Veinticinco años de jóvenes, rock y resistencia en La Montaña de Guerrero

Jaime García Leyva

Guerrero, México. En Guerrero, los de abajo tejen redes sociales y formas de expresión y rebeldía. Hacen y escriben una historia de la resistencia desde el barrio, la colonia o la calle. Entre el amplio espectro de los subalternos se encuentran la banda, los rockeros, la palomilla, los crews, los darks, los punks y otras tribus juveniles. Con mensajes cifrados, tatuajes en la piel, símbolos, graffitis y la música de rock gritan al universo que en Guerrero existe una diversidad de identidades, movimientos y cambios socioculturales.

Los rockeros del sur tejen su rebeldía y la traducen en conformación de colectivos, elaboraciones de fanzines, integración de bandas, tocadas y un circuito contracultural subterráneo de manifestaciones donde la música es el motor y vehículo de identidad.

La esquina y la calle son los territorios donde la rebeldía se muestra. Uno de los patrones es la resistencia a ser domesticados por un aparato o “sistema” que los niega. Por el amplio espacio geográfico sureño saltan al compás de un rock de contrastes el joven indígena migrante, los guaches de Tierra Caliente, los afromexicanos y la banda de los núcleos urbanos. Como lo señalan: “Aquí estamos. Siempre hemos estado aquí, sólo que sus ojos no nos habían mirado”.

Las Otras Bandas

En 1988, un grupo de jóvenes rockeros de la ciudad de Tlapa de Comonfort, se acercaron al entonces director de la radiodifusora indígena XEZV, La Voz de la Montaña, Eduardo Valenzuela, para solicitarle un espacio dentro de la programación y difundir música de rock. El director accedió y de esa manera inició un viaje por las ondas hertzianas desde Tlapa hacia la región, una zona indígena y marcada por contrastes sociales, exclusión y pobreza.

El programa  fue llamado “Las Otras Bandas”, porque transmitió música diferente a la de las bandas de música de viento de las comunidades indígenas de la región. Veinticinco años después el programa sigue en el aire y es un punto de referencia juvenil y autogestivo, un espacio de esparcimiento, debate y difusión de la música de rock, los ritmos alternativos, los mensajes libertarios, las luchas sociales, los derechos indígenas y la rebeldía de algunos jóvenes en la Montaña de Guerrero. Se mantiene como el único programa a nivel nacional en una radio indígena y con una larga trayectoria.

La historia de Las Otras Bandas es la historia de la resistencia juvenil asociada a la música desde un medio mayoritariamente indígena. Los fundadores del programa y los locutores de distintas etapas mantienen un espíritu de crítica social desde el rock y la música. Realizan sus actividades sin recibir remuneración alguna, con una actitud solidaria, autogestiva y de trabajo de difusión. Sus acciones rebasan la mera actividad de locución desde la estación; se entrelazan con los chavos banda y sus necesidades, la realización de fanzines, la integración de colectivos, la promoción de actividades musicales, la crítica al estado de cosas y la vinculación con las luchas sociales, ya sea marchando con organizaciones sociales, organizaciones no gubernamentales, profesores o los pueblos originarios.

Los miembros del Colectivo Las Otras Bandas son un referente en el medio regional y su trayectoria y miembros, en distintos momentos, han mantenido una postura autónoma y de trabajo por la música y los jóvenes, y han realizado actividades autogestivas.

Con motivo de la celebración de sus 25 años en el aire, los miembros de Las Otras Bandas convocaron a una serie de actividades para el 10 de agosto de 2013, entre las que se transmitirán en vivo durante tres horas entrevistas, remembranzas y opinión sobre el rock en la Montaña a través de las ondas hertzianas del 800 de amplitud modulada, y del enlace de la XEZV en internet.

