En Baltimore, un barrio obrero pelea contra una incineradora de residuos

Clayton Conn Foto: Trabajadores Unidos

Los estudiantes y los residentes de un barrio de clase trabajadora, al suroeste del puerto de Baltimore, incrementan su lucha para detener un proyecto de construcción de una incineradora de basura. La obra, denuncian, impone grandes riesgos para la salud y el medio ambiente de la comunidad.

La incineradora fue presentada como un proyecto “verde” y una fuente de energía renovable que creará empleos e impulsará la economía local, y recibió el respaldo total de las autoridades locales y estatales. Sin embargo, los habitantes de Curtis Bay no fueron consultados al respecto.

Aunque Curtis Bay está llena de propiedades frente al mar, no podría estar más lejos de la zona del puerto, ostentosa y financiada por la ciudad, que esta unos pocos kilómetros hacia el norte. Geográficamente aislada del centro de Baltimore, a menudo Curtis Bay es olvidado por los residentes del resto de la ciudad. Durante años, las empresas industriales y de la ciudad, así como el gobierno estatal, se han aprovechado de su aislamiento para emplazar ahí industrias contaminantes: una terminal de carbón, una fábrica de pesticidas, una refinería de petróleo y una incineradora de desechos médicos.

No es ninguna coincidencia que los residentes blancos, negros y latinos de la zona tienden a ser económicamente desfavorecidos. Un activista de la comunidad, Michael Middleton, explicó la situación en una reunión comunitaria en agosto: “Nosotros somos tratados como la axila de la ciudad”.

Organizadores estudiantiles comentan que aunque la gente se acostumbró al olor, la contaminación del aire en el barrio tiene efectos permanentes en el bienestar de sus residentes. Compartieron la anécdota de que visitaron una secundaria para discutir la situación; cuando le preguntaron a los estudiantes quién tenía asma, las manos de todos se levantaron.

La nueva incineradora, propuesta por una empresa con sede en Albany, Nueva York, -irónicamente llamada Energy Answers (Respuestas Energéticas)-, es simplemente la más reciente en la tendencia de los proyectos industriales para el barrio. Quemará hasta 4 mil toneladas de basura por día, casi el doble de la capacidad de incineración ya existente de Baltimore, y tanto que la basura tendrá que ser importada de otros estados.

Algunos de los materiales que se quemarán son neumáticos molidos, residuos o material de desecho de autos destrozados (vinilo, plástico y metal), materiales que tienen altos niveles de metales tóxicos y compuestos relacionados con el cáncer y otras enfermedades respiratorias. Se sospecha que los niveles de mercurio, óxido de nitrógeno, dióxido de azufre, gases ácidos de combustión de residuos, plomo y cadmio se incrementarán dramáticamente, contaminando aire, suelo y agua en el barrio y la ciudad en su conjunto.

Sin embargo, debido a que la energía de la quema de basura se utiliza para generar electricidad, Energy Answers -así como el gobernador demócrata de Maryland, Martin OMalley – promueve la incineradora como un proyecto “verde” de energía renovable. Carteles en el sitio donde se propone instalar la incineradora (la antigua fábrica de pesticidas) también proclaman que el proyecto está “renovando la base industrial de Baltimore”, aunque no hay ninguna garantía de que los cerca de 150 puestos de trabajo permanentes en la incineradora se destinarán a los residentes de Baltimore o incluso el estado Maryland.

La mayoría de los residentes de Curtis Bay no han oído hablar de la nueva incineradora. Energy Answers y los gobiernos municipales y estatales han hecho poco para darla a conocer, a pesar de que la incineradora se situará a menos de una milla de la escuela secundaria y los hogares de los residentes. Los estudiantes y los habitantes señalan la injusticia contra una comunidad que se mantiene en la oscuridad acerca de las decisiones que afectarán a su futuro: “Un desarrollo justo significa poner a la gente sobre el beneficio económico. Desarrollo justo significa que la comunidad tiene voz en lo que sucede aquí”, declararon.

Es este liderazgo estudiantil el que tiene el potencial de transformar Curtis Bay de un barrio que recibe la basura a uno que tome el control de su propio destino. Anteriormente, esa esperanza fue difícil de encontrar. Unas semanas antes de una marcha prevista en diciembre, los activistas fueron de puerta en puerta para conseguir el apoyo de los vecinos. Cuando les informaron acerca de la incineradora, casi todos estuvieron en contra de ella. Algunos se comprometieron a asistir a la marcha, pero otros se mostraron desalentados. “¿Qué sentido tiene? No podemos ganar. Y el barrio está tan contaminado ya, ¿qué diferencia será una incineradora más?”, fueron algunos de los argumentos. Los residentes de Curtis Bay se acostumbraron a que las corporaciones y el Estado se salen con la suya desde hace mucho tiempo.

Los esfuerzos previos para oponerse a la incineradora no han tenido éxito. Organizaciones no gubernamentales (ONG), como la Coalición de Acción para la Energía, armaron campañas que lograron poner obstáculos burocráticos para demorar el inicio de la construcción, pero fueron incapaces de detener la incineradora totalmente de, debido a la debilidad fundamental de no ser capaces de lograr el apoyo de la comunidad. Por supuesto, los miembros de la comunidad se oponen a la incineradora, pero no de una forma organizada. La asociación comunitaria local no se ha opuesto a la planta. Peor aún, la coalición de Curtis Bay (una asociación de “desarrollo comunitario”) negoció un acuerdo con Energy Answers, para apoyar el plan a cambio de donaciones para un fondo de becas y parques locales. Le permitieron Energy Answers iniciar la construcción en diciembre de 2012. Una estrategia de las ONG de arriba hacia abajo no es suficiente para construir el poder para detener la incineradora.

El surgimiento del liderazgo juvenil contra la incineradora inició con la formación de un grupo de justicia social estudiantil en la secundaria “Ben Franklin”, llamada “Libera tu voz”. Con el apoyo de un organizador de un grupo de base, se llamó los Trabajadores Unidos, y los estudiantes comenzaron a reunirse para discutir y abrir temas de investigación en la comunidad desde hace varios meses. En vez de empujarlos a tomar un curso de acción particular, el organizador animó a los estudiantes a tomar el liderazgo y elegir en qué dirección iría el grupo. Una vez que decidieron enfocarse en la incineradora, los estudiantes se mostraron a sí mismos como organizadores formidables. Crearon una petición en línea y dos vídeos, además de lograr el apoyo de otros estudiantes y profesores para las manifestaciones.

El efecto que la organización produjo en los estudiantes les creó una nueva sensación de poder y posibilidad. Un organizador estudiantil cerró su discurso en su mitin de diciembre con una cita del discurso de Charlie Chaplin de la película El gran dictador: “Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá”.

Publicado el 10 de febrero de 2014

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