4 de agosto de 2014
Usted está aquí> Inicio> Geografía> Los Nadies> México>  Num. Anterior > Diario de un vendedor ambulante
“La calle es un medio muy agresivo”

Diario de un vendedor ambulante

“Sobrevivir depende de mi esfuerzo diario. La escuela está olvidada. Si no trabajo, no como; y si no voy a la escuela, ni pedo. En la calle no se necesita más escuela que la de la vida”.

Testimonio recogido en la Ciudad de México por Rebeca Galán Valdés
Foto: http://diez4.com
Leer Texto Completo

Me llamo Ernesto Velázquez, tengo 18 años y trabajo para la franquicia de Bon Ice (empresa que se dedica a la venta de congeladas). Por lo general, trabajo tiempo completo los siete días de la semana, aunque no tengo ningún contrato que me obligue a trabajar ocho horas diarias, ni tengo derecho a prestaciones o seguro médico. El tiempo que trabajas depende de cuánto quieras ganar, lo chido es que es un trabajo libre, pero si quieres ganar chido, trabajas hasta tarde.

La esquina de Poniente 152 y Vallejo es mi “oficina”. De nueve a diez de la mañana hago la limpieza en el local de la franquicia, y a las once, con la cantidad de producto que pedí, salgo a vender. El calor es mi mejor compañero de trabajo: entre más calor haga, más vendo. Las congeladas se venden a tres pesos con cincuenta centavos y de ganancia, a los vendedores nos dan un peso.

Por lo general, acabo entre tres y cinco de la tarde, pero si tengo hueva le paro tempra. Es lo chido de este trabajo: no tienes jefe que te esté chingando, no hay prisa; trabajas si quieres ganar y si no, no hay pedo. A las cinco y media entregas el producto que te quedó. Este es un trabajo de confianza, te prestan el uniforme y el carrito. ¿Quién dice que no te puedes chingar las congeladas y ya no regresar? Pero el chiste es ser honestos.

Suelo usar una playera negra encima del overol azul que nos prestan; la gorra… simplemente no me la pongo, aunque sé que me pueden castigar por no usar el uniforme completo. Pero es que yo soy un vendedor, no una botarga.

Si los vendedores no usamos el uniforme completo o faltamos un día, somos castigados con congeladas: nos permiten vender menos. En un buen día, entre semana, vendo entre 200 y 250 congeladas; en fin de semana, de 600 a 700. Cuando el día es malo, vendo apenas 80 congeladas, máximo 100; y en fin de semana, 250 más o menos.

La estación del año no afecta tanto las ventas de congeladas, como podría pensarse. El clima ha cambiado tanto que en un día de invierno puede hacer mucho calor. El sol es el factor verdaderamente influyente en las ventas. ¿Cómo sé cuántas congeladas pedir para vender? Fácil: me despierto, veo el cielo y calculo. Saco las congeladas que creo que voy a vender.

Podría decirse que la chamba es divertida, socializas mucho, los camioneros se vuelven tus cuates. Poco a poco te vas haciendo de clientes. Hay un camionero que dos o tres veces por semana me compra 15 congeladas. Además, tus compañeros de trabajo se vuelven tus compas con el tiempo.

No trabajaría vendiendo Bon Ice por siempre. Con el tiempo salen cosas que venden más. El chiste es aprovechar lo que esté de moda. Muchos compas se fueron a vender agua porque les compraban más. La gente emigra, se va a donde hay más chamba.

El trabajo es primero. Sobrevivir depende de mi esfuerzo diario. La escuela está olvidada, no tengo tiempo para todo. Si no trabajo, no como; y si no voy a la escuela, ni pedo. En la calle no se necesita más escuela que la de la vida.

Uno qué va a andar pensando en ahorrar o en el futuro. Uno vive al día, se saca lo indispensable para vivir. En mi caso vivo solo, no tengo a quien mantener, pero muchos no tienen mi suerte. Lo que gano es para mí. A veces me doy mis lujitos, voy al cine o me compro algo mono”.

En la calle aprendes las reglas del business, aprendes a “meter las manos” y a seguir tu camino cuando no es necesaria tu presencia. Las esquinas suelen tener un “dueño”, no es un propietario como tal, se les llama así porque son los primeros en llegar a vender. Exigen una especie de “renta” para poder vender ahí. Si los nuevos vendedores no pagan, los golpean.

“El Púas” me hizo la vida difícil. Quería que le diera 50 pesos, estaba bien idiota. Por lo general, piden 20 ó 30, 50 era un abuso. Entonces que me pongo al pedo y le digo: no te voy a dar nada, ¿cómo ves? Me dio una madriza, pero yo también le alcancé a pegar. Nos peleamos tres veces y como vio que aguanté, pues ya me respetó. Ahora somos cuates.

En la calle cambias un vicio por otro. Yo preferí el cigarro a la mota (marihuana). Tienes que entrarle a algo porque si no te rechazan y en la calle no debes tener enemigos. Casi siempre te encuentras banditas de amigos y si no eres parte de ella… corre.

Los que no nos agradan son aquellos canijos que se suben a los camiones y asustan a la gente diciendo que son de la cárcel. A ésos los bajamos a patadas, uno trabajando honradamente y éstos se aprovechan del miedo de las personas. Uno debe ser derecho.

A los vendedores ambulantes no nos gustan las tranzas, pero como la mayoría procura no meterse en problemas, quien manda es quien tiene el poder, y para conseguirlo se necesita tener un arma e influencias. La vida en la calle tiene leyes particulares, es un medio muy agresivo.

Los asaltantes respetan a los vendedores de las calles, saben lo difícil que es para uno. Puedes ver cómo asaltan a los transeúntes, pero a uno no lo tocan. Para nosotros no son un problema, lo que sí nos afecta es el sol y el ruido: quedas prieto y sordo.

Uva, mango, fresa, guayaba, tamarindo y ponche-frutas. Con esa frase garantizo una venta exitosa. Mi oído está atento a escuchar un claxon o un “Bon Ice”, para correr y vender. Entre más rápido termine, más deprisa me alejo de la violencia callejera.

Publicado el 01 de Abril de 2011



4 comentarios en “Diario de un vendedor ambulante”

yo soy voceador tengo 24 años y vendo periodicos de heraldo diaro el peso y a veses reparto bolantes tambien;) y pienso soy pobre este trabajo no ganas mucho y eso no me importa la verdad lo unico que de verdad me pone triste es que por mi trabajo ninguna chica me hace caso yo vendo en un semaforo y ya van 3 veses que me enamoro y solo es para llorar y sufrir :'( solo por eso no me gusta mi trabajo ojala fuera rico con automovil y dinero y solo asi tendria novia

Humberto carreon ochoa

antes de narco, mejor vendedor! saludos

anonimo

Lo que no dicen es que los vendedores se adueñan de las rutas de peceros, de las areas peatonales, de las calles y cuando tienes la intención de vender algo dichos vendedores te agreden. Entonces de que voy a comer, o que ellos me den el dinero que yo buscaba obtener por vender un producto. Gracias

anonimo

Muy padre la historia de esta persona, me hizo reir y tiene mucha razón en lo que dice. Me encantó.

Jacqueline

ParticipaRecibe el boletínContacto
Desinfórmate
desde...