Por la tarde del mismo día, el músico Benjamín Anaya González participará en un panel sobre “Música y resistencia. Las Otras Bandas XXV años”; y para finalizar se realizará una tocada conmemorativa con grupos de rock como Vitruvio (Tlapa), Seven (Chilapa), El rapero de la Montaña (rap en mixteco), Kukulkán Sonido Antistema (rap y reggae); Guerreros Jaguar (Chilapa); El señor atómico (surf de Cuernavaca) y La Bolonchona (reggae de Cuernavaca). El evento será gratuito, en la cancha del barrio de Cuba, un barrio emblemático de la ciudad.

El rock llegó a la Montaña

A la ciudad de Tlapa se le nombra el “Corazón de la Montaña”. Su posición estratégica la ubica en la zona baja y funge como puerta de entrada hacia las estribaciones de la Sierra Madre del Sur, lugar de asiento de los pueblos indígenas nahua, me´phaa y na savi. La población fue la capital del antiguo reino de Tlachinollan, después villa y pueblo colonial, luego ciudad conservadora y de hacendados mestizos. La migración la convirtió en una ciudad con población mayoritariamente indígena.

En Tlapa se asientan los poderes regionales y las instituciones. En menos de dos décadas, las casonas de adobe y teja fueron desplazadas por construcciones de concreto. Las calles empedradas se transformaron y se cubrieron de cemento y asfalto. El rostro de la ciudad se modificó y muestra una gran complejidad para transitarla en carro o a pie. Es un lugar de caos vial, aglomeración de la población y falta de servicios, basura e inseguridad. Tlapa es el punto de enlace con los pueblos de la región y con los lugares de migración. Desde aquí parten los migrantes a otros lugares del territorio nacional y el extranjero.

El rock empezó a sonar en Tlapa a principios de la década de los ochentas. Los migrantes sembraron la semilla musical, así como algunos jóvenes que fueron a estudiar a otros lugares -quienes regresaban y en su equipaje traían casetes, discos, playeras y cosas relacionadas con el rock, además de traer trasformado su atuendo y el cabello largo. Con los migrantes se construyó una red de apoyo, camaradería, amistad e información sobre lo que acontecía en otros lugares del país y el extranjero.

Un sector juvenil incorporó el rock en sus gustos y manifestaciones culturales. El ritmo llegó por medio de la oferta musical en los medios de comunicación urbanos y lo que se escuchaba  en los barrios de la ciudad de México y los Estados Unidos. Nombres de grupos como el Tri, Luzbel, Transmetal, Next, Atóxxico, Masacre 68, Guns & Roses, Metallica, Led Zepellin, Botellita de Jeréz, Blues Boys, Bad Religión, Sex Pistols, The Clash y otras bandas pronto fueron parte del repertorio musical de algunos jóvenes. También escuchaban a los clásicos, como Beatles, Judas Priest, Rolling Stones, Pink Floyd, Credence Clearwater Revival, The Doors y otros más. Se adoptó una versión del rock duro y combativo como el punk, el metal, el trash y el blues. ¿Por qué fue ese estilo? Para algunos es la identificación con la situación social de miseria que se vive en la región. El rock también fue un medio para identificarse y rolar en ese entonces.

La sociedad conservadora de Tlapa y los adultos cuestionaron severamente a los jóvenes por adoptar “ideas extranjeras”; los afines a la oposición lo tildaron de “música del imperialismo yanqui”; en las comunidades indígenas, a los jóvenes los asociaron con motes negativos, estigmas y drogas. A quienes se dejaron crecer el cabello largo los censuraron o reprimieron. Eran mal vistos y los asociaron con actividades delictivas.

Un grupo de jóvenes impulsó la creación del programa de rock “Las otras bandas” en la radiodifusora indígena XEZV, la Voz de la Montaña. El director, Eduardo Valenzuela, brindó su apoyo crucial en este proyecto. Algunos de los fundadores fueron Amílcar Serrano, José Manuel Parra, Romeo Flores, Amaruc Vivar, Leonel Ibarra, Santiago González, Heberto Robles y Celestino Montalvo, entre otros. José Manuel Parra y Amílcar Serrano emigraron a Estados Unidos. Amílcar es cantante de hip hop en Nueva York; tocó con la banda Huasipungo y frecuentemente hace circular sus canciones por internet con el nombre de Patarrajada.

