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Chile: una rebelión de la memoria

Oleg Yasinsky

Pasó en un país ubicado entre el océano Pacifico y la Cordillera de los Andes. País dormido o soñado, un territorio de una historia telúrica como pocas y cuya geografía lo hace parecido a una cicatriz en el cuerpo de América o a un obelisco sobre sus muertos que mantienen viva su esperanza. Pasó en Chile.

Como tantas otras veces, un gobierno de turno, ignorante y soberbio trató de enterrar la historia que desnuda sus raíces. Un poder electo por la desunión e ignorancia popular una vez mas se creyó todopoderoso. Su presidente farsante Sebastián Piñera nombró como su ministro de cultura a Mauricio Rojas, personaje quien aparte de inventar su pasado presentándose como luchador contra la dictadura de Pinochet – una falacia probada y desmentida – opinó que hablando del Museo de la Memoria y Derechos Humanos “se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”.

Y Chile le dijo que no.

Aparte del boicot inmediatamente declarado al ministro y su ministerio por el poeta Raúl Zurita y los mejores artistas del país, a las voces de la indignación se sumaron todas las fuerzas sociales vivas del país, provocando la renuncia de Rojas que duró en su cargo no más de 90 horas y sin que le hayan servido las ridículas disculpas y explicaciones que “ya cambió su opinión”.

A pesar de la renuncia del ministro dos días antes, la convocatoria del desagravio de sus dichos en el Museo de la Memoria el 15 de agosto reunió entre 15 y 20 mil personas, donde una gran mayoría pertenece a las generaciones nacidas después de la dictadura de Pinochet.

La idea del gran encuentro artístico y cultural se puede sintetizar con la frase que la memoria no es algo que el país necesita, la memoria es el país. Recordar viene del latín “re-cordaris” que significa “volver a pasar por el corazón”. La guerra de la memoria contra el olvido sigue.

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