Antimafia social sin fronteras

LIBERA

Muros

Libera ha organizado en Milan el día 15 de Junio, una iniciativa pública sobre los muros y la negación de derechos. Aquí, en seguida, compartimos la reflexión que salió del evento.

El escritor estadounidense Jonathan Franzen dió una definición original del “muro total” que Donald Trump quiere construir a lo largo de los 3185 kilómetros de frontera entre México y Usa. Según Franzen, este muro “soñado” es una buena metáfora de nuestro tiempo. O mejor dicho, es “la encarnación literal de los muros que, en la época del tecno-consumismo, la gente eleva entre sí misma y los hechos que no le gustan”. La realidad es desagradable, sigue Franzen, y muchos piensan: “Quizás desaparezca si le pongo delante un muro”. Esta afirmación nos ayuda a entender un fenómeno típico de esta fase histórica. Los muros se multiplican. Después de la Guerra Fría – contrariamente a la opinión común – su número ha crecido a ritmo constante. Una paradoja para la época que comenzó a partir de la caída de la gran barrera que partía en dos la ciudad de Berlín. Antes del 9 de novembre de 1989, a lo largo del planeta existían 15 muros. Actualmente son más de 40. Si sumamos los que se quieren construir, la cifra alcanza el récord de 70. Sin embargo, no es solo una cuestión de números. El “muro” cambió piel, es decir que cambió su significado en el lenguaje político y simbólico. ¿Por qué? Durante la Guerra Fría, las barreras físicas solían dividir Países o territorios en conflicto. Un claro ejemplo es el muro entre las dos Coreas, a lo largo del paralelo 38: construido al final de la guerra entre Norte y Sur, separa la Seul capitalista de la Pyongyang comunista. Lo mismo ocurre con el puente blindado entre China y Hong Kong. Los llamados “muros de paz” en Irlanda del Norte (1969) dividían los barrios católicos de los protestantes para que no hubiera enfrentamientos. Las vallas de Chipre (1974) separaban la parte turca de la griega. También muros más recientes – como los entre India y Pakistán, Pakistán y Afganistán, Kuwait e Iraq, Irán y Afganistán, todos los muros de Israel – responden a la necesidad de marcar un punto conflictivo. En este sentido, su “percepción” en la opinión pública era negativa, porque aludía a un conflicto. En los últimos años, asistimos al surgimiento – físico y simbólico – de otro tipo de barrera. Ya no sirven para separar zonas disputadas, sino para arrestar la inmigración. Los precursores fueron, en este sentido, las vallas que España construyó en el año 1990 para blindar sus enclaves en territorio marroquí: Ceuta y Melilla. En el mismo periodo empezó la edificación del muro de Tijuana, primer tramo de la barrera que actualmente cierra un tercio de la frontera méxico-estadounidense. Si en América – después de las bases de los Noventa – el apogeo del muro coincide con el post-ataque del 11 de septiembre, en Europa han sido decisivos los últimos cinco años. Es decir, la realización de la barrera entre Grecia y Turquía de 2012 seguida, dos años después, por la barrera entre Bulgaria y Grecia. Éstas, de todas formas, cerraban los márgenes externos de Europa. Fue el premier húngaro Viktor Orban, el 15 de septiembre de 2015, quien elevó el primer muro anti-inmigrantes en el corazón de Europa, entre Hungría y sus vecinos, para cortar la ruta balcánica. Ésta última se reorientó pasando por Austria. Viena, entonces, después de haber criticado duramente la decisión de Orban, construyó su muro con Eslovenia, dos meses después. La siguió Macedonia, en marzo 2016 y por última Inglaterra con Calais. Pero el “fervor edilicio” no para. Porque, ahora, el muro ha perdido su significado negativo. Se ha convertido, ante los ojos de la opinión pública, en un instrumento de protección contra la “invasión” de gente ajena, que viene para robarnos nuestro bienestar. No importa si las barreras no sirven – no hay puerta que la corrupción no abra – ni si crisis y desempleo tienen muy poco que ver con los migrantes. Esta es la imagen que cierta política logró vender. Trump, en este sentido, no inventó nada, pero sí logró centrar toda la política estadounidense en la cuestión migratoria. Su victória ha sido el triunfo del “fake fact”: intercambiar una idea, equivocada, con la realidad.

libera

Libera. Asociaciones, nombres y números contra las mafias

Es una red italiana de la sociedad civil que lucha contra los sistemas mafiosos y la corrupcion a travès de la Memoria de las victimas y apoyo a sus familiares, de la promocion de una cultura de paz y legalidad, y del Compromiso para el re-utilizo social de los bienes encautados a los mafiosos. Contaremos de la belleza de experiencias concretas que hay en el proceso de cambio desde abajo, y de como la justicia de todos es libertad para cada uno, en Italia como en todo el mundo.

Dejar una Respuesta

Otras columnas