Cotidianidades

Leonel Rivero

Una existencia dialéctica

A la memoria de los miles de mexicanos que perdieron la vida buscando un mundo mejor. 

La fuerza del despegue contrajo tu estómago. Raro en ti. Siempre tuviste temple en lo extremo. 

De pronto, nervios. Pensaste: que no falle. La sensación duró un segundo. Ganó la cabeza fría, la que te rigió 40 años.

Observando desde la ventana del avión la caída de la tarde, evocaste la rutina de viajero que convirtió a los aeropuertos en un segundo hogar. Ahí dormiste, comiste, trabajaste, descansaste y tuviste vivencias que pocas personas pueden imaginar en terminales aéreas.

Esperando los diez mil pies, recordaste: por más de 40 años, los aviones fueron una forma de acotar el tiempo y la distancia de las tareas clandestinas. Las nubes se transformaban como las identidades que usaste para cruzar aeropuertos, al igual que la niebla, nunca pudieron atraparte.

La compartimentación te salvó. Era disciplina, no paranoia. Cambiabas de nombre en cada país. Así burlaste a los servicios de migración y contrainteligencia. Ellos siempre están ahí.

La turbulencia sacudió el avión. Te percataste: cientos de vuelos y el temor seguía. Cerraste por unos minutos los ojos para relajarte. 

La tranquilidad te hizo recordar que naciste en 1950, eras parte de la generación conocida como Baby Boom, sobrenombre que banalizó al grupo más brillante del siglo XX. Te sentiste orgulloso de pertenecer a ese linaje, el que decidió tomar el Olimpo por asalto, para destruir un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre. 

Sabías que morirías con esa convicción: fuiste parte de una juventud que antepuso el sacrificio personal por encima de lo material. Renunciaron a un proyecto de vida propio por uno colectivo.

Al abrir los ojos descubriste un cielo nocturno, mientras la aeronave realizaba un giro de ciento ochenta grados apreciaste las luces de la ciudad y a lontananza una columna inmensa de humo. ¿Habías llegado a tu destino o el avión estaba sobrevolando la gran metrópolis donde abordaste el vuelo?

Atisbaste las avenidas iluminadas que se estrechaban por la interminable fila de automóviles semejando el recorrido de una serpiente gigantesca que lentamente se desplazaba por la ciudad.

Dejaste de prestar atención a las maniobras de la nave, en tu mente resurgieron las palabras de un guerrillero sandinista que comparaba la lucha clandestina con la vida de los santos y de los primeros cristianos. Para ti la clandestinidad fue purificación: renunciaste a la familia, a tener hijos, a ver morir a tus padres. Abjuraste de los bienes materiales. Lo hiciste para transformar el mundo, aunque te costara la vida.

Tal vez fue una utopía. Pero miles de mujeres y hombres a finales de la década de los sesentas, setentas y ochentas del siglo veinte se vieron inmersos en luchas de liberación nacional que pusieron en jaque al sistema capitalista global.

La certeza de que la aeronave seguía sobrevolando la megalópolis dejó paso al recuerdo de que en plena adolescencia te imbuiste en la militancia política y, junto con miles de jóvenes compatriotas, compartiste la convicción de cambiar el régimen que trataba a los mexicanos como incapaces.

Al otear por la ventana, percibiste cambios sutiles en la superficie de la ciudad, luces que iluminaban lo que a simple vista parecían rascacielos, avenidas más amplias, parecía como si el tiempo hubiera avanzado por años.

Desechaste la idea de estar soñando o imaginando cosas, tu sentido analítico del mundo se impuso sobre el agüero.

Preferiste recordar que la militancia convirtió tu vida en una espiral de acciones. Pensaste que la movilización social obligaría a los gobernantes a realizar los cambios que tu generación reclamaba. Los sucesos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y el Halconazo te mostraron el rostro represor del régimen priísta. 

El convencimiento de que la autoridad había cerrado los caminos de la lucha pacífica empujó a muchos de tu generación a la clandestinidad y la subversión armada, asumieron ese compromiso con la plena convicción de transformar a la sociedad. 

La feroz persecución de la Dirección Federal de Seguridad y del ejército terminó por derrotar a la guerrilla. Mucho contribuyó el sectarismo ideológico que impidió una fusión de la insurgencia. Centroamérica, África, Europa y Medio Oriente se convirtieron en tus campos de acción. 

Las circunstancias te trocaron en un internacionalista, un sujeto sin rostro, con sobrenombres, un fantasma, sin identidad ni nacionalidad. Ese halo de misterio durante décadas te convirtió en objetivo prioritario de los servicios militares y civiles de inteligencia. 

Mientras el avión daba la enésima vuelta en círculo, concluiste que la militancia fue crucial, al igual que miles seguías convencido de que el cambio de sistema pasa por la revolución. La lucha armada te dio sentido y justificó tu paso por el mundo.

El recuerdo fugaz de tu vida te hizo tomar conciencia de que el avión nunca despegó. Se había estrellado. Todo lo que viste por la ventana fue memoria: retazos de innumerables vuelos. Terminaste preguntándote: ¿Así que esta es la transición hacia la muerte? 

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