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Multitudinaria bienvenida de estudiantes, profesores, feministas, trabajadores e indígenas a Marichuy en la UNAM

Crónica: Gloria Muñoz Ramírez Fotoreportaje: Carlos Ogaz y Felipe Suaste/ Regeneración Radio

Ciudad de México | Desinformémonos. El mosaico multicolor de Juan O’Gorman, que representa el mestizaje mexicano en el costado sur de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), justo atrás de rectoría, fue el telón de fondo de la multitudinaria bienvenida que ofreció la comunidad universitaria a los pueblos indígenas de México y a su vocera, María de Jesús Patricio, conocida simplemente como Marichuy, quien llegó a la Máxima Casa de Estudios en el contexto de la recolección de firmas necesarias para que, por primera vez en la historia de este México mestizo, el nombre de una mujer indígena aparezca en la boleta electoral de la contienda presidencial del 2018.

Desde el mediodía empezaron los preparativos auspiciados por la Red Universitaria de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno. Atrás de la explanada fueron colocadas carpas y mesas para la recolección de firmas, mientras se acomodaba un sencillo templete cubierto con una manta y una sola consigna: “Un paso más”, coronado con una estrella roja, mientras de la biblioteca colgaba otra gran manta con la leyenda: “Venimos a hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se ha dicho demasiado”.

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De cientos se transformaron en miles. Unas quince mil almas atiborraron esta explanada histórica en un ambiente festivo estimulado por los músicos solidarios Lengualerta, Botellita de Jerez, Rubén Albarrán y Meme, de Café Tacvba. Y, al final, los infaltables Batallones Femeninos y León Chávez Texeiro.

“Estremezcamos juntos a esta nación”, pidió la sanadora y vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) a los miles de estudiantes que la esperaron durante más de dos horas en el recinto universitario. Las goyas y uno que otro huelum del Politécnico se dejaron escuchar. Hace muchos años que nadie, en el marco de las elecciones, llenaba esta plaza. Emblemáticos fueron los recibimientos a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y al Subcomandante Marcos en 2001 y en 2006. A ellos se suma hoy la visita de Marichuy a la UNAM.

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La generación del temblor del pasado 19 de septiembre regresó a la calle y tomó su espacio. Estaban ahí jóvenes que se auto organizaron sin permiso ni ayuda de nadie durante el sismo, los que cargaron escombros y salvaron vidas. A ellos y muchas ellas, la vocera nahua rindió homenaje y les explicó que la lucha de los pueblos indígenas “no es por el poder y no es tampoco por puestos públicos o votos electoreros”, sino por la búsqueda de “la conciencia colectiva de abajo, esa que hemos visto nacer y florecer en los estudiantes organizados y que nos han enseñado mucho con su dignidad y determinación”.

Ante una generación que aún goza de las conquistas de los movimientos estudiantiles que han impedido la privatización dela UNAM, Marichuy insistió en que la educación, además de gratuita, debe ser “crítica, científica y acorde a la realidad de esta nación multicultural en la que las culturas originarias siempre han sido negadas”, para que, dijo, “deje de ser parte de los engranes que hacen funcionar al sistema capitalista”.

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El maestro emérito Adolfo Gilly escuchaba atento a un costado de una explanada no sólo ocupada por universitarios. Estaban ahí mujeres otomís radicadas en la Ciudad de México, llegaron comuneros de Cherán y de Milpa Alta. También de Morelos y de Puebla. Hasta el momento ha sido el acto más concurrido de esta etapa del movimiento indígena que inició con la propuesta lanzada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que fue recogida por el Congreso Nacional Indígena (CNI).

Bienvenida Marichuy

El acto político inició con la adhesión del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). “Queremos decirles que nuestro sindicato acordó por mayoría acompañar las firmas de nuestra compañera Marichuy”, dijo Martín Esparza, quien condenó “las manifestaciones racistas y misóginas que desde una supuesta izquierda descalifican la candidatura indígena”, al tiempo que cuestionó el método del Instituto Nacional Electoral (INE) que “condiciona la participación política a la posesión de un medio electrónico que no está al alcance de todos”.

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El grito de “Bienvenida Marichuy” acompañó a la vocera del CIG desde su llegada a Ciudad Universitaria. No arribó directo al acto, pues la primera parada fue en las inmediaciones del Instituto de Ingeniería, justo a un costado de la caseta telefónica en la que en mayo pasado fue encontrado el cuerpo sin vida de la joven Lesvy Berlín Ramírez Osorio. En ese lugar fue recibida por Araceli Orozco, madre de Lesvy, con quien se abrazó para demandar justicia por este feminicidio no reconocido. A “vivir sin miedo” convocó la madre de Lesvy a los estudiantes que al grito de “Ni una más” condenaron la violencia de género en México.

