“Cualquiera sabía que esto era un infierno”: familiares de las 34 niñas muertas en Guatemala

Redacción Desinformémonos

Maria del Carmen Urias Ruiz cries outside the morgue where the body of her dead daughter Myra is located after a fire broke out at the Virgen de Asuncion home in San Jose Pinula on the outskirts of Guatemala City, Guatemala March 9, 2017. REUTERS/Saul Martinez

foto portada: Reuters 

Guatemala. El dolor se apoderó de centenares de personas en Guatemala tras el incendio ocurrido el miércoles 8 de marzo en un albergue de menores que, al momento ha dejado al menos 34 niñas y jóvenes fallecidas, mientras que 21 permanecen hospitalizadas por quemaduras en el cuerpo. 

Cuando se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer, Guatemala vivió una tragedia. Un incendio en el Hogar Virgen de la Asunción, que según las investigaciones causaron las propias internas para intentar escapar de una situación de violaciones y vejámenes, trajo el luto al país.

Las menores que siguen internadas presentan quemaduras de hasta cuarto grado, por lo que la mayoría de ellas, de entre 12 y 17 años, está en estado grave y el riesgo de mortalidad es alta.

En el albergue residían 748 niños, niñas y adolescentes, lo cual casi duplica la capacidad del espacio calculado para 400 personas.  Al menos 34 niñas resultaron muertas y otras tantas resultaron heridas gravemente al producirse un incendio en el centro de protección de menores de Guatemala.  Las jóvenes intentaban realizar una protesta en el marco del 8 de marzo, día internacional de la mujer, por los abusos sexuales y físicos que sufrían.

Según ha informado la prensa guatemalteca el fuego fue provocado por las mismas niñas y adolescentes cuando incendiaron colchones buscando visibilizar lo que ocurría al interior del Hogar Virgen de la Asunción. El defensor de la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) del estado guatemalteco confirmó la información.

Sin embargo, uno de los muchachos del sector para hombres que logró escapar, Daniel de 16 años, logró relatar a periodistas de agencias internacionales que las niñas fallecidas estaban encerradas en una escuela bajo llave después de una revuelta que se organizó ayer, cuando 40 muchachos intentaron escapar, pero fueron detenidos y reinstalados en el lugar.

foto: AFP

Las razones de las niñas para amotinarse en el Hogar Seguro*

“Los adolescentes estaban sancionados por extorsión. Las niñas tenían objetos punzocortantes escondidos en el pelo. Agotamos el diálogo con las niñas. No podíamos aceptar un informe que dice que ese lugar es un gallinero en donde se tortura a los niños. Considero que la causa del amotinamiento, porque no les gusta la comida, no era válida. No hubo negligencia. No voy a presentar mi renuncia como Secretario de Bienestar Social. El Presidente ordenó anoche a la policía que encontrara y regresara a los 60 adolescentes fugados. El problema es que los jueces mezclan a los niños que han cometido delitos con niños abandonados por sus familias. Pedimos al Ministerio Público que investigue pero no responsabilizamos directamente a nadie. El Presidente no vino a participar en la conferencia porque está atendiendo asuntos urgentes de la nación. Se termina esta conferencia de prensa”.

Así explicó el Gobierno de Guatemala a sus ciudadanos lo ocurrido la mañana del 8 de marzo de 2017 cuando unas niñas y adolescentes se amotinaron en la casa hogar gubernamental en la que vivían. Las niñas se amotinaron y prendieron fuego a unos colchones en unas habitaciones para que las dejaran salir. No las dejaron salir y murieron calcinadas. En ese momento eran 19 las que murieron. Hasta ahora van 34

El Hogar Seguro Virgen de la Asunción queda en una colina a 6 kilómetros del inicio de la Carretera a El Salvador, una de las zonas residenciales más exclusivas de la Ciudad de Guatemala. Está en el municipio de San José Pinula, rodeado por bosques y barrancos que han servido de escondite para más de 100 niños y adolescentes que escaparon durante el último año de lo que debería ser su casa pero que ellas y ellos consideran una cárcel.

Las niñas no se amotinaron porque no les gustara el sabor de la comida.

Son las 11 de la mañana de ese miércoles. El Hogar Seguro está rodeado de llanto. De madres, padres y abuelas que llegan a preguntar si sus niños están con vida.