El programa de rock tiene 25 años al aire. Es único a nivel nacional en una radiodifusora indígena. Se transmite los sábados y su contenido es de una abierta crítica social, reflexiones, música y mensajes a los radioescuchas. El programa se mantiene vigente debido a la participación activa, solidaria y autogestiva de quienes asumen el papel de locutores. En torno al espacio radial se reúnen radioescuchas de varias generaciones y es el punto de encuentro entre los rockeros de la Montaña. La perspectiva crítica de sus emisiones les ha valido una cercanía en actividades de solidaridad con las luchas regionales y participación en eventos a favor de los derechos humanos y promoción de actividades culturales.

Desde un principio el programa fue el espacio de distracción, rebeldía, desahogo y denuncia social. La intolerancia y violencia hacia los jóvenes rockeros es denunciada, como lo fue en 1992 cuando los rockeros de la ciudad sufrieron un desalojo violento al estar en una tocada. En 1994, con el alzamiento zapatista, fueron los miembros del programa quienes de inmediato se solidarizaron con las demandas y difundieron música y otras noticias, además de sumarse a la consulta por los derechos que impulsaron los indígenas de Chiapas.

En años posteriores, las recientes luchas en Guerrero tienen en el programa un espacio libre para la difusión de sus demandas. La lucha de los opositores a la presa la Parota, la Policía Comunitaria, la policía ciudadana,  el movimiento YoSoy132, y la reciente movilización magisterial y del Movimiento Popular de Guerrero, recibieron en el programa la solidaridad de los locutores y miembros del Colectivo Las Otra Bandas. En abril de 2006, como parte de la Otra Campaña, el Delegado Zero del EZLN vino a Tlapa, donde fue recibido por diversos contingentes y organizaciones sociales. Integrantes del Colectivo Las Otras Bandas lo recibieron con un solidario mensaje y apoyo. De esta y otras manera se ha respaldado a iniciativas tanto regionales como nacionales.

El colectivo y los exlocutores y actuales coordinadores del programa basan su capacidad de resistencia en la articulación con la comunidad juvenil rockera de Tlapa y de la Montaña, con organizaciones sociales, con asociaciones civiles y la ciudadanía en general.  Basan su permanencia en la creatividad para difundir la música en distintas variantes, en la apropiación de un espacio que han hecho suyo y lo defienden y lo revitaliza. Además de ello, tienen el espíritu de responsabilidad y sacrificio por seguir manteniendo un programa con características singulares. Al mismo tiempo han construido una red de colaboración y trabajo con colectivos locales, con grupos de rock autogestivos del país, con bandas y promotores culturales independientes y en la solidaridad que se tiene con los rockeros. Esos son las fortalezas de quienes durante 25 años han mantenido viva la llama de la música, la resistencia y el rock.

Las actividades siempre tienen un carácter autogestivo. Los conciertos se realizan con bandas que vienen a la región a tocar por comida, pasaje y hospedaje. De esa manera han venido grupos de corte punk anarquista, de blues y rock urbano, no sólo de Guerrero sino del resto de México y del extranjero. Se puede mencionar a bandas como Incinerador, Herejía, Deshogo Personal, Verbal Psicosis, Invectiva, Estruendo, Vómi Nuclear, Arturo Meza, Benjamín Anaya, Ley Rota, Enemigo Público, Hangar 18, Boikot, Cerebros Masturbados, La otra cara de México, Wayjel, Interpuesto, Las Ánimas, Abraxas, Cristo, Mictlán, Tupac Amaruc, Zipi and Hell, Nana Pancha, Coprofilia, Electroduendes (España), Estruendo e Invectiva.

