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Borrar la memoria es plantar falsedad sobre nosotros mismos: Ai Weiwei

CulturaUNAM / Fotos: Barry Domínguez / Damián Mendoza

Para el artista y perseguido político de origen chino Ai Weiwei, el fundamento de la racionalidad humana radica en el conocimiento de nosotros mismos, el cual está basado en  la memoria, de ahí que piense que los intentos gubernamentales por borrarla implican “plantar una falsedad en nosotros mismos”, de ahí también que las dos piezas que integran su exposición Restablecer memorias, que estará abierta al público a partir del próximo sábado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM (MUAC), aludan a la capacidad/necesidad/voluntad de no olvidar.

“Soy Ai Weiwei. Tengo más de 60 años. Soy un ciudadano chino. Vivo en Berlín desde hace cuatro años, con mi novia y con mi hijo”, así se presenta Ai Weiwei ante la prensa y no está de más pues en su país natal su nombre ha sido borrado de cualquier medio de comunicación desde 2009. Pero está en la UNAM, en medio de la lava petrificada que dejó el Xitle (que tanto le gusta), y acogido por un proyecto educativo y social que no deja de alabar, así como por una multitud de reporteros que lo reciben con aplausos.

Ai Weiwei es reconocido por su incansable activismo a favor de los derechos humanos, la inmigración, la libertad de expresión y su relación con la globalización. Sus instalaciones artísticas y su multifacético trabajo (ha sido arquitecto, escritor, documentalista y pionero en el uso de las redes sociales a través de su cuenta en Twitter @aiww, con 366 mil seguidores) de una poderosa crítica social al statu quo, han provocado que sea censurado y perseguido, y que haya sufrido cautiverio, tortura y exilio.

A la gran cantidad de cámaras que le apuntan, Ai Weiwei responde con la de su teléfono celular, que registra a los reporteros en una toma fija y luego en un lento paneo que minutos más tarde estará en su cuenta de Instagram, que es seguida por más de medio millón de personas.

“El eje de la exposición es la violencia: hacia el pasado y hacia el futuro, es la intención de mostrar dos violencias históricas en países que, por lejanos que parezcan, son escenarios de una historia común  que es la historia de la humanidad”, acota Cuauhtémoc Medina, curador de la exposición coorganizada con el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO).

La exposición, que estará abierta en MUAC hasta octubre de 2019, está integrada por la pieza Salón ancestral de la familia Wang y un mural construido con piezas de la marca Lego que representa los retratos de los 43(+3) estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

Graciela de la Torre, directora del MUAC, relata que luego de un largo viaje en barco llegaron hasta la sala 9 del MUAC cada una de las 1300 piezas de madera de lo que fuera el Salón ancestral de la familia Wang, una estructura de la dinastía Ming, con más de 500 años de antigüedad, pero prácticamente destruido por la Revolución Cultural China.

El artista compró el palacio en ruinas y reconstruyó su estructura, con todo ese esplendor del despojo que ahora se yergue,  con sus 650 metros cuadrados y 12 metros de altura, en el espacio museístico, luego de que 9 carpinteros chinos de las provincias Zhejiang y Jiangxi lo ensamblaran con un método milenario y sin usar un solo clavo.

Esa muestra de violencia hacia el pasado se conecta con la violencia hacia el futuro: los jóvenes. Un inmenso mural  realizado por estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, bajo las instrucciones del artista, con 1 millón de piezas Lego, que representa los rostros de los 43 (+3) estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en el municipio de Iguala, Guerrero, es la pieza con la que Ai plasma su sentir sobre la tragedia luego de haber visitado Ayotzinapa.

El trabajo con piezas Lego viene de un proyecto de 2014: una intervención a la cárcel de Alcatraz con los retratos de presos políticos reproducidos con pequeñas piezas de plástico. Le agrada trabajar con este material por su brillo y su capacidad de homogeneizar la imagen.

A pesar de radicar fuera de su país natal,Ai Weiwei sigue siendo incómodo. Y confiesa que le agrada la incomodidad, no sólo la del sillón desde el que responde en inglés las preguntas de la prensa, sino también la que implica expresarse libremente, así le haya costado la cárcel. “Estar cómodo es una de las condiciones más bajas que puede tener la humanidad”, dice el hombre cuyo padre permaneció 25 años en el exilio.

El artista cuenta que hace tres años, durante una visita a México, visitó el MUAC y comenzó a pensar en una exposición. Debido a que tenía poco conocimiento sobre nuestro país, decidió investigar el caso de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. Quiso conocer a los padres de los estudiantes para entrevistarlos.De esas pláticas emergió la idea de hacer el documental To be. Parte de esas entrevistas también se exhiben en la sala.

“Los familiares de los estudiantes desaparecidos son las personas más inocentes que he conocido. Ellos están convencidos de que sus hijos están vivos. Demandan justicia e información. Del otro lado tenemos un gobierno que considera que la vida humana carece de valor. Están involucrados el estado, los policías y los militares. En lugar de plantear respuestas, se ha planteado la falsificación de la llamada verdad histórica. Cada crimen que se produce deja un vacío y esto es una ofensa contra la dignidad de los seres humanos, es el origen de un rencor y de una violencia.”

“¿Qué es lo que hacemos cuando desaparece el hijo de nuestros vecinos? ¿Qué clase de sociedad o estado permite que tras cuatro años siga siendo imposible saber dónde están?”–se pregunta.

El antecedente de ese trabajo se remonta a 2008, cuando un terremoto sacudió la provincia de Sichuan, en China, muriendo entre 70 y 80 mil personas, de las cuales al menos 5 mil eran estudiantes. El artista se preguntó cómo era posible que las escuelas se hubieran caído, si tenían que ser los edificios más seguros. El gobierno no respondió.

Ai Weiwei comenzó a hacer una investigación pidiendo datos a través de Internet. Entre los muertos había muchos hijos de campesinos. Lograron identificar los restos de 5290 estudiantes, la localización precisa de las escuelas en donde habían perecido.

De manera paralela trabajó en la producción del film Flow, en el que abordó la crisis mundial de los refugiados. Ha tenido que visitar más de 20 países y alrededor de 40 campos de refugiados en todo el mundo.

Este material se comparte con autorización de UNAM Global

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