Marichuy exigió justicia para Lesvy, y también “castigo a los culpables” de la muerte de Carlos Sinuhé Cuevas Mejía y de Luis Roberto Malagón de Gaona, éste último estudiante de la Facultad de Derecho, asesinado en 2017.

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En su discurso de tres cuartillas, leído con voz pausada y serena, María de Jesús Patricio aludió a las luchas estudiantiles de 1968, 1986 y 1999 que, dijo, “nos recuerdan que es también la hora de ustedes y que no sólo son el futuro sino el presente, y no de México sino del mundo”. Se refirió también a las luchas de las mujeres “que se rebelan y se organizan” y convocó a romper “con las inercias viciadas que nos mantienen divididos”.

Marichuy llegó a la UNAM acompañada por integrantes del Concejo Indígena de Gobierno. Ahí estaba Mario Luna, de la tribu yaqui, Bettina, zapoteca de los pueblos del Istmo de Oaxaca; Osvelia, quien con sus 80 años enarbola la lucha de Tepoztlán; Magda, mazahua ex presa política, y decenas de concejales y concejalas que se acomodaron en el templete y su alrededor. En cuanto llegaron, también fueron indígenas los que se encargaron de la seguridad, relevando a los estudiantes que custodiaban las instalaciones.

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“Les queremos decir que aquí estamos, que no nos vamos a rendir, que queremos aprender a caminar con ustedes. Que los apoyamos en todo porque para nosotras es un gran honor que la voz de una mujer indígena represente la voz de los pueblos originarios y de las mujeres. En su voz, miramos nuestro reflejo”, dijo en su discurso de bienvenida una joven estudiante en representación de las Redes Universitarias de Apoyo al CIG.

La noche llegó y con ella la partida de esta representación de los pueblos indígenas de Ciudad Universitaria. Tocó a León Chávez Texeiro, trovador que ha acompañado las luchas estudiantiles desde 1968, despedir a la comunidad universitaria que desafió el calificativo de millennial y retomó su espacio.

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A continuación el discurso completo de María de Jesús Patricio en la UNAM

Hermanos y hermanas de esta Ciudad de México.

Hermanos y hermanas de la comunidad universitaria en esta casa de estudios.

Medios de comunicación.

Hermanos y hermanas del pueblo de México.

Es un honor encontrarnos con todos ustedes en este lugar tan simbólico e importante en la historia de las transformaciones que han ido dando forma a lo que somos como nación mexicana.

Hoy más que nunca, necesitamos que la educación sea crítica, científica y acorde a la realidad de esta nación multicultural en la que las culturas originarias siempre han sido negadas. Lo anterior para que deje de ser el adiestramiento para instruir

operadores del despojo, de la producción desmedida, de los justificadores del desastre social, político y ambiental a que nos ha sometido este sistema capitalista, que deje de ser la educación el semillero de la enajenación de los pueblos en nuestras comunidades y en las ciudades; o sea que deje de ser parte de los engranes que hacen funcionar al sistema capitalista.

Necesitamos que la educación sea gratuita y popular porque los derechos no deben ser mendigados ni convertidos en mercancía, sino reivindicados y ejercidos sin miedo para la construcción de nuevas formas y horizontes.

Así pues, es urgente lograr que la generación y transmisión del conocimiento en las universidades y escuelas esté permanente vinculado y al servicio de las y los de abajo, sea en las ciudades o en las comunidades indígenas y campesinas, y que no sea más un arma de los poderosos para seguir con este sistema depredador que ya amenaza la vida entera.

Queremos decirles que así como hemos encontrado siempre una palabra honesta, verdadera y consciente en los jóvenes estudiantes de distintas instituciones y universidades, los que somos el Congreso Nacional Indígena no hemos dejado de estar atentos a las rabias y los dolores que se han germinado aquí, como es el caso de la compañera Lesvy Berlín, asesinada en este mismo año aquí en Ciudad Universitaria.

Exigimos la verdad y castigo a los culpables de la muerte del compañero Carlos Sinuhé Cuevas Mejía, solidario y comprometido con las luchas del pueblo trabajador y que fue asesinado en el año 2011 sin que hasta la fecha las autoridades del mal gobierno hayan cumplido con la exigencia de verdad y justicia, como pasa también con el compañero Luis Roberto Malagón de Gaona, estudiante de la Facultad de Derecho, asesinado en el año 2017.

A ellos, a ella, a sus familias les manifestamos nuestro acompañamiento sincero y humilde que no es de coyunturas políticas y menos electorales. Tengan por seguro que la memoria es la virtud de las comunidades y pueblos del CNI, por lo que estamos y estaremos hombro con hombro con ustedes.

