El doble rasero de Bono, cantante de U2

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A mediados de octubre se publica un libro devastador para los fans del cantante de U2, Paul Hewson, más conocido como Bono. El texto lo firma Harry Browne, reconocido periodista asentado en Irlanda, y el volumen promete ser un retrato devastador de la política y filantropía que esconde este músico con ínfulas de solidario.

Con un patrimonio estimado en 500 millones de dólares, Bono es un miembro de la élite financiera, habitual de los aviones privados. Dicho de otra forma: es un miembro destacado del 1% más rico del planeta, que no despierta recelos entre sus compañeros de clase alta. De hecho, en el año 2005 fue considerado para el puesto de director del Banco Mundial.

Bono es de los que no le gusta donar su propio dinero, prefiere usar su fama para recaudar. Los principales mecenas de sus iniciativas son Bill y Melinda Gates (sí, el de Microsoft), colaboradores habituales de la multinacional Monsanto, que sostiene que se puede acabar con el hambre en los países pobres usando semillas transgénicas patentadas. El prestigioso periodista indio Palagummi Sainath ha demostrado que el modelo de desarrollo de Monsanto ha llevado al endeudamiento extremo a los agricultores pobres de su país. En uno de sus trabajos documenta 270 mil 940 suicidios entre 1995 y 2011. En vez de fomentar políticas contra la desigualdad, Bono sigue apoyando estos “nuevos descubrimientos científicos que incrementan la productividad”.

Bono ha destacado por su implicación en las campañas contra la expansión del SIDA en África. Un causa urgente y legítima, donde ha hecho extraños compañeros de viaje. Sobre el 2001, convenció a George Bush Jr. y la extrema derecha religiosa estadounidense para financiar la compra masiva de retrovirales. El problema es que estas organizaciones impusieron su agenda moral al proyecto.

Así describía el New York Times la apropiación por parte de los republicanos: “Randall Tobias, el enviado de Bush, exigió que un tercio de los fondos se destinaran a programas para fomentar la abstinencia y fidelidad sexual, restringió el reparto de condones y exigió que los beneficiados mostrasen rechazo a la prostitución”. Un editorial del periódico conservador The Economist describió la campaña como “mucha moralina, poco sentido común”.

Bono ha sido el rostro visible de varios proyectos de caridad en favor de África, especialmente en los conciertos Live8 de 2005. La iniciativa apenas tuvo impacto real en el continente, pero sí enormes beneficios publicitarios para políticos asociados al proyecto como George Bush Jr. y Tony Blair.

Entre las empresas que financiaron los macroconciertos destaca Nestlé, acusada por organizaciones africanas de explotar la epidemia del SIDA para vender leche en polvo a madres seropositivas. También puso dinero la corporación minera Río Tinto, responsable de un largo historial de violación de derechos humanos en el sur global (empezando por su colaboración con el franquismo). Otro socio cuestionable de Live8 fue BAE Systems, el mayor fabricante de armas del Reino Unido, beneficiario directo de muchos conflictos armados en el continente. El economista senegalés Demba Moussa Dembélé explica su decepción con el cantante: “Los desafíos del milenio de George Bush Jr., públicamente apoyados por Bono y Bob Geldof, subordinaron de manera explícita la ayuda económica estadounidense a la cooperación en la llamada Guerra Contra el Terror”.

Varias declaraciones públicas de Bono son claramente probélicas y proimperialistas: “George Bush Jr. tiene todo el derecho del mundo a asustar a Saddam Husseim”, dijo sobre la segunda invasión de Iraq, donde murieron miles de civiles. “La seguridad de los marines es prioritaria”, comentó para justificar la ejecución extralegal de Osama bin Laden. Browne acusa al cantante de “complemento de moda de los poderosos” y “lavar la cara del imperialismo internacional”.

De estas perlas y otras, se sabrán el 14 de octubre cuando se publique el libro, que seguramente, enfurecerá a los fans de la banda irlandesa. Ni modo, hay que saber que se esconde detrás de esas gafas traslúcidas.

Con información de El Confidencial

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