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“El gobierno nos sigue debiendo mucho”: víctimas del #19S en la colonia Obrera

Krizna Aven

Fotos: Krizna Aven

Ciudad de México | Desinformémonos. Antes del mediodía familiares, amigos, vecinos y personas solidarias se reunieron para rendir un homenaje a las personas que murieron el año pasado en el edificio donde trabajaban alrededor de 100 personas, entre ellas mujeres costureras, en la calle de Bolívar y Chimalpopoca, por del sismo que azotó a la ciudad y a varios estados.

Entre aplausos y minutos de silencio en memoria de los caídos, los familiares y amigos regalaron rosas blancas y entonaron el himno nacional. Alrededor de la 1: 17 pm se activó la alerta sísmica, lo que transformó el ambiente en melancólia y dolor al recordar la tragedia.

Arturo Gómez quien perdió a su esposa María Elena Sánchez Lira y a su suegra Teresa Lira Infante, de 55 y 75 años respectivamente, estuvo presente este día con sus hijos y familiares para recordarlas.

Arturo, de 55 años, relató que su esposa trabajaba para la empresa Seo Yong Internacional, en el tercer piso, distribuía aplicaciones para la industria del vestido, y ahí laboró por más de seis años “Sigo recordando ese día, llegué aquí como a las 2:30 de la tarde en cuanto me enteré que el edificio se había derrumbado, para mí fue impactante y devastador lo que vi”.

Añadió que se mantuvo “ayudando hasta la madrugada a remover los escombros con la esperanza de encontrarlas con vida. Desafortunadamente ya las habían sacado como a las seis de la tarde pero ya habían fallecido,  las tenían sobre Chimalpopoca y yo estaba del lado de Bolívar. Irónicamente, los primeros rescatistas que ayudaron a sacarlas fueron los bomberos que habían participado en el simulacro unas horas antes en la escuela primaria que está al lado, estaban comiendo cuando se produjo el sismo”.

Las autoridades, acusa Arturo, “no nos han cumplido lo que nos prometieron debido a la democracia y el tortuguismo con las que operan. Nos prometieron apoyo económico que nunca nos dieron, además del pago del servicio funerario que si llegó pero después de tres meses, ya cuando entre mis familiares y yo ya habíamos pagado”.

Por eso, indica, “pido que se haga justicia y que se les finquen responsabilidades a los dueños del edificio. Ellos  sabían que se encontraba dañado desde el sismo del 85 y aun así lo siguieron arrendando”. Además, señala, “permitieron colocar una antena de telecomunicaciones con un peso de 40 toneladas en la azotea, a pesar de saber el riesgo que se corría. Los dueños son judíos, el accionista mayoritario es Alberto Cojab Sacal, y se dedican a infinidad de negocios, entre ellos el inmobiliaria, y creyó que con la mínima retribución que nos ofreció iba a callar la conciencia de todos”

Las autoridades actuales, advierte el entrevistado, “nos quedan a deber, no cumplieron con lo que nos prometieron. Para ellos no existen nombres, sólo números, son inhumanos e insensibles.

Por su parte, EriK Gómez Sánchez, de 25 años, de oficio almacenista e hijo de María Elena comenta que el día del simso estaba en su trabajo en la colonia Santa María Aztahuacan, “ y me enteré por mi familia que mi mamá estaba atrapada en el edificio. Llegué inmediatamente con mi hermano y ayudamos cubeteando los escombros, me llené de angustia al no encontrar a mi mamá y a mi abuelita y más cuando empezó a llover. Vi como sacaron a dos personas, no supe si seguían con vida pero no eran ellas, y así estuvimos hasta las tres de la madrugada que nos informaron que ya tenían sus cuerpos y nos retiramos de aquí para hacer los trámites”.

Relata Erik que se sorpendió  “al ver a mucha gente ayudando sin poner peros y desinteresadamente, pero no a las  autoridades, pues ellos mejor se dedicaron a robar las despensas que las personas con mucho amor empezaron a donar, por eso nos quedan a deber bastante“. A partir de ese día, dice, “mi vida cambio, me volví más responsable, valoro más mi vida y mi salud porque sé que en cualquier momento las puedo perder”.

Erik regresó al lugar para pintar un mural en la barda en honor a las mujeres que murieron, “Estoy orgulloso de mi mamaá y más en sus últimos momentos porque sé que fue fuerte.

En la explanada en la que estubo la fábrica, se encontraron rescatistas que apoyaron el rescate de personas, entre ellos Janet Ficachi, de 41 años de edad, técnica en urgencias médicas y estructuras colapsadas y voluntaria del ERUM (Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas). Ficachi, madre soltera y rescatista recordó que “como voluntaria, el primer lugar donde vine a apoyar fue aquí porque había mucho trabajo. Cuando llegué no di crédito a la devastación, nadie te prepara para esto, ni miles de cursos, había gritos, gente ayudando, miedo, máquinas, tráfico, era un caos. No puedo describirlo, pero arriesgué mi vida para salvar otras y valió la pena.

Foto de madre e hija fallecidas en el taller de costureras de Chimalpopoca

A un año de distancia, Janet considera que “falta más organización, capacitación e información sobre los protocolos de rescate y cómo actuar en estos casos, pero sobre todo credibilidad de la sociedad hacia nosotros los rescatistas, pues gente nos gritaba que queríamos dejar enterradas a las personas y que estábamos encubriendo al gobierno”

Janet, compañada de Nala, una perrita de siete años de raza Golden Restriber que tiene una experiencia de seis para localizar personas atrapadas en siniestros, con voz entrecortada y a punto de llorar cuenta que la perrita detectó seis marcas donde se rescataron a ocho personas de las cuales sólo se encontraron a dos con vida.

“Espero que no se repita una tragedia igual, pero si llegara a suceder haría exactamente  lo mismo, por mis valores cívicos, morales y profesionales. Es mi deber. México es un gran país, no olvidemos que somos atentos, unidos solidarios y desprendidos, para  nosotros todos los días deberían ser 19S. Hasta ahorita no me he encontrado con alguien que haya ayudado, pero al ayudar en su rescate se vuelven como si fueran de mi familia, gracias por darme la oportunidad de existir en su historia de vida”, concluyó.

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