En 1999, como parte de la «Gira por la liberación de espacios y contra la usura musical», tocó en Tlapa la banda punk Sin Dios, de Madrid, España. De igual manera han tocado Chispas, de Alemania, y muchas varias bandas que se animan a venir de varios lugares en solidaridad con el programa y los rockeros de la montaña que tienen un importante componente indígena.

El programa ha transmitido de manera ininterrumpida, a excepción del año de 1994, cuando fueron robados los aparatos electrónicos y equipo de transmisión de la radiodifusora XEZV La Voz de la Montaña. En esa época se militarizó la región debido a la insurrección indígena en Chiapas. El robo a la radio la mantuvo tres meses sin capacidad de transmisión. Los pueblos indígenas, las organizaciones sociales y los ciudadanos iniciaron una campaña de envío cartas y desplegados a los periódicos, como una forma de presión a las instituciones gubernamentales para restaurar el equipo robado. La presión logró que unos meses después reiniciaran las transmisiones de la estación.

El programa de rock volvió al aire después de que los locutores, en ese entonces, Pedro Santiago Jiménez, Perkins, y Jaime García Leyva, Jaguar, presentaron un plan de trabajo al director de la estación, Jorge Obregón Téllez.[1]

El programa de Las Otras Bandas transmite todos los sábados de 13:00 a 14:00 horas. Ha sido (y es) un espacio en el que se promociona a grupos y se realizan entrevistas a los rockeros que visitan la ciudad. En el programa, los jóvenes dan rienda suelta a su imaginación y leen poemas, envían saludos y mensajes libertarios, abordan temas sobre cultura, derechos indígenas, sexualidad y otros. Es un espacio autónomo y libre, plural y abierto a la opinión de los jóvenes. Se mantiene como una trinchera del movimiento rockero local.

El programa ha pasado por distintas etapas, ya que diversos chavos han apoyado el proyecto como locutores de la estación. Entre ellos se encuentran Santiago González Iturbide, Chago; Sergio, El Chala; Aarón; Rómulo Arriaga, Rockma; Gabriel Rivera, El chales; Zitlalli González; Oscar, Oca; Dunstano Ramón, Tano; Zeferino Ureiro, El Chefe; Leonel Ibarra, Nel; Israel Robles, El Pirri; Gabino Santiago; Juan Gálvez; Patricio González; Mary y otros que se han sumado a este esfuerzo autónomo de la banda para la banda.

El 6 de abril del 2002 se celebró el 14 aniversario del programa. Las actividades realizadas fueron: una expo rock, un foro sobre la experiencia de transmitir 14 años, una plática de un integrante de las Juventudes Antiautoritarias Revolucionarias (JAR) sobre el movimiento punk y una tocada en el teatro al aire libre de la Voz de la Montaña, con las bandas Tupac Amaruc, del Distrito Federal, y Bahoban y Morfina, de Chilpancingo.[2]

Leonel Ibarra señaló: “Las Otras Bandas ha tratado de difundir a todos aquellos grupos y músicos que están más ligados a los gustos de la banda, aquellos que con sus letras, música y poesía nos han puesto rebeldes y nos han hecho descubrir la belleza de la música, desde las visiones intergalácticasurbanasrupestres de Rockdrigo González, el cotorreo de los Tex Tex, la atmósfera etnorockcósmica de Jorge Reyes, el blues de Real de 14, el bien estructurado rock progresivo de Iconoclasta, el excelente metal de Luzbel, los gritos guturales en el trash de Transmetal, hasta el grito libertario de los punks y harcoreros, y acompañando a esta música subterránea y no tan subterránea, pero de mucho valor para todo aquel que siente el rock correr por sus venas”[3].

Rock y autogestión

Entre 1980 y 2000, de las esquinas y las calles se pasó a los toquines con grabadora y sonidos, y luego a las tocadas por cooperación. Las primeras tocadas fueron con grupos que venían a la ciudad por viáticos, pasaje y comida. Actualmente hay una actividad intensa surgida por los contactos establecidos con gente del Tianguis del Chopo, del Distrito Federal, la autogestión, la cooperación voluntaria y el contacto con rockeros de ciudades como Chilpancingo, Iguala y el Distrito Federal.

