4 de agosto de 2014
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El tianguis cultural El Chopo, la contracultura en la capital mexicana

Allí están. Uno a uno. Apañan el espacio. Con su presencia lo resguardan. Saben que es suyo. Y no lo van a aflojar.

Melchor López Hernández
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México, DF. No es una trinchera,  pero les sirve de resguardo de los golpes sociales, simbólicos. Ellos lo saben porque se les estigmatiza por ser como se les antoja transitar: vestirse de negro, con estoperoles; tocar/amar su cuerpo con perforaciones en labios, lengua, en cualquier parte de la excitación de su cuerpo. Lo hacen porque dialogan con el erotismo, dicen.

Ellos se ponen tatuajes que representen su ser. Otros, que son como ellos mismos, se hacen rastas. Todos lo saben: los tachan, los señalan, les han llegado a decir parias sólo por vivir; por sentir el rock, la música; por patinar, por grafittear; por bailar ska, reggae; por sentir plenamente. Allí están, de diversas edades: las morritas de 13, los jóvenes que dan el rol1 de 15,  18, 20 años, que son el grueso del personal que apaña el tianguis cultural del Chopo.

Llegan desde diferentes puntos del Distrito Federal decididos a cotorrear; también lo hacen desde el estado de Hidalgo, de diferentes municipios del Estado de México -entre los que predomina Neza (faltaba más), además de Ecatepunk2 y Toluca-, y también de Cuernavaca se dan su rol por estos lares3.

Identidades. Poder de Ser. Transitar unas horas. Observar. Comprar. Intercambiar. Escuchar. Gritar en Radio Chopo sábado tras sábado desde hace más de treinta años. Después, agarrar un libro, un disco, una imagen, una rola4-rockera que les haga saber que lo mejor es la alteridad y esa forma de ver hacia dentro.

Caminan/emergen de los túneles del metro más cercano, saludan, compran/adquieren. Fuman un tabaco. Dos. Miran. Se reúnen y charlan. Se dan un toque5. Son la banda del tianguis cultural del Chopo. Es sábado y el escenario está listo. Trueque. Mercancía. Salud juvenil.   

Ella. De lentes obscuros. Con una cinta negra que abraza su cabello largo teñido de rojo como la intensidad de su mirada, que se fija en un disco de vinilo.  Su pelo se trenza; su mata6 se encoje apiñada por otra agarradera de la que se desprenden trencitas que se esparcen por su espalda.

Ella está allí y vuela su mente en pos de una rola que le haga toparse con la soledad y abrazarla. Su respiración parece que quiere absorber al tabaco que pende de sus labios. Sola. Sus brazos y hombros  son cubiertos por una playera de tirantes desde donde escapan unas mallas que cubren sus brazos. La red es oscura, como la noche sin luna.  Llegó tempra7 y se fue al fondo de la calle.

Allí es donde los  grupos de rock trepan por el deseo de sus fans; todo grupo de rock sabe que es un reto tocar en el Chopo. Y, también, que es un placer. Y una potencial proyección a otros espacios. Rock. Es sólo rock. Ella lo sabe.

Él. El enmascarado. Supo de la cita con un grupo de rock en el Chopo. Él sabe que allí el toquín8 es de a grapa9. Y pues no dudó en asistir. Conformada por puras morras, la banda ya tenía en el templete/banqueta a sus fans en espera, impacientes; su deseo de palpar su música se arrastraba hasta el escenario. Por sus mentes pasaba esta rola:

Ratas, sapos, telarañas

Tripas, sangre con pipí

Ojos, huesos, calaveras

¡Muchos sustos para tí!

Momias, lobos y fantasmas

Brujas, monstruos, Frankenstein!

Fieras, bestias y vampiros

¡Quijas, bichos sobre ti!

Son las rolas que gritan Las Ultrasónicas. Ese día, hace años, Las Ultrasónicas apañaron el espíritu de la banda. Ésta se abalanzó hacia ellas. Fue el momento en que él salió con su máscara como bandera. Lira, más lira…y la bataca. Gritos. La banda rebasa el límite imaginario del escenario. Las Ultrasónicas repiquetean. Y la banda salta a la pista/asfalto a bailar. Él se desliza, es el enmascarado. Identidad. Y ganchos para atrapar otra rola del concierto/presentación de lujo en el Chopo. Repiquetean Las Ultrasónicas:

No creo que haya nada que me pueda curar

No creo que haya nada que me pueda salvar

Estamos todos locos, el mundo está bien loco

Él coloca los dedos de su mano izquierda en su barbilla. Parece filosofar: “No mames, ¿cómo que ‘estamos todos locos, el mundo está bien loco’? Chale. ¿A poco, neta, ya no hay salvación?”. Su compa silba, pide otra rola, pero el evento ha sido suspendido momentáneamente. La banda se descarriló y supero la línea imaginaria del escenario; los fans sólo querían tocar/chupar a Las Ultrasónicas. Cámara. Reinicia el toquín.

