Arantepacua: la traición a un pueblo

Verónica Velázquez / Diana Manrique

foto: Verónica A. Velázquez, Diana Manrique  y Comunidad P’urhépecha Michoacán-México 

 

“Nuevamente es sangre indígena la que se derrama. Nuevamente el Estado es el que dispara. Nuevamente es la traición gubernamental al diálogo. Y nuevamente es el pueblo el que pone el cuerpo, con una clara y firme participación de las mujeres”: Gloria Muñoz Ramírez / Los de abajo 

Ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, personas no localizadas, uso excesivo de la fuerza pública, allanamiento de viviendas,  es por el momento el saldo del terrorismo de Estado que se manifestó en Arantepacua.  Comunidad indígena perteneciente al municipio de Nahuatzen, en la Meseta Purépecha de Michoacán al Occidente de México, desde hace tiempo vive un conflicto territorial con la comunidad vecina de Capácuaro. Las autoridades han sido incapaces de resolverlo, por el contrario, su intervención ha sido criminal e irresponsable.  Tras un operativo fallido, la violencia de Estado enlutó a la comunidad dejando cuatro muertos, dos de ellos estudiantes y un menor de edad, una docena de heridos y medio centenar de indígenas detenidos.

Martes 4 abril

Con motivo del conflicto agrario,  durante los últimos dos meses las autoridades estatales de Michoacán “establecieron” mesas de diálogo entre comuneros de Capácuaro y de Arantepacua. Sin embargo, el martes 4 de abril, cuando se realizaba la mesa de negociación correspondiente, fueron detenidos 38 comuneros de Arantepacua quienes pretendían llegar a Morelia para apoyar a sus compañeros y manifestar sus demandas. Fueron detenidos bajo el argumento de que habían obstruido las vías de comunicación y que el autobús en el que viajaban supuestamente tenía un reporte de robo.

Miércoles 5 abril

Ante la detención de sus compañeros, los habitantes de la comunidad indígena se organizaron y como forma de protesta bloquearon la carretera Arantepacua-Nahuatzen y retuvieron algunos vehículos de carga de mercancía para exigir la liberación de sus compañeros. Este fue el hecho que desquició a Silvano Aureoles,  gobernador michoacano, lo puso fuera de control, razón por la cual montó un magno operativo por aire y tierra para liberar la carretera y los vehículos de carga, porque antes que la integridad de las personas, para el narco-estado están las mercancías.

Aproximadamente unos 400 agentes estatales en casi 80 unidades, dos helicópteros de la Secretaría de Seguridad Pública y un vehículo blindado arribaron a Arantepacua el 5 de abril. Los elementos de seguridad estatal dieron persecución a mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos quienes intentaron defenderse con piedras, palos, machetes y cohetones, pero los cuerpos policiacos los superaban por mucho en número y en armamento y al ser una policía que no está debidamente capacitada para contener, tomaron la ofensiva como una provocación y entonces,  tiraron a matar. El saldo: cuatro muertos, dos fallecidos en el lugar, y dos más tarde mientras recibían atención médica, además, otros diez detenidos durante el enfrentamiento.

Quienes fueron asesinados son: Luis Gustavo Hernández Cohenete de 16 años, estudiante de cuarto semestre del Colegio de Bachilleres. Luis Gustavo murió portando el uniforme de la escuela mientras trataba de huir de los disparos, pero lo alcanzaron una bala en el torso y dos en la frente.  Así lo describe Verónica A. Velázquez en una foto de la que es autora: “El rostro de la tristeza y la desesperanza. Un joven de Arantepacua Michoacán carga el ataúd de Luis Gustavo que un día antes preparaba su participación en el torneo de fútbol del bachillerato y tenía una cita para un corte de cabello en una estética de la comunidad vecina. Mientras iba por el camino se topó con los granaderos e intentó correr, luego su cuerpo fue encontrado golpeado y con tres impactos de bala. Sus vecinos platican que era alegre, deportista, catequista y buen amigo. Luis no jugará más, el viernes 7 de abril lo enterraron con sus tenis y sus libretas”. 

Un segundo joven asesinado es José Carlos Jiménez Crisóstomo, de 25 años, estudiante del octavo semestre de la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y  ex-morador de la Casa del Estudiante 2 de Octubre.

La tercera persona asesinada es el comunero Francisco Jiménez, de  aproximadamente 70 años de edad, quien quedó tendido en el piso con el pecho ensangrentado a consecuencia de los impactos de bala, a un lado de su cuerpo, se encontraba un machete con el que se corta caña para pretender persuadir o defenderse, pero no podía competir contra las armas de fuego.

Por último, la mañana del viernes 7 falleció Crisanto de 39 años de edad, quien se encontraba hospitalizado porque tenía heridas de bala en el cuerpo.

Fragmento del texto de Manuel Vega Zúñiga, miembro de la Coordinadora Socialista Revolucionaria
e integrante de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos

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