La Europa social se reconstruye desde las cenizas de la crisis

Daniele Fini Fotos: Brainbitch

Frankfurt, Alemania. Debido a las afectaciones económicas y sociales que causan las políticas de ajuste europeas, miles de personas de todas partes del continente llegaron a Frankfurt para protestar directamente en el corazón de la Europa financiera y construir una movilización internacional común en el continente.

“Los programas de empobrecimiento y privatización, impuestos desde hace década a los países del sur del mundo, llegaron a Europa”, se lee en la convocatoria a la jornada, difundida por organizaciones sociales y sindicatos alemanes que participan en la red Blockupy Frankfurt.

La crisis que desde 2008 padecemos en muchos países europeos no sólo trae desempleo y pobreza, sino que es usada por los gobiernos nacionales y los poderes europeos para desarrollar reformas de austeridad que privatizan bienes comunes y recortan servicios sociales y derechos.

En países como Italia o España se alcanzó en 2013 un promedio de 40 por ciento de jóvenes sin empleo, y se registra un nuevo fenómeno de emigración masiva que tiene como protagonistas a jóvenes con alta formación profesional; sube el número de familias en la pobreza y cada semana en Italia hay alguien que se suicida por la crisis, tanto trabajadores despedidos como pequeños empresarios con dificultades económicas.

Los grandes poderes político-financieros no sólo generaron esta crisis y el empobrecimiento, sino que la utilizan para aumentar la desigualdad social y la redistribución de la riqueza a favor de los grandes bancos y las trasnacionales. Los países como Italia, Grecia o España, a través del chantaje de la deuda externa, reciebn paquetes de reformas por parte de la llamada troika: El Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los gobiernos nacionales, en complicidad con estos poderes supranacionales, impulsan políticas de austeridad que destruyen no sólo el estado social y los bienes comunes, sino también los espacios de democracia y de participación.

En muchos movimientos sociales europeos crece cada día la conciencia de que para frenar la austeridad y las políticas neoliberales ya no bastan las luchas a nivel nacional, sino que hay que construir movilizaciones y caminos comunes a nivel europeo.

Desde Italia se organizó una coalición de Centros Sociales para participar unidos en las movilizaciones. Para la construcción de la coalición se experimentó una nueva herramienta organizativa: un mes antes, se realizó una asamblea web a través del portal Global Project en la que participaron 28 centros sociales de todo el país. De la coalición formada salieron 200 activistas para las manifestaciones de Frankfurt, a las que llegaron activistas de Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, España y Eslovenia.

El 31 de mayo y 1 de junio se realizó en Frankfurt, Alemania, la jornada de movilización internacional contra las políticas europeas que imponen la austeridad en este continente. Es el segundo año que miles de personas de diversos países se encuentran esta ciudad, sede del centro financiero europeo, no sólo para protestar sino también para construir un camino común de los movimientos sociales para frenar a la Europa de los bancos y del capital.

Movilizaciones y solidaridad internacional

El viernes 31 de mayo se realizó un bloqueo al Banco Central Europeo y a la zona financiera. Los manifestantes salieron en grupos desde sus campamentos hacia el centro de la ciudad, utilizando una estrategia que los movimientos sociales del norte de Europa llaman “los dedos”: se crean grupos de afinidad entre los manifestantes, que actúan como si fueran los dedos de una mano, cada quien en formas y lugares diferentes pero dentro de una misma coordinación. De esta manera, los manifestantes se reparten en varios grupos y la policía no puede actuar como lo hace para detener una marcha única.

A las siete de la mañana, 3 mil manifestantes divididos en seis grupos distintos alcanzaron y cercaron el rascacielos Eurotower, sede del Banco Central Europeo, defendido por barreras y decenas de policías. Por varias horas, los manifestantes lograron bloquear todas las calles que llegan a la sede del banco, impidiendo la entrada a los mil 500 trabajadores; además, diversos bancos de los alrededores no lograron iniciar sus actividades. Como señala Bípedo Caccia, activista italiano, no se trató de una protesta simbólica, sino que realmente se logró paralizar por un día al corazón pulsante de la gran Europa financiera.

Después de la acción contra el BCE, los manifestantes marcharon por las calles comerciales de la ciudad bloqueando grandes cadenas y tiendas. Los activistas italianos cerraron la entrada de la tienda de Benetton, empresa cómplice de la masacre de mil 500 trabajadores en Bangladesh en abril. Tiendas de esta marca fueron condenadas anteriormente en varias ciudades italianas.

El sábado 1 de junio se realizó la marcha internacional, autorizada por la policía, que debió llegar a la sede del Banco Central. Estuvieron presentes 30 mil personas de organizaciones y procedencias políticas muy distintas. La coalición italiana se localizó en el llamado “bloque anticapitalista”, la parte más radical, donde hubo cerca de 2 mil personas, sobre todo jóvenes, de varios países. Apenas empezada la marcha, decenas de policías intervinieron para cercar al bloque anticapitalista y detener a personas que, según ellos, fueron disfrazadas y armadas. Fue una mera provocación. Los disfraces eran en realidad mascaras antigás para defenderse de las sustancias urticantes que la policía utilizó el día anterior. Las supuestas armas eran en realidad los book-block, una herramienta de manifestación inventada por los estudiantes italianos que “contaminó” el imaginario de muchos activistas en toda Europa y que llegó por primera vez a Alemania. Los book-block son grandes libros, hechos con cartón y plástico, que los estudiantes italianos usan como si fueran escudos para defenderse de la policía durante las manifestaciones contra las políticas privatizadoras.

La manifestación entera se detuvo en solidaridad con el bloque anticapitalista. Los activistas estuvieron cercados por seis horas sin rendirse. Algunos diputados solidarios intentaron mediar con los policías, quienes echaron tanto a los políticos como a los periodistas para luego comenzar las detenciones de manifestantes. Casi al instante, en las ciudades italianas de Venecia y Nápoles otros activistas protestaron frente a los consulados alemanes para reclamar la libertad de los detenidos en Frankfurt.

El político Beppe Caccia escribió en GlobalProject que la detención fue una operación lentísima porque eran centenares de personas a detener y porque muchos de los activistas resistieron pasiva y activamente. Fue “una operación que cubrió de ridículo a la policía federal y de vergüenza a quien tiene la responsabilidad política de guiarla. Una operación además inútil, puesto que todos los manifestantes detenidos, a los cuales se les prohibió acudir al centro histórico de Frankfurt, fueron liberados”, acusa Caccia. Agrega que muchos de esos activistas liberados participaron en una marcha no autorizada que en la noche llegó a la estación de ferrocarril. “Finalmente se volvieron a encontrar en asamblea en el campamento de Redstock”, agrega.

El político italianos considera que “a reacción colectiva a la estupidez policiaca del gobierno de Angela Merkel demostró la existencia de un espacio social y político de muchos y diferentes, que ya expresa otra Europa en camino”. Caccia señala que esta nueva alianza social está decidida a reconstituirse en los conflictos “a partir de los escombros dejados por las oligarquías económicas e institucionales que han gobernado al continente en los últimos años”.

Esta es la apuesta de los movimientos sociales: Lograr caminar entre muchos y diferentes, ligando las luchas y experiencias territoriales con la construcción de otra Europa que ya no sea la de los bancos y de la austeridad, sino una Europa social que ponga en el centro los derechos de todos y la redistribución de la riqueza.

Publicado el 10 de junio de 2013.

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