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«Decidí dejar de sufrir y aprender a encontrarme»: María Inés Ochoa rumbo al Teatro de la Ciudad

Gloria Muñoz Ramírez

Fotos: Ricardo Trabulsi

Del electrohuapango al bolero, pasando por las rancheras, el flamenco, la cumbia, las norteñas y, por supuesto, la trova, pues no se trata de negar la cruz de su parroquia, sino de incorporarla y fusionarla con lo que hoy quiere decir y cantar. María Inés Ochoa se arriesga, pues es claro que “si no, desapareces”, y de El Barzón, de Miguel Muñiz, pasa tranquila al Sin Documentos de Andrés Calamaro. Son más de 15 años de carrera y la menuda y firme mujer que es hoy se presenta en el Teatro de La Ciudad Esperanza Iris, en el marco de los cien años del emblemático recinto.

María Inés es una mezcla de norteña y chilanga, con un poco de yucateca. La apuesta de su madre fue convertirla en bailarina de ballet, pero lo suyo desde pequeña fue la cantada, pues creció rodeada de música y cantores. Amparo Ochoa, la mujer que le dio la vida, ícono de la canción mexicana y de protesta de los años setentas, la imaginó en el Lago de los Cisnes pero no en las peñas. Murió antes de verla cantar. Y ella despegó sola.

Empezó emulando a su madre, es decir, cantando las canciones con las que creció: El Barzón, Gracias a la vida, La maldición de la Malinche y decenas de canciones que por su voz llegaron a nuevas generaciones de México, Cuba, Chile, España y Francia, entre muchos otros países que han recibido su canto. Una década después, de la mano de su productor Javier López, ofrece su interpretación de la nueva música mexicana, con madurez y con una identidad única: la suya.

Joven madre de Emiliano e hija también del cineasta Jorge Amezquita, María Inés Ochoa se define como “una loca, soñadora, apasionada de la música, de la vida y del amor. Una mujer a la que le ha costado la vida” llegar a donde está y pararse el próximo 31 de mayo en el gran teatro de Donceles. Hoy, dice, junto a su crecimiento como mujer y como artista, ofrece una manera “diferente de ver la música y de ponerla sobre la mesa para el público”.

– ¿Dé dónde eres y de dónde viene tu música?

Tuve la fortuna de crecer en el norte, en Culiacán, Sinaloa. Tengo la familia más unida y hermosa del mundo, aunque mi madre murió cuando yo era muy pequeña (en 1994) y después mi papá, la vida me regaló otra familia que me crió y me dio todo lo que soy ahora. Por eso, cuando empecé a hacer el proyecto que ahora presento, pensé en un nombre fuerte, que me llevara al norte, y ahí nació “La Rumorosa”. Es peligrosa, misteriosa como la vida misma. Muchas subidas y bajadas tiene. Como yo.

La pasión me hace llevar la música puesta, no nada más a expresarla en un escenario. Si se trata de festejarle a una amiga o de cantarle a los compas en la selva o si se trata de un Teatro de la Ciudad, lo hago con la misma pasión y con ese amor a la música, a la vida, a lo que está puesto en este momento.

-¿De qué se compone tu canto? ¿Cuál es tu propuesta?

Es una mezcla maravillosa. Yo era muy pequeña cuando mi madre murió y dejó muchas cosas, entre ellas un baúl lleno de discos donde estaban Serrat, Nina Simone, Atahualpa, Violeta Parra, Óscar Chávez, gente que no nada más ha sido parte de mi familia y de mi crecimiento como mujer, sino también parte fundamental de mi crecimiento como artista. Ahí me di cuenta que los artistas contaban historias a través de su música: historias de amor, de su pueblo, historias con las que me hacían llorar y otras con las que me atacaba de risa, como en el caso de Chava Flores.

Yo era muy pequeña, pero todo eso cimbró en mi conciencia, en mi corazón, en mi cuerpo, se cimbró en el útero, diría Hebe Rosell, que es de donde sale toda esa fuerza para demostrar la mujer que puedo ser.

¿Qué ha significado en tu vida artística ser hija de Amparo Ochoa?

Amparo Ochoa es mi madre. Un ícono en la música mexicana, pero también en la lucha social no sólo de México, sino de Latinoamérica entera. Ocurrió que en los viajes que yo hacía o cuando conocía un movimiento social o un artista, siempre se aparecía mi madre: “Yo conocí a tu madre”, “ay, qué divina”, “ella siempre, inigualable”. Y yo decía, “bueno sí, inigualable, pero yo soy otra cosa y estoy aquí dando lo mío, lo que yo traigo”. “Sí, pero es que Amparito, todo lo que hacemos es por Amparito”. Y yo me partía a la mitad con eso. Entonces decidí dejar de sufrir y aprender a encontrarme.

Una vez, en Chile, alguien me dijo: “tú no tienes derecho a cantar ‘El Barzón’ o ‘Gracias a la vida’ porque tú no tienes la experiencia para cantarlas”. Y yo dije, “ah, sabes qué, yo no tengo la experiencia pero tengo la pinche voz y aquí te voy”. Y me paré en el escenario con 30 mil personas en frente y me puse a cantar.

El fantasma

A los 15 años María Inés se presentó en un homenaje a su madre. La disfrazaron de Amparo, aprovechándose del enorme parecido, y la hicieron caminar cantando por el escenario como un fantasma. El público enmudeció por su canto, nadie aplaudió, lloraban de emoción. Y María Inés se quedó de fantasma diez años más, buscando su voz. En esas estaba cuando Javier López, productor que no estaba vinculado a la trova ni a la canción de protesta, abrió con ella el camino de La Rumorosa. “Me mostró toda una ventana de posibilidades en la música. Él ni me conocía ni le interesaba de dónde venía, sólo pensó que cantaba bien y a ver qué podíamos hacer. Y por fortuna, gracias a no hacerle caso a mi pasado, encontré un futuro maravilloso en la música”.

Este jueves 31 de mayo en el Teatro de la Ciudad, María Inés ofrecerá un recorrido por su carrera musical y cerrará con mariachi, acercando al público a lo que será su nuevo disco. “Con Las Alas Coloradas”, es el nombre del espectáculo en el que no faltará “Deja que salga la luna”, “No renunciaré” “Viviré” y “¿Con qué pretexto?”.

 

La Rumorosa se presentará el jueves 31 de mayo a las 20:30 horas en el Teatro de la Ciudad Espereanza Iris (Donceles 36, Centro Histórico, cerca del Metro Allende).
Boletos en la Taquilla y en el sistema Ticketmaster. Localidades: de 200 a 500 pesos con 50 por ciento de descuento limitado a estudiantes de nivel básico, maestros, trabajadores de gobierno e INAPAM con credencial vigente. Aplican restricciones.

 

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Una Respuesta a “«Decidí dejar de sufrir y aprender a encontrarme»: María Inés Ochoa rumbo al Teatro de la Ciudad”

  1. Buenas tardes, me gusta mucho el canto de María Inés, pregunto el grito cuando canta el barzón es UD; la admiro, con respeto comento lloré al morir su Madre quién me encanta su persona y la llevo en mi corazón porque me gustó mucho, saludos las quiero Bendiciones para ustedes.

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