vez que se lo entregue se alejó.

Aún siguieron las groserías, los golpes, las ironías y el hostigamiento el resto del trayecto. Preguntaban ¿Quién eres tú?, lo hacían muchas veces, ya sabían quiénes éramos y aún así, al responder nos daban toletazos, patadas o lo que fuera.

Ya cuando llegamos a Almoloya, en la aduana nuevamente hubo golpes, burlas y amenazas de que pasaríamos ahí unos 40 años. Muchos dicen ya adentró hubo más golpes. A mi no me volvieron a tocar ya. Yo por fortuna solo estuve 12 días encarcelada y luego mi familia pudo sacarme.

Todo cambió, aún más, a partir de entonces. Todo se truncó en la vida. Mis hijos a trabajar y sin escuela, o con muchos trabajos.

Fueron cinco años muy fuertes y desgastantes en el proceso. Cada viaje para firmar y continuar el proceso me salía arriba de mil pesos a veces mil quinientos por día, entre todos los gastos, más lo emocional.

La paz de la familia se acaba. La inseguridad es mucha. El miedo siempre esta latente pero la lucha sigue. No sé bien a que le tengo miedo, es que aunque se manejan los miedos, todo lo que te pasa te deja secuelas. Cada que alguien me pregunta, cada declaración, cada repetición ha sido desgastante.

Tratas de sacar todo lo que llevas dentro pero siempre hay algo que queda. Dicen que no hay mayor testimonio que lo que vives y hoy, después de diez años sigo contando la historia igual, la revivo, lo tengo presente, olvido detalles, pero todo lo sé.

Es muy decepcionante que en un sistema que dice que nos protege sea justo lo contrario.

Aún así, hay que seguir. Hoy hay una buena noticia, que luego de muchos años, de agotar las instancias nacionales, un organismo internacional reconoció el abuso que vivimos ahí muchas personas, entre ellas, 11 mujeres que decidimos denunciar. Hoy será juzgado el gobierno por la Corte Interamericana.

Es una buena noticia en el camino que hace mucho emprendí en el penal, cuando decidí denunciar y continuar con el un objetivo claro: la justicia.

Estoy contenta, me da esperanza.

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