Egipto, el retorno al pasado

Alaa al-Aswani Traducción: Shadi Rohana

Egipto. Su Excelencia, el presidente de la República, se pone frente al auditorio. Su expresión es formal y hosca, como si este momento fuera histórico de verdad. Delante del líder están el ministro del Interior y un pobre soldado de pie. Con incesantes flashes en sus caras, el primero lee los resultados oficiales del referéndum: el número de votantes registrados, cuántos participaron, cuántos dijeron que sí, cuántos que no, etcétera. Finalmente, el ministro felicita al presidente por haber ganado con más del 90 por ciento de los sufragios. Esta escena, hasta el 25 de enero de 2011, fue la más repetida que hemos visto los egipcios por décadas, y nos pareció lo más normal del mundo.

¿Por qué Mubarak gastó tantos millones de libras egipcias en estos llamados referéndums, en vez de aclararnos, nada más, que él tiene el poder, y a ver quién se atreve a protestar? El dictador siempre necesita montar un teatro;  jugar el papel principal rodeado por extras; requiere de una ley electoral, reformas constitucionales, observadores, periodistas y una Comisión Electoral. El objetivo es mejorar la apariencia del despotismo, por fuera y por dentro. Como el virus, el fraude es transmitido por el presidente de la República a las instituciones estatales y a la sociedad misma.

Vemos a Su Excelencia el presidente de la República agradeciendo a los votantes como si hubiese sido elegido de verdad. Presenciamos acalorados debates en el Congreso como si los diputados fueran nuestros representantes de verdad. Vemos a los periodistas expertos comentando nuestra realidad como si fueran imparciales de verdad.  Así se ha ido construyendo nuestro idioma oficialista: si el ministerio de Salud confirma que se acabó con las enfermedades de verano, sabemos que el cólera está en todos lados; si el gobierno dice que no aumentará el precio de la gasolina, sabemos que ya no hay gasolina y que tendremos que comprarla más cara; si el Ministerio del Interior dice que un ciudadano se suicidó durante una interrogación, ya sabemos que fue torturado hasta su muerte.

Y así nos fuimos construyendo como sociedad: de acuerdo a las estadísticas, los egipcios somos los más religiosos del mundo, y a la vez los más corruptos y acosadores sexuales (alguien dijo una vez que el régimen político puede sacar lo mejor o lo peor de las personas). El Estado paga al maestro y él va a la escuela para buscar quién lo contrate para clases particulares. El médico va al hospital público para insertar su tarjeta y registrar su asistencia, y luego escapa a una institución privada donde recibe un salario de verdad y trabaja de verdad. El gobernador hace sus visitas sorpresa de inspección, anunciadas desde antaño, y todos salen satisfechos.

Cuando los egipcios se rebelaron y derrocaron al tirano en aquel 25 de enero, pareció como si amaneciéramos curados del “como si fuera”.  El mismo egipcio que antes se ocupaba de limpiar por sí solo hasta las paredes de su departamento y tiraba la basura por la ventana y en las escaleras, comenzó a bajar a la calle con sus hijos para limpiarla y decorarla; quien nunca votó -pues los días del referéndum presidencial eran días feriados para pasarlo bien con la familia- ahora se queda en la fila horas esperando su turno para votar; quien murmuraba cada vez que pasaba un policía al lado, ahora recibe las balas en su pecho en las calles. Nuestra revolución nos ayudó a recuperar nuestro sentido de pertenencia y autoestima después de perderlo, lo que causó preocupación en las filas del Consejo Militar y los Hermanos Musulmanes, que traicionaron a la revolución para fortalecer su partido tras años en la clandestinidad.

El Consejo Militar ha sido responsable de masacres y asesinatos, y los Hermanos Musulmanes intentaron recuperar la república del Como Si Fuera por el abismo que los separa de la realidad. Cuando los egipcios se rebelaron, nuevamente, para derrocar al gobierno de los Hermanos, obligaron al Consejo Militar a contestar sus demandas e implementar una hoja de ruta para la creación de una nueva constitución democrática para el país. Sin embargo, parece que nada cambió y seguimos en la república del Como Si Fuera. Tal vez algunos en el Consejo Militar sí quieren implementar una democracia verdadera, pero lo que es seguro es que hay quienes son hostiles a la revolución y quieren vengarse de los revolucionarios para que se recupere por completo el régimen de Mubarak.

Bueno, el Estado está en plena guerra contra el terrorismo, y todos tenemos la responsabilidad moral de combatir a este fenómeno. En esto estamos de acuerdo. ¿Pero qué tiene que ver el terrorismo con la persecución de los revolucionarios y su encarcelamiento por cargos falsos? ¿Qué tiene que ver el terrorismo con la difamación pública de los revolucionarios en la televisión? ¿La guerra contra el terrorismo es más bien un pretexto para vengarse de los revolucionarios, quienes derrocaron y encarcelaron a Mubarak, el gran líder de algunas personas en el poder de hoy?

Los jóvenes que arrancaron la revolución aquel 25 de enero están siendo encarcelados. La constitución, cuyo referéndum costó millones de libras egipcias, es nada más un poster y es violada diariamente. ¿De qué democracia hablan? ¿Cómo vamos a tener elecciones democráticas, mientras la campaña electoral del jefe militar del Consejo Supremo para las Fuerzas Armadas, Abd al-Fatah al-Sisi, domina los medios de comunicación y las calles del Cairo?

¿Quién se atrevería a retirar los retratos de Al-Sisi de las calles en el Cairo? ¿Quién se atrevería a preguntarle sobre el presupuesto de su campaña electoral y quién la financia? Hay quienes quieren devolvernos al pasado; como si aquel 25 de enero nunca hubiera ocurrido y no hubiera pasado. Es otro intento de crear una democracia falsa, otra fachada para el despotismo y los pactos oscuros.  Quieren devolver la república del Como Si Fuera, pero los egipcios no volverán a la granja del miedo. Imposible. Millones ya han confrontado los balazos, al francotirador, a los tanques, han cargado sobre sus hombros los mártires y los heridos. Ellos no abandonarán el sueño de la libertad.

 *El autor es un novelista egipcio y uno de los fundadores del movimiento opositor de protesta Kifaya, “¡Ya basta!”, contra el régimen del ex-presidente Hosni Mubarak desde 2004. La nota original en árabe, más extensa, fue publicada en el diario egipcio Al-Masri al-Yawm en el Cairo el 10 de marzo de 2014.

Publicado 14 de abril 2014

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