Brasil en Rojo

Spensy Pimentel

México 1968 – Rio de Janeiro 2016

En dos semanas comenzaran en Rio de Janeiro los primeros Juegos Olímpicos realizados en un país de América Latina después de los juegos en la Ciudad de México de 1968. La primera Olimpiada del continente, como se sabe, quedo eternamente manchada por la masacre de Tlatelolco, la cual sucedió pocos días antes de las competencias.

Para no olvidar que la historia sólo se repite como farsa, la nueva Olimpiada latinoamericana sucederá en un país marcado por un golpe parlamentar (acertado por falsos conservadores que en su inmensa mayoría están más preocupados en evitar su encarcelamiento por corrupción, dentro de las intensas investigaciones que se llevan a cabo en el país), que sacó del poder un falso gobierno de izquierda (el cual señalaba en campaña que combatiría a los liberales, pero en los primeros días de su mandato anunció un violento ajuste fiscal) – gobierno acusado también de falsos crímenes en el actual proceso de impeachment. Un golpe principalmente coronado por una clase media falsamente liberal, que en el fondo parece estar preocupada en mantener los privilegios que consiguieron de la herencia esclavista.

De cualquier manera y a pesar de la inverosímil farsa que está en curso, el golpe tiene el apoyo de los fantásticos medios de comunicación brasileños, extraordinarios en su competencia para mantener a nuestra numerosa población mentalmente anestesiada. En la historia inventada por estos medios hegemónicos brasileños, el país estaría en banca rota por causa de las extravagancias y robos promovidos por la gangue comunista del PT, motivo por el cual es necesario adoptar ¡acciones drásticas para la salvación del país! Así, en un movimiento mágico, sirguen las privatizaciones, la entrega del petróleo a los grupos extranjeros, el desmonte de los servicios públicos, la destrucción de la legislación laboral, etc.

Mientras tanto, para que la turba que apoya el golpe se distraiga, amenazando y golpeando gente por las calles, sigue en curso la demonización de los movimientos sociales y de cualquier – literalmente de cualquier – segmento que pueda ser llamado de “comunista”: sindicatos, movimientos étnicos, feministas, LGBT, maestros de ciencias sociales, inmigrantes.

Muy al estilo brasileño, nuestros tlatelocos son cobardes, disfrazados. El Estado no mata centenas en un ataque, prefiere ejecutarlos poco a poco en la periferia, en las comunidades indígenas, en la zona rural. El brazo armado del actual golpe no es el ejército, sino las Policías Militares, que en Brasil son comandadas por los estados.

No es casualidad que el presidente interino fuera secretario de Seguridad Pública del estado de São Paulo, ni tampoco que nombro para el ministerio de Justicia a otro abogado que como él ocupaba el mismo cargo. La Policía Militar de São Paulo representa hoy una de las mayores fuerzas armadas de América latina, con 100 mil hombres. Y si juntamos a las Policías Militares de São Paulo y Rio de Janeiro, los estados con mayor población en Brasil, ellas matan actualmente más que todas las policías de los Estados Unidos.

Recientemente un aplicativo de celular fue lanzado por Amnistía Internacional con el objetivo de realizar un mapeamiento colaborativo de los tiroteos registrados en la región metropolitana de Rio de Janeiro. El resultado de la iniciativa, aun e fase de test, es aterrador: en promedio 1,5 tiroteos por hora. En siete días, 265 notificaciones de este tipo.

Los medios de comunicación hegemónicos se esfuerzan por proyectar a nivel nacional e internacional la imagen de un Brasil cordial, gentil, receptivo, abierto a la diversidad. Pero, si se observa con atención, se puede percibir que todo el esfuerzo para repetir esos mantras, esconde una realidad siniestra. Somos un país que registra más de 50 mil asesinatos por año, siendo más del 70% de ellos realizados con armas de fuego – en los rankings internacionales, sólo quedamos por debajo de países como El Salvador, Guatemala, Venezuela y Colombia.

¿Consideras que está mal? ¡Pues se va a poner peor! Todo indica que en breve el gobierno interino se prepara para una nueva ofensiva contra los movimientos sociales. Y para ello cuenta, inclusive, con la ayuda de medidas encaminadas por los gobiernos del PT, como la ley antiterrorismo y otras innovaciones, las cuales permiten actualmente a ciertos jueces considerar a movimientos como el de los Sin Tierra (MST), una “organización criminal”.

Y para conocer en toda su crudeza el increíble modelo brasileño, capaz de mantener las cosas funcionando para el capitalismo con el mínimo gasto y el máximo de lucros, los Juegos Olímpicos serán una gran oportunidad. Como se vio recientemente en la Eurocopa realizada en Francia, vamos a probarle al mundo que es posible reprimir con competencia las movilizaciones sociales, al mismo tiempo en que se mantiene el terreno limpio para los mega eventos internacionales.

Al final ¡el show debe continuar!

Traducción y revisión: Ernenek Mejía

Spensy Pimentel

Periodista y Antropólogo brasileño. Ha Colaborado con publicaciones independientes de Brasil como Caros Amigos, Brasil de Fato, Carta Capital, Retrato do Brasil, entre otras. Acompaña a los Guarani Kaiowa, de Mato Grosso do Sul, divulga su problemática y su proceso autónomo.

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