A partir del 2000, la actividad de organizar tocadas es tarea de empresarios que invitan a grupos como Tex Tex, El Haragán, Luzbel, Liranrol y demás grupos. Los organizadores tienden a la obtención de ganancias, contrario a lo que plantea un sector más organizado y crítico.

La escena rockera local ha estado activa y también en situaciones de letargo. Pese a las dificultades siempre muestra un dinamismo peculiar. La banda local ha impulsado otras iniciativas, como la creación de colectivos y la producción de fanzines. A finales de 1980 se creó el colectivo Mugre y Miseria (Yákua Nda´vi); en 1994, el Colectivo Montaña Sur; también el Colectivo Pacuzi, el Reflexionista Cambio Positivo, Dignidad y Unidad Rebelde (2001), Colectivo Anarquista Punk Guerrero y la Komarka Anarka, entre otros.

Algunos de los fanzines editados han sido El Caracol, Lee y Lucha, Conciencia y Libertad, Aquí Estamos. El Colectivo Estudiantil Vientos del Sur (CEVS) realizó la revista Abril. Estos organizaron en 2001 la presentación del libro Rock Mexicano y Neozapatismo, de Benjamín Anaya. Otro folleto que se publicó de manera esporádica fue Contratiempo. Todas las publicaciones tuvieron una escasa producción y se divulgaron en circuitos locales, salvo El Caracol, que se difundió hasta el Tianguis del Chopo, Acapulco, San Juan del Río y Chilpancingo. Todas han sido expresiones organizadas de los rockeros de la Montaña, muchos de ellos provenientes de familias indígenas.

En relación con los grupos de rock, ha sido escasa la producción local. A principios de 1990 se creó el grupo Euforia. En 1994 se integró el Colectivo Mugre y Miseria. Sus integrantes conformaron después a Resistencia Total, una banda que tocaba punk e intentó cantar en lengua mixteca. Realizaron tres presentaciones y grabaron un demo titulado “Despierta y Actúa” -una grabación histórica y ahora testimonial del punk en la Montaña. Fueron anunciados en la revista Banda Rockera, en la ciudad de México.

La escena se mantuvo en letargo durante varios años. El programa de las Otras Bandas fue el espacio que generó resistencia y aferre a la música. En años recientes se organizaron aniversarios con música, conferencias, encuentros de bandas y reflexiones colectivas. Han celebrado tocadas con bandas como Fantasma de Canterville, Antídoto y Resistencia Urbana. En otra sintonía se encuentran estaciones comerciales como Ursus Candela, radio Éxtasis, La Presumida y otras que transmiten rock, reaggae y metal en diversos horarios. Uno de los programas recientes fue Montaña Rebelde, que se mantuvo en el aire un par de meses. El rock en los medios locales sigue sin tener espacios.

En años recientes se formaron en Tlapa varias bandas locales como son Antídoto, Vitruvio, Ekzodo, Gargajos Punks, El Zótano de Roje, Resistencia Urbana, Zoombies Rock Band y Skull Army; casi todas formadas por adolescentes que interpretan desde blues, rock urbano y punk hasta heavy metal. Algunos intentan cantar en inglés. Se han presentado en lugares como Tlapa, Acapulco, Alcozauca y en tocadas locales. Son entusiastas y tienen ánimos y buena técnica y despliegue musical. Los grupos mantienen posturas abiertas, de desahogo y crítica social. Los espacios son escasos y tienen presentaciones ocasionales en bares y lugares públicos. En la región hay una banda de rock en Huamuxtitlán llamada Amux. De igual manera, en Tlaixtaquilla y en la Ciénega, Malinaltepec. Son esfuerzos que realizan los jóvenes por integrarse y gritar su rebeldía desde la Montaña.

