4 de agosto de 2014
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Organizando la rabia y defendiendo la alegría en Buenos Aires

Artistas, profesores y amigos de la Sala Alberdi se organizan para enfrentar el desalojo encubierto y la privatización integral del Centro Cultural General San Martín.

Nadia Sol Caramella
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La sala: el teatro de la autogestión

Buenos Aires, Argentina. Sarmiento 1551, 6º piso, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Puertas cerradas. Atrás de las puertas el telón abierto de par en par: un escenario obsceno, aniquilado ante el espectador que no es otra cosa que un eco anclado en el silencio de la sala apenas iluminada. Las butacas vacías. Algunas sombras se pierden en la oscuridad del fondo. Olor a madera noble, sabia. Buena madera. La pareja de pianos es una foto melancólica apostada en el escenario. Demasiada ausencia para un teatro. Las voces se hacen escuchar desde afuera: “….la Sala Alberdi resiste, resiste”, y esas palabras son el látigo que los despabila, un poco. Murmullos: unos cuantos tejen el plan de esa resistencia. Otros, ajenos, desfilan por los pasillos: ruido de cascos y bastones. Cuerpos alquilados por el Estado para vigilar y castigar.

La Sala Alberdi resiste el desalojo, tras dos años y medio de toma y autogestión cultural: “El tipo de organización horizontal que nosotros tenemos hace que este espacio sea verdaderamente público”. Del otro lado: el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con sus políticas mercantilistas y neoliberales que atentan contra la cultura popular.

Allá por el 2010, talleristas, alumnos y amigos de la Sala decidieron tomar el espacio para salvarlo del vaciamiento y la privatización integral del Centro Cultural San Martín que desde hace tiempo viene realizando el macrismo: “Hace un par de años, el Banco Interamericano de Desarrollo bajó 97 millones de dólares para las remodelaciones del Centro Cultural. Obviamente se los comieron, las remodelaciones no se terminaron. Hay mucha plata de fondo, mucho negociado: la privatización encubierta del Centro Cultural. Ellos alquilan las salas a empresas privadas, dan concesiones. Aumentan los aranceles de cursos, talleres y las entradas de los espectáculos.  Vacían tanto el contenido como la cantidad: del 2011 a la fecha bajaron un 80% los talleres del centro, de 400 espectáculos al año pasaron a 100. El edificio se cae a pedazos, no tiene gas, no tiene agua potable, las instalaciones eléctricas están en mal estado”.

Frente a esto, artistas y trabajadores de la Sala Alberdi, organizados en asambleas y comisiones de trabajo, lograron mantener una abultada programación de ciclos, espectáculos semanales y talleres a la gorra. Con el correr de los días este espacio de autogestión se convirtió en “el teatro de los que no tienen teatro” y en un ejemplo de trabajo colectivo y organización sin jerarquías ni patrones.

Los de arriba: presos culturales

 

Lo de ellos fue de improvisto. Están encerrados hace 19 días.

Foto: un pibe saca una bandera blanca por la ventana del 6° piso, sobre la tela dos palabras: SIN AGUA. Negro sobre fondo blanco, las letras son incisivas, aniquilan cualquier duda.

Así resisten la toma, encerrados, sin agua, sin comida, sin baños. Sus compañeros tienen que proveerles mediante vías alternativas agua, comida y medicamentos. Pero no faltó la vez en que una mano cobarde cortó la soga que les haría llegar una canasta con provisiones.

Estos pibes son presos de una cultura en venta. Resisten el desalojo con el cuerpo, exponiéndose a lo inhumano, a la represión del gobierno de turno. Ahí pegaditos, oliéndoles los pasos, el “ejercito” de la metropolitana y unos cuantos patovicas sin identificación hacen el trabajo sucio: vigilar y hostigar. Los de abajo todos los días intentan negociar para llevarles a sus compañeros lo necesario por vías “oficiales”, pero no hay acuerdo. La metropolitana se propone como filtro, quieren ser ellos y no otros, los que alcancen la comida. ¿Acaso alguien tomaría o comería de esa mano que los encierra y los trata como delincuentes?

