Tiliches viejos

Todos los días me encuentro compañeras y compañeros de teatro que a la pregunta de ¿cómo estás? responden: batallando para sobrevivir. Nos contamos nuestras penas para aminorar la frustración y el desasosiego. Nos hemos acostumbrado a ponerle humor a nuestra condición de trabajadores precarizados. Cualquier apoyo obtenido por parte de las instituciones que se decide entre jurados, lo celebramos como si de la lotería se tratara, las redes sociales explotan de felicidad. Los que no fueron invitados al guateque de los apoyos, agüitados se resignan: Ya será pa’l otro año.
Aunque el reflejo de las decisiones en las altas esferas de la cultura suelen ser lentos, asistimos sin duda a una crisis profunda en la producción escénica desde hace más de veinte años, un proceso que a mi juicio se dio por imitación a la proclamada modernidad cultural que no hizo más que desmantelar a las instituciones culturales. Todos los años se perdían programas sustantivos de la Coordinación Nacional de Teatro del INBAL, enlisto solo algunos: México a Escena, el Programa Nacional de Formación Continua, el Programa de Festivales y Giras, que dio nacimiento al 1er Festival Internacional de Teatro de Calle en Zacatecas, el Festival Internacional de Teatro del Cuerpo, cuya sede fue el teatro Jiménez Rueda, espacio que fue un referente para las artes escénicas por más de cinco décadas. Después del sismo de 2017, con el pretexto del daño estructural que sufrió el inmueble y que fue operado por el INBAL desde 1964, se entregó al ISSSTE para su venta.
Otro festival que vio la luz gracias al apoyo del INBAL fue el Festival de Títeres de Huamantla, a ello se suma la desaparición del Encuentro Nacional de Teatro Escolar, el Programa de Teatro Escolar, el programa Otras Latitudes, Muestra de la Joven Dramaturgia, el programa de estímulos a la creación dramática. Luego vendría el tiro de gracia: los 36 teatros del Fideicomiso de Administración de Teatros y Salas de Espectáculos del IMSS (Fidteatros) decide terminar el contrato de colaboración con el INBAL, un impacto tremendo para las compañías.
En medio de este proceso de desarticulación del INBAL y en particular de la CNT, se decide adoptar un moderno esquema para la producción conocido por todos como EfiArtes, que no es otra cosa que un dispositivo neoliberal de tergiversación del concepto de cultura. Antonin Artaud en el Teatro y su Doble, habla de esta noción de cultura como idea disociada, como si la cultura estuviera de un lado y la vida del otro. Es así que, las instituciones deciden entrar al mercado con este dispositivo, vendido exitosamente por sus ideólogos como una revelación de la nueva gestión y producción cultural.
En muy poco tiempo, EfiTeatro se convierte en la maquila de producción más importante del país. Aparecen por todos lados cursos de gestión cultural, cómo ser un buen gestor, cómo armar una carpeta y convecer al empresario de las bondades de tu producto. Talleres, pláticas, charlas, surgen por todos lados para aprender los recovecos de este estímulo que dejará a cientos de artistas fuera porque carpeta mata proyecto.
Los teatros públicos programan durante todo el año proyectos efis, les viene a todo mecate porque no desembolsarán un solo centavo; el producto ya viene empaquetado, listo para abrirse. En medio de este berenjenal de capitales privados los centros culturales “independientes” empiezan a cobrar rentas cada vez más salvajes; a los ensayos de piso, al resguardo de la escenografía, al aire que respiras, se le fijan precios, aunque reciban apoyo de la Secretaria de Cultura. Pequeñas empresas con contratos leoninos se dicen llamar centros culturales.
Lamento que un jurado haya decidido que el Teatro El Milagro no era apto para recibir el apoyo de la Secretaria de Cultura. El gremio sabe que es de los pocos espacios con una postura social y artística. Nadie que yo sepa se ha sentido maltratado en el Milagro, al contrario, nos han cobijado de una manera impecable y ética.
¿Y los trabajadores del arte y la cultura? ¿Quién los arropa? ¿Dónde quedaron en este reacomodo? En las limosnas que deja la taquilla. Eso somos para las instituciones de cultura, tiliches viejos a los que se les hacen firmar convenios leoninos, mientras las instituciones se articulan velozmente en las patentes que brinda el empresariado a través de estos estímulos que han individualizado y monetizado el arte. Los productores que dominan el mercado de los EfiTeatros tienen los espacios públicos a su disposición justificando la generación de empleos para los artistas y las instituciones terminan aplaudiendo la generosa participación privada y maquillando sus utilidades.
El INBAL fue creado para la divulgación y generación del arte, para la producción de pensamiento cuya finalidad era impulsar a los artistas en sus procesos de indagación y creación. No me cansaré de decirlo: La Secretaria de Cultura y el INBAL tienen la obligación de otorgar a los trabajadores del arte y la cultura los recursos tanto artísticos como económicos para un desarrollo digno y sustentable de su profesión. Según fuentes consultadas en 2002, la coordinación nacional de teatro del INBAL operaba con un presupuesto anual de 50 millones de pesos. En 2006, el presupuesto anual era de 46 millones de pesos, para el 2020, la CNT operaba con 24 millones de pesos, todo ello sin tomar en cuenta la inflación.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum impulsa el llamado humanismo mexicano, ojalá que la Secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza aplique esa máxima en la producción, circulación y divulgación de nuestro teatro. El arte y sobre todo el Teatro debe sustraerse a la valorización privada y comercial, y retomar su lugar como promotora de los derechos culturales reconociendo su carácter de espacios de construcción colectiva.
No debemos permitir que se perpetúe el secuestro que han impuesto a la comunidad teatral los falaces indicadores que prometen las taquillas y los estímulos fiscales. En la medida en que los responsables de las políticas culturales sigan pensando que la cultura es un complemento secundario de la vida y no un pleno derecho ciudadano no podremos detener la indiferencia a la que nos ha llevado la homogeneización mercantil de la producción cultural en México.
Lo más saludable sería que los EfiTeatros pagaran una renta -de acuerdo a los tabuladores que fija Hacienda a los teatros públicos- y que pudiera generar una bolsa para alentar el pago de los honorarios de las compañías que entran a temporada en el absoluto abandono. ¿Es una propuesta absurda? creo que no. Se trata de una postura ética porque las compañías son las que sostienen la producción escénica del país y se les ha maltratado con creces. Pongamos entre todos, un poco de humanismo a este mercado de las artes escénicas.
Denise Anzures
Periodista, egresada de la Escuela Carlos Septién García, especializada en la promoción y divulgación de las artes escénicas e instruida para ser ciudadana de este mundo por el movimiento zapatista.
UN gran gusto volver a leer a DENICE ANZURES