Ellos. Son dos. Mujer. Hombre.  Otro sábado. Fotos al aire libre. Hoy el Chopo ya tiene sus carpas, acá, chidas para apreciar arte, cine, libros. Aquí, por aquellos ayeres, ellos, de la mano, abrazando la oscuridad de su ropa/imagen de rebeldía: “Aquí no se rinde nadie”, reza una frase en un recuadro con tinta roja y fondo blanco sobre su chamarra de mezclilla azul.

La imagen en primer plano es un anarquista con peinado hacia arriba portando su insignia de anarquía. “Vale madres la escuela, los partidos políticos”. Ellos al rato van a los fanzines para leer más de anarquismo.

Acá en el Chopo hay rock desde 1980, cuando surge este espacio emblemático en la ciudad de México. Desde entonces se va cada sábado a una especie de rito, a intercambiar discos o vender y comprar CDs, libros, carteles, botones, a ponerse trenzas, pero sobre todo a hacer rolar el alma y tomar unos sorbos de cultura alternativa. Reza la historia que por 1986 llegaron a una zona fabril cerca del cine La Raza, en la calle Oyamel, y posteriormente tocaron diferentes puntos de la ciudad; finalmente, quedará posicionado en la calle de Aldama en la colonia Guerrero.

Y desde entonces ellos, él, ellas y los demás transitan para hacer suyo este espacio.

1 Coloquial para “dar un paseo” o “dar una vuelta”.

 

2 Ecatepec.

 

3 Término coloquial que se puede usar como sinónimo de “rumbos” o “tierras”, por ejemplo. Se dice que proviene de la voz gallega “Lar” (casa). N. del E.

 

4 Coloq. para “canción”. N. del E.

 

5 Fumar de un cigarrillo, normalmente de marihuana. N. del E.

 

6 Coloq. para cabello largo. N. del E.

 

7 Coloq. de “temprano”. N. del E.

 

8 Coloq. de “concierto”. N. del E.

 

9 Coloq. de “gratis”. N. del E.

Publicado el 01 de Diciembre de 2011

 



5 Comments en “El tianguis cultural El Chopo, la contracultura en la capital mexicana”

yo siempre he sido rockero de corazon a mi me toco el chopo en su buena epoca cuando se hasia el trueque y los diversos cambios entre la banda ahorita el lugar esta lleno de puros faroles ya no es lo que era antes antes la banda era honesta te vendia las cosas al precio que dava el valor ahora un disco pirata te sale en 100 ya hay puro collote y ratero ya no es como antes

roger rocker

El Chopo ya no es lo que era en los 90; en mi caso que soy fan de los Beatles, puedo decir que difícilmente encuentras en ese lugar material raro de ellos, mismo que hace algunos años abundaba. Ahora sólo consigues copias de muy mala calidad con un tal Roberto Samayoa, además las vende muy caras (50 pesos por un cd quemado!cuando ese tipo de discos se venden hasta en 10 pesos en cualquier lugar, se imaginan lo que le gana el ratota?). Bueno, quienes le quieran comprar, pues allá ellos si quieren regalar su dinero.

Al

Conocí el chopo en los 90 y conseguías todo bien barato y de calidad. Hoy en día vas y los que trabajan en los puestos creen que te hacen un favor, ya no hay casi material importado o raro, se volvió muy comercial-emo-fresa, para niñitos pretenciosos que se creen rockeros pero en realidad no les alcanza y para fresas que se quieren hacer los rudos comprando al precio de mixup o más caro. RIP el chopo.

Erabueno

La verdad, me parece que es un artículo muy romántico pues hace tiempo que el tianguis del chopo se convirtió simplemente en un mercado de “folcklorismo alternativo” por llamarlo de alguna manera, lo del trueque aunque se sigue utilizando, la verdad es que ya no es representativo, todo es mercantilismo puro y duro en donde se encuentran hasta objetos con simbología nazi-fascista y los que dirigen este asunto no se diferencian mucho de las mafias que controlan otros tianguis “convencionales”. Lo único que lo salva es que se pueden encontrar materiales que en otros sitios sería dificil y los conciertos…

Yo

buenisimoooooooo!!!


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