Con un estilo musical distinto se encuentra Gonzalo Candia, joven ta savi, quien interpreta música de hip hop y rap. Se hace nombrar como “El Rapero de Tlapa” y ejecuta canciones en tu´un savi y en español. Fue un migrante indígena que adoptó estas formas de lenguaje y música para enviar sus mensajes. Promueve su música a través de discos compactos caseros y por medio del internet, a través de Youtube. Yaa tu´un savi (canción de la lluvia) es una de sus mejores canciones.

¿Cómo ha crecido la escena en un medio indígena? ¿Cómo se mantienen los rockeros creando un dinamismo singular? Hay varias respuestas, pero resalta la comunicación entre sí, el compartir información, materiales y realizar actividades culturales conjuntas, además de que algunos comparten una visión crítica del rock como vehículo contestatario y rebeldía.

En años anteriores la forma de conseguir material musical o revistas era difícil. El centro de aprovisionamiento era el Tianguis del Chopo, en la Ciudad de México. Ahí se conseguían casetes, discos de vinil, videos VHS o Beta de música de rock, revistas, fanzines y otro tipo de material. Todo circulaba entre los chavos. Se realizaban copias de los materiales. Así circulaban de mano en mano y la música sonaba en las grabadoras. Las revistas que se leían, hojeaban y fotocopiaban eran La Banda Rockera, Conecte, Metal Hammer, Rock y Sonido y Toca Rock, entre otras (pasando, claro, por las que promocionaban Guitarra Fácil para aprender a tocar algunas rolitas rockeras). Quienes acudían al Tianguis del Chopo se proveían de las novedades rockeras. Era un rito de paso y muy pocos acudían.

Se esperaba con ansías a aquellos que viajaban al DF. Se traían noticias, fanzines, cassetes, playeras, collares y atuendos diversos. Era una manera de estar presente en la escena y difundirla. Toda esta dinámica interna no ha sido fácil, y también fue permeada por la represión policiaca local. Experiencias de violencia han sido varias, desde intolerancia, negación de espacios, violencia y allanamientos de morada, hasta la marcada tendencia de ver a los rockeros como negativos y proclives a la violencia y otras cosas.

La música de rock ha sido el vehículo que brindó identidad a varias generaciones en Tlapa y la Montaña, y se extiende a otras poblaciones. Quienes iniciaron este movimiento ahora son padres de familia, profesionistas, trabajadores, albañiles, adultos pues, y sus vidas han cambiado. Muchos se quedaron en el viaje o murieron, otros migraron, muchas chavas son madres solteras, otros olvidaron por siempre el rock y se arrepienten de su pasado musical. Muy pocos se mantienen y siguen promoviendo actividades culturales.

En las tocadas o eventos se encuentran varias generaciones y se comparte el gusto por la música y se mantiene una hermandad rockera. Ahora es distinto. No se reprime como antes y se pueden utilizar medios para expresar lo que se siente. La escena local se mantiene y se renueva. El programa Las Otras Bandas sigue siendo el espacio que aglutina a muchos, pero también ha pasado momentos críticos. El circuito de comunicación con la gente radicada en los Estados Unidos se mantiene con mayor intensidad. Es menos complicado conseguir música y permite proveerse de diversos materiales.

La falta de espacios para los rockeros sigue. Las calles de Tlapa se llenaron de automóviles y el espacio público es nulo, con la excepción de la plaza central, la unidad deportiva, la cancha de la preparatoria 11 y algunas canchas en las colonias de la ciudad. Pero de ahí en fuera no hay más. Es el resultado de administraciones públicas que no contemplan espacios para la sociedad y los jóvenes.

Los rockeros siguen ocupando las esquinas, las casas de los amigos, acuden a escuchar música a lugares donde se celebran tocadas -como El Ilegal, la cancha del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el zócalo de la ciudad, el Real West, Rock Safari o hasta los bailes sonideros donde ponen a todo volumen rolas de Liranrol, El Haragán, Heavy Nopal o Mago de Oz.

