Hambre y desnutrición, otra forma de genocidio: Ricardo Falla

Pedro Rendón / ICM

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Ciudad de México. No sólo por matanzas se puede destruir a una población de una forma genocida, sino también por generar condiciones extremas de vida como el hambre y la desnutrición, mencionó el doctor Ricardo Falla, jesuita y antropólogo que hizo un acompañamiento pastoral a la población durante la guerra civil de Guatemala, ocurrida entre 1960 y 1996.

“Cuánta gente murió por hambre, por desnutrición; no por masacres… Nosotros lo pudimos ver, cómo (los militares) cortaban cosechas, cómo quemaban casas, como mataban animales”, abundó durante su ponencia ‘Ricardo Falla, S. J.: investigando sobre el genocidio y la resistencia’, que pronunció en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

El guatemalteco, que asistió a la IBERO por invitación del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, relató sus experiencias personales y desde la investigación en torno al genocidio y la resistencia en Guatemala, específicamente la ‘masacre de San Francisco’, en la que fueron asesinadas 350 personas en 1982, año que junto con 1981 fueron los del auge revolucionario campesino.

Recordó que cuando buscó comprobar que esa masacre perpetrada por el ejército guatemalteco podía calificarse de genocidio se encontró con que éste es un concepto difícil de probar, “porque para probar genocidio hace falta que el objeto de la matanza sea uno de cuatro grupos: un grupo nacional, un grupo racial, un grupo étnico o un grupo religioso. Si es un grupo político eso no entra en genocidio; es matar, pero no es genocidio. Eso es en cuanto al objeto de la matanza”.

“Pero en cuanto a la intención, ahí es donde está la dificultad. El ejército o el que comete el genocidio puede tener la intención de acabar ese grupo; pero para que sea genocidio esa intención tiene que ser de acabar, destruir al grupo como tal, es decir, como étnico o como racial”.

Esas definiciones conceptuales hacen pensar a Falla que “cuando tú quieres meter, encorsetar tu visión de la realidad social, que es mucho más dinámica que los términos jurídicos, entonces le estás haciendo un daño a la realidad que quieres tú entender”.

“Yo metí una consideración distinta, yo metí la consideración de los microgrupos. Las aldeas o los parajes son también grupos étnicos, no sólo en cuanto a que geográficamente se distinguen entre sí, sino porque las aldeas tienen una identidad étnica particular que se nota por su parentesco. Son esas aldeas, esos grupos, esos núcleos, los nodos de los pueblos indígenas, los nodos más fuertes. No por casualidad la guerrilla trabajó con ellos; y el ejército lo comprendió y atacó esos nodos, porque atacando así atacaba al pueblo”.

A partir de ese punto de vista el Padre Falla trató de comprobar que las personas masacradas de San Francisco –finca del municipio de Huehuetenango- conformaban, además de por ser indígenas mayas chuj, un grupo étnico por su identidad y parentesco, lo que les distinguía de otros.

Sobre la intención, el otro punto necesario para comprobar el genocidio, refirió que un trabajo realizado de manera posterior a la ‘masacre de las Dos Erres’ se emplea como argumento la formación racista del ejército.

“Luego decíamos también otra cosa, la matanza pretendió ser total, es decir, matar a toda la gente de esa pequeña aldea (San Francisco). Entonces si quieres matar a toda la gente, pues estás cometiendo genocidio, porque estás queriendo matar como tal a esa aldea”.

La resistencia

Junto con el genocidio, el jesuita Ricardo Falla encontró a la resistencia, que había nacido tal vez no del genocidio, sino antes, en las masacres en el Ixcán guatemalteco, donde en “una aldea que se llamaba Cuarto Pueblo el ejército mató a cerca de 350 gentes”.

De esos hechos, el Padre concluye: “la resistencia civil contra el agente militar no se hubiera dado sin un agente militar, la guerrilla; y al revés tal vez también. El arte de este caso fue la combinación de ambos, no sólo para evitar un genocidio mayor, sino para prolongar las fuerzas revolucionarias y sacar algo de los

Acuerdos de Paz, es decir, esta resistencia sirvió para los Acuerdos de Paz”.

Tras lo relatado, el invitado de la IBERO dijo que las preguntas que quedan para todos son: ¿El genocidio, toda esta cadena de masacres que ha habido, a la larga promoverá una actitud pasiva o una actitud activa frente a la vida y frente a la opresión?, ¿promoverá una resistencia civil este genocidio que se ha vivido?, ¿promoverá a la larga una resistencia civil; en qué contextos?, ¿promoverá también una cultura de la violencia o de la paz?, ¿promoverá la división profunda en la sociedad?

Ricardo Falla

Previo a la ponencia del antropólogo el doctor Enrique Gutiérrez Márquez, director del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO, mencionó que sin duda el trabajo del Padre Ricardo Falla ha planteado una reflexión más que oportuna, pertinente y necesaria sobre los problemas que han estado presentes en grandes regiones de América Latina.

“El profesor Falla es maestro en hacer etnografías en contextos de persecución y violencia extrema, es autor de obras que son fundamentales para conocer el funcionamiento de la contrainsurgencia rural”

Durante el conflicto armado escribió un conjunto de trabajos antropológicos, etnográficos, sociológicos, testimoniales y personales acerca de los mayas en Guatemala, a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX y hasta la actualidad.

“Falla ha hecho una contribución fundamental acerca de cómo los campesinos indígenas resisten, plantándose y plantándole cara a los poderosos, y optan de alguna manera por resistir”.

“Esta socioetnoantropología de Falla es una fuente inagotable de descripciones densas y publicaciones profundas sobre la insurgencia, el genocidio y la resistencia, que de alguna manera plantean esta reflexión sobre la condición humana. Sus libros constituyen también una referencia fundamental para aquellos que se plantean hacer una etnografía en contextos de violencia”.

Además de su conferencia, en su visita a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México el jesuita guatemalteco también impartió el taller “El arte de hacer etnografía bajo persecución”.

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