Queremos devolver la hospitalidad y los cuidados a los zapatistas: colectivos de Galicia

Colectivos de Galicia

Foto: Reforestación en el bosque de Froxán – 15-15-15

La lucha zapatista ha sido una inspiración para nosotros en muchos sentidos, pues pensamos que si en contextos de violencia directa y estructural como los de Chiapas o Kurdistán, han podido construir sistemas de buen gobierno como los Caracoles y los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ), también en nuestras realidades podemos avanzar hacia el autogobierno comunitario, trascendiendo a las instituciones del mal gobierno.

Para recibir a la delegación zapatista se conformó una asamblea integrada por decenas de colectivos quienes se están organizando en toda Galicia. Creemos que esta es una forma de devolver y agradecer la hospitalidad y los cuidados que las visitantes de otras partes del mundo han recibido cuando han sido acogidas en las comunidades zapatistas. Su llegada ha generado mucha expectativa, incluso entre los medios de comunicación convencionales.

Somos parte de una pequeña comunidad rural llamada Froxán, una de los miles de aldeas o “lugares” que forman la nación de Galicia, en el noroeste de la península ibérica. Como tantas otras, Froxán es una aldea que vive rodeada de sus tierras comunales, que aquí se llaman montes “en mano común”, por estar en manos de las personas que viven en cada una de las casas de la comunidad y que son similares a los ejidos de México.

En Galicia hay más de tres mil comunidades con tierras “en mano común” que representan al día de hoy un cuarto de nuestro territorio (unos 30 mil kilómetros cuadrados), aunque en el pasado esta extensión fue mucho mayor, y se ha reducido drásticamente durante los dos últimos siglos, sobre todo con el Estado liberal en el siglo XIX y ya con la dictadura militar franquista a partir de 1936. A pesar de ello, un 15% de la población de Galicia vive todavía en “casas abiertas” o “casas comuneras”, que son las que participan en la gobernanza asamblearia comunitaria.

La historia de nuestra comunidad, Froxán, es similar a tantas otras que sufrieron la usurpación de sus tierras comunales al final de la Guerra Civil en 1939, lo que puso fin a la tradición milenaria de manejo pastoralista y a la entrada forzosa de empresas mineras y del programa de monocultivos forestales del Estado. Las tierras se recuperaron parcialmente al término de la dictadura, en los años 70, y la gobernanza comunitaria volvió en 2002, pasando a tener control directo sobre el mismo mediante una asamblea formada por una personas comuneras de cada una de las cinco casas, donde cuatro de las representantes son mujeres.

La tierra recuperada es muy distinta a la que en su día se usurpó, la comunidad ahora combate la presencia de especies exóticas invasoras para recuperar el bosque autóctono, además de los intentos de las empresas mineras de retomar una actividad que ha dejado profundas cicatrices. Las tierras comunales representan una continuidad de la estructura de la sociedad indígena galaica que vivió la invasión romana hace ya 2 mil años. A pesar del tiempo transcurrido, no se ha conseguido asimilar a las fórmulas de propiedad pública o privada, esto garantiza el acceso igualitario, sin que exista la posibilidad de vender, heredar o transmitir la tierra, y que enfatiza la continuidad y respeto entre generaciones de habitantes de una determinada comunidad.

En los cinco últimos años se intensificó el conflicto con la empresa minera que pretendió reabrir la antigua explotación de volframio y estaño, se trata de la multinacional Sacyr, responsable por la ampliación del Canal de Panamá y con muchos intereses en toda América Latina. La empresa mantiene ocupada parte de las tierras comunales de cuatro comunidades y, como parte del conflicto, del primero de mayo de 2016 se inició un incendio intencional que quemó diez hectáreas de monte y con el que suponemos se buscaba, dada la dirección del viento, que llegara a la propia aldea.

Además de este conflicto, la comunidad está muy implicada en la recuperación de sus bosques, tras décadas de introducción de monocultivos de especies foráneas como el pino y el eucalipto, pretende recuperar el equilibrio natural, así como mejorar el ciclo del agua que en años recientes ha sufrido por las sequías que trae el cambio climático.

Durante la pandemia, nuestra comunidad, como otras muchas del campo en Galicia, han sufrido menos las restricciones y tensiones. No obstante, las restricciones de libertades de movimiento y de reunión han dificultado los procesos colectivos y de solidaridad con otras comunidades que sufren problemas y conflictos similares. También se ha visto limitada la participación de los cientos de personas voluntarias que participan activamente en los trabajos para recuperar el bosque autóctono en nuestras tierras comunales durante el último año.

En el 2015 participamos en las elecciones oficiales de nuestro municipio con un programa centrado en el autogobierno comunitario y obtuvimos un regidor en el cabildo (que se fue rotando cada pocos meses), aunque fue frustrante. Algunas de las reflexiones colectivas de aquella experiencia se recogieron en un pequeño libro (“Mancomunidad: una tierra libre sin Estado”) inspirado en las ideas zapatistas que pretende explorar las posibilidades de una organización política alternativa en nuestros territorios sostenida por el autogobierno comunitario.

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