Rewind: 2 de enero. La dirección del Centro Cultural General San Martín (CCGSM) niega el ingreso a la Sala Alberdi, argumentando que el Centro estará cerrado por vacaciones. Pero la Sala Alberdi no depende de la dirección del CCGSM, sino de la Dirección General de Enseñanza Artística (DGEArt), por lo que tienen derecho a acceder libremente al edificio, al igual que aquellos que concurren a espacios de otras dependencias (la radio y la televisión, por ejemplo) que siguen funcionando con normalidad.

Docentes y artistas deciden quedarse a resistir en el 6º piso para frenar el intento de desalojo encubierto. Unos cuantos patovicas y la metropolitana impiden el ingreso y apuestan al desgaste de los que permanecen arriba.

4 de enero. Tras una decisión en asamblea, artistas, profesores y alumnos de la Sala realizan un festival. Mientras se desarrolla la jornada cultural padecen reiterados actos de violencia por parte de los patovicas de Hernán Lombardi. Por esta razón deciden destrabar la reja y montar un acampe sobre la Plaza Seca para exigir la desmilitarización del Centro y el libre acceso a la Sala.

 

Los de abajo: el Acampe Cultural

El edificio se alza imponente bajo el cielo de enero. El sol evidencia los años de abandono y desinversión: un gigante herido. A un costado, sobre la Plaza Seca, 60 carpas velan por el bienestar de los de arriba. Los pibes saben muy bien que su estadía en ese acampe incómodo no es sólo una forma de resistencia, sino también una garantía de la integridad física de sus compañeros.

Porque el arte resiste desde el arte, todos los días se realizan talleres de  tango, teatro, defensa personal, stencil, guitarra, malabares, charlas-debate, proyecciones y festivales permanentes con escenarios improvisados, algunos en el acampe, otros sobre las calles Corrientes y Callao. La cartelera de la Sala Alberdi no tiene nada que envidiarle a la revista porteña. Ya han pasado muchos artistas independientes (poetas, actores, cantautores)  y también artistas reconocidos de la talla de Bruno Arias, Javier Calamaro y Vox Dei. Cada día de acampe se vive en un ambiente de alegría, pero también de compromiso y de lucha. Se renuevan las propuestas y los debates. Las asambleas diarias y abiertas permiten que se decidan los pasos a seguir, de manera horizontal y colectiva, como debe ser al momento de crear una nueva lógica para un arte anti-mercantilista.

“Organizar la rabia, defender la alegría” reza un mural colorido en la entrada del Acampe Cultural. Ellos se organizan y de manera pacífica siguen adelante. Pero no faltan las persecuciones, la vigilancia constante de la fuerza pública,  ni las agresiones en manos de grupos parapoliciales.

Durante la jornada cultural del domingo 13 de enero, una de las asambleístas del acampe fue perseguida durante dos horas por la metropolitana, y a las 22 hs. del mismo día, integrantes de la Agrupación Horizonte de Libertad, que vienen solidarizándose activamente con el acampe, fueron agredidos en la esquina de Montevideo y Perón por diez matones armados con palos. El 17 de enero, a las 14 hs., uno de los artistas de la Sala fue interceptado por un auto con vidrios polarizados; los ocupantes del auto, vestidos de civil, se identificaron como policías. Lo metieron adentro para una supuesta averiguación de antecedentes. Luego lo llevaron a la sede central de la Policía Federal, a tres cuadras del CCGSM, donde lo privaron de su libertad durante tres horas.

Juegan al juego del miedo sólo como ellos saben.

 

Los responsables: el buen neoliberal

 

Mauricio Macri: (nacido en 1959) político, empresario, dirigente deportivo e ingeniero civil, líder del PRO (Propuesta Republicana). Actual Jefe de Gobierno de la Ciudad.

Alguna vez anunció que el CCGSM seria el nuevo ícono de la Ciudad. Ahora no sabe, no contesta, no aparece.

Hernán Lombardi: (nacido en 1960) ingeniero civil, empresario y político. Con un grado en Ingeniería y posgrados en manejo de marketing y en economía. Actual ministro de Cultura de GCBA.

