Paraguay: “Las semillas nativas son fuente de vida”

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“Mientras el agronegocio avanza en su plan privatizador de semillas y alimentos, los pequeños productores consideran a las semillas autóctonas como “una fuente de vida porque la alimentación de un pueblo se basa en ellas, si nos alimentamos sanamente estamos garantizando la vida” indica Justo al momento de asegurar que una de las tareas principales del campesinado y de sus organizaciones es la de proteger y velar por las semillas nativas ante el avance de los transgénicos”.

Justo Alfonzo, es un pequeño productor campesino del Departamento de Canindeyú. Además de producir de forma agroecológica, Justo también se dedica a la producción y reproducción de semillas nativas. Ante el avance del agronegocio, la conservación de las semillas autóctonas es una forma fundamental de resistencia que realizan productores campesinos para garantizar la producción y el arraigo de sus familias.

El avance del agronegocio y de su “paquete tecnológico” representa una amenaza para las familias campesinas dedicadas a la producción de alimentos. Con cerca de 94% de las tierras agrícolas dedicadas a la producción de commodities y más de 20 semillas transgénicas aprobadas por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), Paraguay se convierte en el sexto país del mundo con mayor producción de transgénicos. Esta situación ha puesto en peligro y llevado al borde de la extinción a varios cultivos y semillas tradicionales.

Justo, integrante de la Coordinadora de Trabajadores Rurales y Urbanos expone orgulloso las semillas provenientes del asentamiento donde vive y produce, ubicado al noreste del país en las tierras rojas y productivas de Canindeyú, donde la presencia de terratenientes brasileños dedicados al cultivo de soja ha arrinconado a la población campesina en unos pocos territorios donde resisten produciendo alimentos. Semillas de habilla, girasol, distintas variedades nativas de maíz, poroto, maní, entre otros productos campesinos, se muestran al público como símbolo de resistencia campesina.

Mientras Justo señala una por una las semillas nativas, se detiene a relatar las amenazas que se ciernen sobre ellas “el avatí locro está por desaparecer, ya casi no se encuentra y es una de las bases de nuestra alimentación” señala el agricultor y luego pasa a la semilla de girasol “prácticamente todo lo que se produce en el país es transgénico” indica, dejando ver que el ingreso ilegal de semillas transgénicas al país continúa bajo la mirada cómplice de las autoridades.

Según el ingeniero agrónomo Pablo Angulo las amenazas que se tienden sobre la diversidad de los cultivos son producto de un sistema perverso que intenta lograr la privatización de las semillas, “amenazando a las comunidades campesinas e indígenas, a nuestra cultura y sistema de vida” (ver aquí).

Mientras el agronegocio avanza en su plan privatizador de semillas y alimentos, los pequeños productores consideran a las semillas autóctonas como “una fuente de vida porque la alimentación de un pueblo se basa en ellas, si nos alimentamos sanamente estamos garantizando la vida” indica Justo al momento de asegurar que una de las tareas principales del campesinado y de sus organizaciones es la de proteger y velar por las semillas nativas ante el avance de los transgénicos y la falta de asistencia del Estado a los productores y conservadores de las semillas.

Las semillas transgénicas representan no solo un riesgo para la alimentación, sino además son un perjuicio para el productor ya que sus paquetes tecnológicos tienen un costo elevado y requieren de la aplicación de potentes agrotóxicos, mientras las semillas nativas son de uso e intercambio libre para los pequeños productores campesinos y no requieren de productos químicos.

Fuente y foto: Base Investigaciones Sociales (BASE IS)

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