¿Por qué delito están allí esos niños y niñas y adolescentes? Algunos fueron reclutados por las pandillas para el robo, la extorsión o el asesinato. Otros cometieron la insolencia de pertenecer a una familia que los abandonó a la calle, a un padre que les pegaba hasta que un vecino llamó a la policía. A una red que las prostituía siendo niñas. A unos padres que no supieron que hacer cuando vieron que su hijo tenía capacidades especiales. Otros nacieron allí, hijos de adolescentes violadas por sus compañeros o sus maestros o los trabajadores de la Secretaría de Bienestar Social. Todos juntos suman más de 800 bebés, niños y adolescentes viviendo en un lugar con capacidad para 500.

Una señora sube con los ojos llorosos. Le preguntamos si busca a un hijo y nos dice que no, que es una vecina. Que ayer subió cuando escuchó que habían problemas, que vio como las niñas, tiraban piedras a sus maestros y a los policías mientras gritaban:

Viólennos aquí, delante de todos. Vengan a violarnos pues, si eso quieren otra vez.

La señora sigue con los ojos llorosos.

Ésta fue una rebelión de niñas. Cualquiera que viva aquí cerca sabe que esto es un infierno.

El infierno no es una metáfora.

“Ustedes no salen de aquí hasta que me hagan sexo oral”, ordenó el maestro Edgar Rolando Diéguez Ispache a los estudiantes de 12 y 13 años de edad, cuando éstos pretendían salir del salón en el que recibían los cursos de quinto y sexto primaria. Ninguno logró salir ni evitar el abuso sexual. Las violaciones ocurrieron en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, según la Fiscalía de Santa Catarina Pinula del Ministerio Público (MP), contadas en un reportaje del periodista José David López en Plaza Pública en octubre de 2016, hace cuatro meses.

El reportaje narra el terror. El mismo maestro ordenaba a alumnas y alumnos caminar desnudos frente a sus compañeros en el salón de clase. Uno de los albañiles, José Roberto Arias Pérez, violó a una niña con retraso mental. Un supuesto trabajador, descrito en una de las 28 denuncias a la Secretaría de Bienestar Social como Joseph, obligaba a las niñas a tener relaciones sexuales con él y las sacaba del hogar.

Diéguez Ispache está en juicio. Arias Pérez fue condenado a 8 años de prisión. Joseph probablemente todavía trabaja en el Hogar Seguro.

Relatives listen for new information about the injured after a fire, as they gather outside the children's shelter Virgin of the Assumption Safe Home, in San Jose Pinula, Guatemala, Wednesday, March 8, 2017. At least 19 girls have died after a fire at the shelter, which was created to house children who were victims of abuse, homelessness or who had completed sentences at youth detention centers and had nowhere else to go, the spokesman for Guatemala's volunteer fire departments said. (AP Photo/Moises Castillo)

Foto: AFP 

En el Hogar Seguro tuvieron que morir 34 niñas para que Guatemala le pusiera atención.

 En las afueras de este refugio gubernamental sigue el llanto de los familiares y los vecinos.  Socorro tiene los ojos rojos y la piel blanca. No dejaba de llorar sobre el teléfono. Tenía una hija.

Ayer me dijeron que ya hoy la visita iba a ser normal y cuando venía en el bus escucho que las quemaron.  Se recuesta sobre una patrulla mientras sigue llorando.

Cuando llegó Socorro, los bomberos estaban sacando los cuerpos, pero tres horas después nadie le daba razón de su hija.

Cada cierto tiempo salía un trabajador social con un papel para tomar los datos de quienes buscaban a sus niños. Leía los nombres y ellos respondían con un suspiro. En el mejor de los casos llevaba consigo una foto para mayor calma. Un padre borracho, casi al punto de tambalearse decía:

¿Por qué se llama “seguro” esto, vos? ¿Puta, no pueden cuidar ni a mi patojo?

Aquello era un retrato de familias disfuncionales. A casi un metro del barranco dos niños de año y medio jugaban, mientras sus papás, que no tendrían más de 18 años, hablaban del partido del Barcelona. Uno de los bebés se cayó y se golpeó la cabeza contra un carro, empezó a llorar. Sus papás lo vieron y siguieron hablando. El otro niño, con sus pasitos tambaleantes, lo abrazó y lo ayudó a pararse.

¿Ahora para qué putas vienen?, grita una señora con la voz rota mientras la magistrada María Eugenia Morales entra al Hogar.