Habló. Pero fue necesario ir a buscarlo a su trabajo. El 10 de enero a las 18.30, tras una convocante marcha al ministerio de Cultura, Lombardi recibe a los pibes de la Sala. ¿Y qué pasó? Este funcionario público dio muestras claras de que al gobierno de la ciudad no le interesa el dialogo Ni reconoce el trabajo autogestivo de la Sala Alberdi, rechazando y deslegitimando a la cultura popular, con dichos como: “si le pasa algo a los que están en la sala es culpa de ustedes. Yo a lo sumo tengo responsabilidad política y no me importa”; “Si sus compañeros quieren baños, que salgan de la Sala”.

Gabriela Ricardes: Amplia formación teatral (Escuela Municipal de Arte Dramático, Escuela de Formación Escénica de Buenos Aires) y coreográfica (Nikolais and Louis Dance School, Alvin Aley School, Leslie Dance Studio). Actual directora del CCGSM.

Igual que Macri, no sabe, no contesta, no aparece. Según cuenta Nico, uno de los asambleístas de la Sala Alberdi: “Desde que Gabriela Ricades asumió, se nos vino con los tapones de punta. Empezó con amenazas de desalojo, a sugerirnos que tengamos cuidado porque estábamos en un lugar con muchas maderas y que era peligroso. Cerró las rejas de la entrada a las ocho de la noche para obstaculizar nuestras actividades. Puso cámaras de seguridad, un mecanismo de control que viola la privacidad en tu espacio de trabajo”.

Fabián Carrizo: jefe de seguridad de los patovas, emisario de Lombardi y compañía.  No habla, pero tiene buen manejo de expresión corporal. Mete miedo. Hace bien su trabajo. Empleado del mes.

Los otros: policía metropolitana, policía federal, infantería y el resto de los patovicas (no identificados).

La resistencia: Abrazando la oscuridad

Foto: Las clavas de malabares apuntan al cielo, parecen balas de colores. “El arte es un arma cargada de futuro”. Empieza a caer la noche sobre calle Corrientes, el obelisco asoma de fondo como una mentira obvia. El asfalto está caliente. “Tu no tienes la culpa mi amor de que el mundo sea tan feo”. El escenario ya está armado en la entrada al Teatro San Martín. Bruno Arias se cuelga la guitarra y le regala unos carnavalitos a la resistencia. La calle colmada, son todos y cualquiera a la vez, muchos se enteran ahí mismo de lo que está pasando. Conmovidos, se quedan, bailan y firman el petitorio para que se reconozca la autonomía de la Sala. El carnavalito termina por explotar la emoción de muchos, todos de pie, un trencito de personas baila y cruza la calle. La noche se aferra a ese ritmo con alegría.

Foto: Marcha al Ministerio de Cultura. Calle Corrientes a la altura del Teatro San Martín. Un sol recalcitrante quema los cuerpos. Esos pibes son pura presencia, tienen amor en las venas, en cada músculo, pero no es un amor abultado, pomposo y anticuado, es un amor simple, es ese amor que habla de la libertad. Por eso combaten desde donde saben.  El arte se muestra como la única alternativa posible. Una performance sobre el asfalto. Pibas y pibes vestidos de negro, uno de ellos se distingue por una gorra de policía y un tipo de traje con una máscara de mono comienza su acto demagógico. Los de negro arremeten contra los manifestantes -logran reproducir esa relación hostil que mantienen con el gobierno de la ciudad-. Ruido de tiros, los manifestantes caen al piso, parecen estar muertos, atrás una carpa azul vigila la escena. Cuando por fin los villanos se sienten realizados por este acto cruel, deciden desentenderse de esos cuerpos. Pero como en una película de muertos vivos, los pibes se ponen de pie, van por venganza y con la mirada puesta en el futuro, cantan y bailan el haka de la Sala:  “….la Sala Alberdi resiste, resiste”.

Foto: De regreso al acampe, luego de marchar al Ministerio de Cultura, una columna de  pibes y pibas con narices de payaso saludan desde la vereda al gigante herido. Entre las sombras de la noche, el gigante escupe brazos y manos: los de arriba saludan a sus compañeros. Desde la vereda uno voz grita “¡los amamos!”. Los de abajo apuntan al cielo y en la mímica de un abrazo quiebran la distancia. ¿Qué sabrán Macri, Lombardi y Ricardes de esos abrazos en la oscuridad?

Publicado el 04 de febrero de 2013



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