Un fenómeno reciente es la influencia de la migración y las expresiones asociadas al fenómeno cholo de la frontera norte y del hip hop que adoptan jóvenes de la región. Se observa la participación de indígenas migrantes en estas expresiones. Las señales son graffitis en las calles y paredes de casas, y la formación de bandas, grupos o colectivos. Su edad oscila entre los 15 a los 30 años. Su voz es el graffiti, y plasman figuras de personajes revolucionarios como El Che Guevara, Emiliano Zapata, Francisco Villa, y otros de corte religioso como Cristo y la Virgen de Guadalupe. Pintan rayones o tags y se apropian de espacios simbólicos. Sus atuendos son gorras de béisbol, pañuelos, playeras y tenis deportivos o botas, pantalones holgados (bombachos), pulseras, cadenas y crucifijos, entre otros artefactos. Son objetos materiales que les permiten construir una identidad, cercanía grupal y colectiva.

Se trata de jóvenes que se ven fuera de las  expectativas laborales y ven la migración como opción; de las urbes de concreto recuperan formas de identificación juvenil. Intercalan en sus gustos música de rock, hip hop, reaggae, cumbias, bachatas, vallenatos y otros ritmos. Sus lugares de encuentro son las calles, el baile sonidero, la chamba o en el rol. En algunos casos trascienden de la diversión al conflicto. Algunos de estos se involucran en actividades de violencia pandilleril. Algunos grupos son los Xumiles, los Traviesos, Los Toños, Los Chicos Malos, Los primos, entre otros. Estos son algunos de los procesos por los cuales pasan los jóvenes indígenas y no indígenas en la región de la Montaña, que se refieren en parte a situaciones de exclusión social. El fenómeno cholo está extendido a otros lugares como Alpoyeca, Huamuxtitlán, Olinalá, Xochihuehuetlán, Xalpatláhuac, Copanatoyac y otras poblaciones regionales. La alta incidencia en migración es una de las causas de esta expresión sociocultural.

Desde Tlapa se construyen formas de identidad juvenil asociadas a la música de rock y otros ritmos. Se generó una forma de participación y colectivismo con expresiones diversas. El rock sigue sonando, articulado con otras manifestaciones. La historia sigue.

Por los agrestes caminos del rock guerrerense

El rock and roll pasó de ser el ritmo musical de moda a un movimiento intergeneracional y fenómeno cultural con presencia en distintos ámbitos sociales. Este tipo de música llegó a Guerrero por diversas vías; como la música comercial en los centros turísticos, por fenómenos asociados a la migración o por canales de comunicación brindados por la radio y televisión. Desde las costas de Cuajinicuilapa hasta las calles empedradas de Taxco, pasando por el puerto de Acapulco y Zihuatanejo, Chilpancingo, los valles de Iguala; el temperamental Altamirano, las montañas de Chilapa y Tlapa y en muchos otros lugares; el rock se asocia a expresiones culturales contemporáneas en el sur guerrerense.

Los jóvenes, principalmente, asumen el rock y lo fusionan con ritmos locales y lo mezclan con las lenguas indígenas en sus canciones o al elaborar rap y hip hop y otras tendencias musicales. Los circuitos de difusión e información asociados a dichas expresiones van más allá del ámbito local y se han establecido redes de comunicación dinámicas.

En las ciudades y las comunidades rurales es donde los jóvenes han integrado bandas, grupos, colectivos, crews, palomillas, tribus u otras formas de organización. Ocupan las calles, se encuentran en las esquinas, en las tocadas o el baile popular. Los identifican el atuendo, la facha, el lenguaje o la música de rock, el punk, el heavy metal, el blues, el ska, el hip hop, el rap entre otros ritmos. Estos jóvenes cantan y plasman su presencia por los caminos de Guerrero.