Y les decimos que estamos y estaremos, por que el dolor y la rabia que tenemos los pueblos originarios es también por ver a nuestros muertos y muertas, desaparecidos y desaparecidas, encarceladas y encarcelados por defender lo que para nosotros es la vida. Tenemos dolor y rabia por la impunidad ante miles de feminicidios, por la violencia sistemática que día con día vivimos las mujeres del campo y las ciudades y que nos hacen decir “¡ya basta!, llegó la hora de las mujeres”, y no tengan duda, nosotras también vamos por todo.

Porque nuestra lucha y nuestra apuesta es muy grande y no debemos parar de construir, con dignidad, el México en el que las mujeres no falten nunca más en el camino y en los trabajos para sanar nuestra patria.

Cuando hemos dicho que nuestra lucha, que nos está llevando a recorrer los rincones del México de abajo, no es por el poder y no es tampoco por puestos públicos o votos electoreros, lo decimos porque venimos buscando algo mucho más grande e importante, venimos buscando la conciencia colectiva de abajo, esa que hemos visto nacer y florecer en los estudiantes organizados y que nos han enseñado mucho con su dignidad y determinación.

Prueba de ello son las luchas históricas hechas por los estudiantes de 1968, 1986 y 1999, que nos recuerdan que es también la hora de ustedes y que no sólo son el futuro sino el presente, y no de México sino del mundo. Hoy les decimos que junto con ese aprendizaje en la memoria histórica de los universitarios y la juventud rebelde, es el tiempo de impulsar y construir desde el pensamiento y acción colectiva de los pueblos originarios y la dignidad y fuerza de la lucha de las mujeres que se rebelan y se organizan, el nuevo mundo que nos está reclamando la historia.

Compañeras, compañeros, nuestra propuesta como pueblos, naciones, tribus indígenas de este país, representados en el Concejo Indígena de Gobierno, es muy sencilla: estremezcamos juntos a esta nación, rompamos con las inercias viciadas que nos mantienen divididos, descolonicemos el pensamiento capitalista individualista y patriarcal para que podamos germinar y florecer los pueblos del campo y la ciudad y, con ello, florezcan también las ciencias y las artes al servicios de todas y todos en lugar de servir a las trasnacionales.

Queremos, pues, que sepan que otra forma de gobernarnos es posible, que entre las ruinas que van dejando a su paso la ambición y el dinero nacen esperanzas y mundos nuevos. Que así como la organización digna y autónoma nació de la desgracia y el luto que ensombreció a este país por los recientes sismos, así también del luto y el dolor dejado por el capitalismo están resurgiendo las guías y las claves para reconstruirnos como pueblos y como nación.

A ustedes, la juventud consciente, a los creadores y multiplicadores de artes y ciencias, los reconocemos como una gran luz en medio de tanta muerte y oscuridad, los necesitamos para seguir soñando, luchando y haciendo cada vez más grande eso que los poderosos tanto temen y que se llama democracia, libertad y justicia.

A todos nuestros hermanos y hermanas de esta gran ciudad, hoy profundamente desgarrada, atrapada en las redes de la violencia y el crimen organizado, despedazada a cada momento por las ambiciones de los grandes capitales inmobiliarios, a cuyas decisiones se encuentran sometidos todos los poderes públicos y todos los colores de la política de arriba, queremos decirles que es el tiempo de reconstruir esta ciudad y este país desde abajo y a la izquierda, renaciendo la solidaridad de todos y de todas, la que en ocasiones anteriores les ha distinguido, durante los sismos de 1985, en los recientes sismos, en las ocasiones en que se reclama el esfuerzo y la unidad de los miles y miles que con su trabajo diario hacen posible la vida de la ciudad.

La ciudad, las ciudades, son por excelencia el espacio en el que el capitalismo se reproduce sin cesar; el espacio y el tiempo de las ciudades están organizados para satisfacer la reproducción del sistema capitalista. La explotación, el despojo y el desprecio son momentos permanentes en la existencia de las ciudades.

En ese sentido el trabajo de organización que todas y todos ustedes realicen para enterrar este mal sistema que se nombra capitalista resulta fundamental, y el esfuerzo que hagamos los pueblos originarios para resistir y rebelarnos en contra de esta realidad de despojo y explotación se queda corto, se queda trunco, si los trabajadores y las trabajadoras, si las amas de casa y quienes comercian de modo precarizado en las calles, si las y los jóvenes de esta enorme ciudad, de las ciudades, no hacen la parte que les toca.

Se trata de que las y los de debajo de esta Ciudad, junto con los pueblos indígenas originarios y residentes que la habitan y que están arrinconados, perdiendo gradual pero aceleradamente sus antiguos territorios, o viviendo y trabajando en condiciones infrahumanas, organicen la alegre rebeldía y resistencia anticapitalista, buscando golpear al monstruo en su corazón a la par que se construye una nueva ciudad realmente justa, libre y democrática.

Desde Ciudad Universitaria, Ciudad de México

A 28 de noviembre de 2017

Nunca Más un México sin Nosotros

Fotoreportaje: Regeneración Radio

 

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