Familiares de personas desaparecidas llevan su búsqueda a la literatura

Rafael E. Lozano*

Foto: En México, más de 91 mil personas permanecen en calidad de desaparecidas. El 25% de esos casos se han acumulado durante la actual administración, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. (Moisés Pablo / Cuartoscuro)

María Guadalupe Fernández Martínez lleva 12 años y 8 meses en busca de su hijo José Antonio Robledo, desaparecido en Monclova, Coahuila. La crónica de esta desaparición ha sido contada muchas veces por medios de comunicación y organizaciones civiles. Pero, esta vez, es Guadalupe quien escribe su historia en un libro.

Luego de participar en un taller de creación literaria impartido por la escritora Brenda Navarro y organizado por Centro de Análisis e Investigación Fundar, familiares de personas desaparecidas escribieron 13 relatos en los que cuentan cómo la desaparición forzada afectó y sigue afectando sus vidas. El resultado es el libro No hay lugar en este país, editado por el Centro de Análisis e Investigación Fundar, y disponible en edición digital para descarga gratuita.

“Por desgracia, las personas que nos ven en las marchas, que nos ven cuando hacemos algún acto público, nos han llamado locas, inútiles, flojos, flojas, por salir a las calles a clamar por verdad y justicia. Más que nada, a mí me interesa que lean el día a día de cada quien: cómo hemos ido logrando sobrevivir. Al principio es tan difícil salir: cae uno en un pozo sin fondo y, cada día, la misión es tratar de salir un poco, una pulgada, un centímetro, y no volver a caer…”

Lo importante, subraya Guadalupe, es que las personas “vean lo que no se ve”.

RELATOS QUE NACEN DEL CUERPO

Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, de la Secretaría de Gobernación, en México se han reportado 226,227 personas desde la década los sesenta; de las cuales, 91,754 siguen sin aparecer. Los cinco estados con más personas aún desaparecidas o sin localizar son Jalisco (13,955), Tamaulipas (11,597), Estado de México (9,910), Nuevo León (5,610) y Veracruz (5,457). En este último estado vive Emmanuel Espinosa, uno de los autores del libro, quien  narra la desaparición de su padre.

De acuerdo con el mismo documento, en lo que va del gobierno de Andrés Manuel López Obrador se han acumulado 23,220 víctimas que permanecen desaparecidas hasta la fecha.

Todas estas personas tienen nombre, familia y una historia. Es, precisamente, eso lo que cada autora y autor logra develar en el libro con el esfuerzo de sus palabras: todo lo que suele quedar oculto detrás de las estadísticas.

“Yo quería platicar miles de cosas, quería platicar de mis hijas, de mi nieto, de mí, de mis compañeras, del mundo en que vivimos…”

Con estas palabras, el pasado 31 de agosto, durante la presentación del libro, Laura Curiel explicó sus razones para participar en el proyecto. Laura busca a su hija Daniela Mabel Sánchez Curiel, desaparecida en 2015 en Tlalnepantla, Estado de México.

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Portada del libro con los 13 relatos de familias de desaparecidos. Imagen: Fundar

“¿Qué era lo más importante que quería yo decirle al mundo sobre mí, como una persona que busca a su hija? Creo que tenemos mucho que contar y esto nos dio pauta para saber que podemos hacerlo: me dio la oportunidad de saber que tengo mucho que contar”.

Erika Rodríguez, quien publica una narración íntima de la desaparición y búsqueda de su hijo Christopher, coincide: “Sentí que podía desahogar un poco, aquí, mi sentir, mi dolor, mi tristeza; porque sé que somos personas que estamos pasando por lo mismo y que, entre nosotros, nos podemos entender, ayudar y dar algún consejo o ánimo”.

Otras autoras que escriben desde su experiencia personal son: Tita Radilla, hija de Rosendo Radilla Pacheco, desaparecido en Guerrero por fuerzas del Ejército el 25 de agosto de 1974, y Martha Alicia Camacho Loaiza, sobreviviente de desaparición forzada,  estudiante disidente raptada por militares en 1977 en Culiacán, Sinaloa.

La mayoría de las autoras y autores del libro viven en Guerrero y Sinaloa, ambos estados con miles de personas desaparecidas y no localizadas: 3,589 en el primero, 4,958 en el segundo.     

Bárbara G. Arredondo, que busca a su hija Penélope; María Del Carmen Benítez, que busca a su hijo, y Tania M. Lagunas, que busca a su hermano Christian, viven en Guerrero. En Sinaloa viven Paulina Quezada y Blanca Soto, quienes buscaron y localizaron a su hermano y marido, respectivamente. También participan José Ugalde, quien busca a su hijo Esaú Ugalde Vega, desaparecido en Querétaro, y Edith Hernández, quien narra el secuestro y rescate de su padre, además de la desaparición y localización de su hermano Israel en las fosas clandestinas de Tetelcingo, Morelos.

LA POTENCIA DEL ARTE Y LA LITERATURA

En conversación con Corriente Alterna, la escritora Brenda Navarro, quien acompañó durante dos meses la gestación de estas narraciones, insiste en que No hay lugar en este país requirió de mucha fortaleza: “Más que testimonios, yo los llamaría autoficción”, aclara, “porque ahí es donde encontramos una personalidad propia, tanto en los relatos como en los autores y las autoras. Esto es un libro literario que vale la pena leerse como tal”.

La autora de la novela Casas vacías destacó que, como sociedad, “vivimos mucho tiempo en estado de shock, especialmente desde el gobierno de Calderón”, la administración en la que se puso en marcha la estrategia de confrontación militar al rimen organizado, vigente hasta la fecha.

“Son justamente, quienes buscan a las personas desaparecidas los que nos están sacando del shock. Creo que todavía no salimos, pero son ellas las que han salido a buscar, las que nos han mostrado con los años que sí hay otras formas de organizarse, otras formas de pedir justicia, otras formas de generar duelo, otras formas de imaginar México.”

Sobre el taller literario que impartió, Brenda Navarro deja claro que no hizo una diferencia con otros talleres que ha ofrecido a personas que quieren ser escritoras: “Nunca les impuse, nunca les dije ‘tienes que hablar de esta forma o tienes que escudriñar en esto que es muy doloroso’. Dejaba que hablaran y, siempre que veía que por ahí podía ir la historia, hacía preguntas”.

Por ello, no fue necesaria una edición profunda de las narraciones de estas madres, padres, hijos e hijas de personas desaparecidas, ya que nadie podía contar mejor sus historias que ellos y ellas mismas. “Ya lo han contado en diversos foros y espacios; es decir, ya lo habían hecho. Lo que no sabían es que se podía leer desde una perspectiva distinta: la literaria. Ese fue mi trabajo”, dice.

 “Estamos hablando de literatura”, destacó la escritora durante la presentación de No hay lugar en este país. “Esta pieza literaria es la muestra de que no podemos separar el arte de la política ni la política del arte; que el arte, en todas sus manifestaciones, demanda los claroscuros de la humanidad”.

*Estudiante

**Nota elaborada con la colaboración de Avelina Velázquez, asistente de proyecto de la UIP.

Publicado originalmente en Corriente Alterna

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