Trabajo sexual, ni botín ni trampolín político
En los próximos meses comenzaran las campañas electorales para elegir gobernadores, diputados, senadores entre otros cargos en varios estados de la república mexicana. No está por demás recordar como la maquinaria del estado se centra en utilizar a varios sectores vulnerables de la sociedad para manipular el voto a través de “promesas de campaña”, fotografías de candidatos en escenarios donde prevalece la precariedad y forzar a ciudadanos por medio de amenazas para llenar eventos electorales entre otras.
Ya comenzó la guerra sucia del gobierno de la presidente, Claudia Sheiumbaum contra defensores, lideres, activistas, periodistas y ciudadanos que no comulgan con este gobierno. Se han dedicado a crear nuevas normativas jurídicas como la ley anti memes y la de los derechos de las audiencias para que el estado tenga más armas jurídicas para criminalizar a todo aquel que haga y promueva el derecho a la crítica e investigación.
Los más afectados serán los grupos y poblaciones vulnerables que han resistido ante las políticas de despojo, persecución y criminalización, como son, los indígenas, campesinos, vendedores ambulantes, madres y padres buscadores y por supuesto, las y los trabajadores sexuales. Es momento para reflexionar y recordar algunas luchas, para que no queden en el olvido y sobre todo, para recordarles a todos los políticos quienes son y que han hecho cuando tienen el poder y que hicieron, particularmente, en contra del trabajo sexual
A principios de los 90s, iniciamos nuestra lucha política, y de derechos humanos en pro del trabajo sexual. varios políticos intentaron usarnos como trampolín para acceder a una diputación o cargo público bajo promesas falsas de ayudarnos a acceder a la justicia y la dignificación de nosotras y nuestro trabajo.

Nos querían utilizar para llenar actos políticos. Nos negamos y junto con Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”, construimos el movimiento político y social de las trabajadoras y trabajadores sexuales. Nos dignificamos entre nosotras, ¿somos prostitutas, sexo servidoras o trabajadoras sexuales? Sabíamos que no hacíamos nada ilegal y que no le servíamos a nadie. Tuvimos la certeza de ejercer un trabajo y por eso nos asumimos como una clase trabajadora y por ende trabajadoras sexuales.
Enfrentamos la criminalización por parte de servidores públicos, políticos en el poder y mujeres abolicionistas que nos señalaban como violentas o tratantes por defender los derechos laborales de nuestro trabajo. Vimos el intento de las autoridades para despojarnos de nuestras fuentes de trabajo al querer confinarnos al sexodromo, un proyecto que habían propuesto la delegación (hoy alcaldía) Cuauhtémoc.

En 2005, la persecución que lanzó el entonces jefe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador contra las trabajadoras sexuales trans en la Ciudad de México. La ineficacia y la falta de profesionalismo en investigación de la procuraduría de justicia de la CDMX hizo que armaran un mega operativo contra nosotras por la burda hipótesis que hicieron creer a la población, el “mata viejitas” era un travesti.
En 2006, al aprobarse la ley general para prevenir y sancionar la trata de personas, volvieron a realizar grandes razias en hoteles para detener a “bandas de tratantes” porque la policía creía que algunas trabajadoras sexuales eran menores (ley ambigua que le da facultad a la autoridad de “rescatar” a quien presuma ser menor de edad). Hasta el día de hoy, muchas trabajadoras sexuales, trabajadoras de limpieza, taxistas, clientes y cajeras siguen detenidos injustamente. El gobierno aplicó la ley de extinción de dominio (despojo) a los hoteles donde hicieron los operativos.
En el año 2000, pudimos erradicar el control sanitario en la CDMX, Luchamos para que no avanzara el sexodromo, tomando nuevamente las calles para trabajar. Después de varias batallas legales en la CDMX, se consiguió el reconocimiento legal del trabajo sexual como trabajo no asalariado en 2012 gracias a Brigada Callejera y a la Abogada, Barbara Zamora y su bufet jurídico Tierra y Libertad.
La realidad no ha cambiado, muy al contrario, se ha agudizado, hemos visto como el gobierno sigue cooptando luchas y comprando conciencias. La narrativa de un gobierno que no es de izquierda, se enorgullece de leyes que “protegen” a poblaciones vulnerables, el problema es que están hechas a modo además de que casi nunca las aplican en el momento de impartir justicia.

Han convertido en “héroes” y “heroínas” a quienes, teniendo un cargo público, dicen ayudar a las trabajadoras sexuales, aunque esa ayuda se reduzca a entrega de despensas y la promesa de acceder a una vivienda a cambio de llenar eventos del partidos políticos como morena y así avalar proyectos neoliberales (privatización de tierras, espacios de trabajo y recursos naturales para beneficio de empresas trasnacionales) que agravan la destrucción del medio ambiente. La meta del gobierno es la contención de movimientos sociales que privaran de los derechos humanos, jurídicos y laborales además de invisibilizar su identidad, la libre asociación y la protesta pacífica de las comunidades originarias y a las poblaciones vulnerables de todo el país.
Cuando varios grupos de trabajadoras sexuales protestaron por el cierre de la calzada de Tlalpan, recibieron como respuesta, represión por parte del estado y el ataque de un grupo de personas con tubos y bates (represión), enviados por la “trans mesiánica” Diana Barrios y que contó con el apoyo de madrotas que se dicen ser activistas. El gobierno prometió apoyos económicos para amortiguar la necesidad de las trabajadoras sexuales durante el cierre de la calzada de Tlalpan por la construcción de la ciclo vía.
La realidad es que menos del 20 por ciento lo recibieron, las que sí, denunciaron que las obligaron a dar un porcentaje a las madrotas aliadas al gobierno. Barrios busca el control total del trabajo sexual en la CDMX. La necesidad económica de las trabajadoras sexuales, no debiera ser pretexto para venderse ante las políticas de despojo que promueve la “izquierda” en el poder. Algunas han desvirtuado la lucha al entregar la lucha política a cambio de dinero.
Los ejes principales del movimiento político del trabajo sexual son permanentes: la dignificación de trabajo sexual, el respeto a las personas que, sin ser coaccionadas, deciden ejercer este oficio, el acceso a la justicia, acceso a la vivienda, a la salud. Muchos años luchamos por ser reconocidas como trabajadoras sexuales para que otras terminen ejerciendo la prostitución, recibir dinero del gobierno a cambio de la dignidad y la complicidad.
Aplaudo y revindico la resistencia de las mujeres trans que siguen defendiendo las calles protestando y que se niegan a someterse ante el poder. Ser activista es defender los derechos y cuestionar a cualquier personaje en el poder. A ningún gobierno se le aplaude, se le cuestiona, en particular, los de morena que no son de izquierda, son una derecha populista, no son feministas, son misóginos, machistas y que no son humanistas, porque promueven la destrucción, la criminalización, el despojo y la injusticia.
Generemos más conciencia a través de mencionar luchas que siguen vigentes, promovamos la conciencia de clase y no dejemos morir la memoria histórica.
Krizna Aven
Desde los 18 años empecé a ejercer el trabajo sexual, y gracias a esto comencé a ser promotora de salud y defensora de derechos humanos de las compañeras trabajadoras sexuales. Desde el 2006 soy adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona propuesta por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Debido a la constante represión contra el sector al que pertenezco nos vimos en la necesidad de ser activistas y desde hace más de 15 años periodistas. Para mí es fundamental contar las historias directamente del o de los protagonistas, ser un puente que sirva para dar a conocer historias y denuncias que difícilmente son tomadas en cuenta. El compromiso de escribir sigue latente en mí.