A partir de 1980, el rock empezó a tener mayor difusión en la entidad. Se hizo común ver a jóvenes con cabellos largos, atuendos rockeros e integrando grupos que, ante la falta de apoyo de las instituciones culturales de la entidad, realizan tocadas en barrios, en reuniones, en fiestas de amigos, en bares y, ocasionalmente, en espacios públicos.

Los grupos culturales, crews, asociaciones juveniles, colectivosyo promotores del rock se organizan con sus propios recursos para realizar actividades culturales. Lo anterior les crea independencia y autonomía. Sin embargo, las formas de organización juvenil no tienen la suficiente fuerza y coordinación para establecer vínculos más sólidos. Los grupos y colectivos organizados de manera independiente utilizan el internet, myspace, facebook, twitter, youtube u otras redes sociales por medio de los que difunden su quehacer y música sin censuras. Los grupos y promotores recurren a estas maneras dinamizando las expresiones culturales. Incluso las denominaciones religiosas utilizan estas formas de comunicación como propaganda y adoctrinamiento religioso.

La intolerancia y falta de sensibilidad de quienes asumen tareas culturales desde las instituciones reflejan la negación de espacios culturales para la expresión juvenil. Los existentes, muy escasos por cierto, son resultado de largas jornadas de gestión, de lucha y trámites. Es notable la ausencia de políticas culturales dirigidas hacia los jóvenes y sus manifestaciones. No hay garantías ni respaldos para los músicos, poetas, escritores u otros artistas. En cambio la promoción para los artistas de los monopolios televisivos del país es amplia y con la participación de empresas comerciales.

Las formas que ha tomado el rock en la última década en Guerrero combina una serie de fusiones musicales, étnicas, tradicionales y externas. Algunos colectivos rockeros o de otro tipo se solidarizan con las luchas ciudadanas y pugnan por la creación de espacios alternativos. Los circuitos de comunicación son diversos y se establecen redes con gente de ciudades del centro del país como Cuernavaca, Puebla o el Distrito Federal. El Tianguis del Chopo, en la ciudad de México, sigue siendo el epicentro de comunicación e información musical así como la vinculación con otros puntos en el país y el extranjero. Los caminos del rock en Guerrero han sido distintos a lo que ha sucedido en otras partes del país.

*El autor es na savi (mixteco) Doctor en Antropología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesor del CIET – UAGro. Miembro de Kahua Sisiki, Centro de Estudios y Autogestión de la Montaña. Fue locutor del programa “Las Otras Bandas” en la radiodifusora XEZV La Voz de la Montaña de Tlapa de 1991 a 1995. Sus investigaciones y publicaciones versan sobre movimientos sociales, educación indígena, lengua e identidad de ñuu savi, música y juventud. jaime.jaguar@yahoo.com.mx

Referencias

García Leyva, Jaime. Radiografía del Rock en Guerrero, Ediciones La Cuadrilla de la Langosta / Conectivo Cultural La Tarántula Dormida, México, 2005.

–          La Voz de la Montaña: 30 años de radiodifusión indígena: 20 años de rock. Diario La Jornada Guerrero, 21 marzo 2009.

–          El rock de la Montaña, en Ojarasca en La Jornada, Nº 67, noviembre 2002.



[1] García Leyva, Jaime. “La radio en las Montañas de Guerrero: Las otras Bandas”, en El Nuevo Amanecer de Querétaro. Semanario de información, análisis y alternativas. San Juan de Río, Querétaro, México. Número 377, 6 de octubre, 19 –20.

[2] Cartel promocional del 13º aniversario del programa Las otras bandas,  6 abril del 2002, Tlapa.

[3] Leonel Ibarra (a) Nel, “Algo sobre las Otras Bandas”, en fanzine Aquí Estamos, editado por el Colectivo Unidad y Dignidad Rebelde, 15 de octubre de 2002, Tlapa, Guerrero, pp. 7-8

Publicado el 5 de agosto de 2013

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