Ahora para qué, si ya se quemaron, secunda otra señora.

Al menos la magistrada llegó. En las afueras del Hogar Seguro había esparcido el rumor de que el presidente Jimmy Morales llegaría. No lo hizo.  En vez de eso se anunció una conferencia en el salón de banderas del Palacio Nacional.

El cambio de ambiente era abismal. Se pararon frente a las cámaras Anabella Morfín, Procuradora General de la Nación; Carlos Rodas, Secretario de Bienestar Social; Julio Aguilar, vocero de la PNC; Víctor Godoy, comisionado de Derechos Humanos; y el vocero de la presidencia, Heinz Heinmann.

Los siguientes 40 minutos fueron surreales:  “Los adolescentes estaban sancionados por extorsión. Las niñas tenían objetos punzocortantes escondidos en el pelo. Agotamos el diálogo con las niñas. No podíamos aceptar un informe que dice que ese lugar es un gallinero en donde se tortura a los niños. Considero que la causa del amotinamiento, porque no les gusta la comida, no era válida. No hubo negligencia. No voy a presentar mi renuncia como Secretario de Bienestar Social. El Presidente ordenó anoche a la policía que encontrara y regresara a los 60 adolescentes fugados. El problema es que los jueces mezclan a los niños que han cometido delitos con niños abandonados por sus familias. Pedimos al Ministerio Público que investigue pero no responsabilizamos directamente a nadie. El Presidente no vino a participar en la conferencia porque está atendiendo asuntos urgentes de la nación. Se termina esta conferencia de prensa”.

Nunca se le ha permitido a la prensa entrar al Hogar Seguro, ni siquiera luego de la tragedia.

Las únicas fotografías de lo sucedido ayer son de un fotógrafo que ingresó dentro de una ambulancia. Podría ser una fotografía de crímenes de lesa humanidad. En blanco y negro podría confundirse con Auschwitz. Los cuerpos de niñas y jóvenes llenos de ceniza apilados unos sobre otros, dejando ver todavía algunos detalles de sus pijamas.

Por la noche, después de lo ocurrido, en la Plaza de la Constitución mujeres se encendían 770 velas por cada una de las mujeres que mueren al año. Mientras se encendían, 3 niñas más morían en el hospital a causa de las quemaduras en el hogar seguro. 775 niños y adolescentes despertaron hoy con el olor a carne quemada en el Hogar Seguro. Guatemala, entera, está en llamas.

Workers carry the coffin of Keyla Salguero, one of 31 victims of a fire on the eve at a government-run children's shelter in San Jose Pinula, east of Guatemala City on March 9, 2017. Medical officials on Thursday raised the toll of girls killed in a fire at a children's shelter in Guatemala to 31 after seven more died from their burns overnight. More than 30 were injured. / AFP / JOHAN ORDONEZ

foto: AFP 

“Vi el humo en el lugar. Olía a carne”

Geovany Castillo, un agricultor de 33 años, contó a The Associated Press que su hija de 15 años tiene quemaduras en la cara, los brazos y las manos y que sobrevivió casi de milagro. “Dice mi hija que el lugar estaba cerrado con llave (y) que entre varias niñas derribaron la puerta (…) Que se salvó porque puso una sábana mojada sobre ella”.   

Desde el hospital donde aguarda que su hija se recupere, Castillo refiere que ella le contó que en el albergue las maltrataban y a veces sólo les daban de comer una vez al día. “Me dijo que sus compañeras le contaron que ahí las violaban y en protesta se escaparon y luego en protesta, para llamar la atención, les prendieron fuego a las colchonetas”, refirió el hombre que llegó desde Huehuetenango. 

Agregó que su hija dijo que “ella estaba en el módulo donde estaban las niñas encerradas que se habían fugado”. Aseguró que ella iba a salir del lugar en ocho días. 

Otra sobreviviente de 15 años había dicho el miércoles a la AP que algunos varones que residían en el albergue habían entrado al dormitorio de niñas antes del fuego. Ella, dijo, logró salir y se refugió en un techo por miedo a ser atacada. Horas después, vio el fuego a la distancia. 

“Vi el humo en el lugar. Olía a carne”, dijo.          

Video: Prensa Libre 

*Texto publicado en Nómada por Gabriel Woltke y Martín Rodríguez Pellecer Fotos: Carlos Sebastián nomada.gt

información y fotos de agencia y Prensa Libre 

 

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