Steve Loza y la música



La cena navideña romana
En diciembre de hace dos años, el maestro, músico y estimado amigo Antonio Robles Cahero me invitó a una improvisada cena navideña en su casa de la colonia Roma, desde luego que acepté. Antonio es un gran conversador (en la cafetería de la esquina de su hogar, donde se juntan las calles de Colima y Mérida, yo vivo a una cuadra de ahí, solemos sumergimos en pláticas sobre música, política y cuestiones de salud propias de nuestra edad, él tiene un poco menos de 70 años y, yo, un poco más, ¡huy, la vida se va volando!), un destacado musicólogo, instrumentista, experto en la historia de varios instrumentos de cuerdas y conocedor profundo de las sonoridades mexicanas. Ya le dedicaré toda una columna al exdirector del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (CENIDIM).
Sabía que sería una velada agradable y llena de ingenio en la conversación, pero mi asombro fue cuando me contó que nos acompañaría uno de los más destacados etnomusicólogos de Estados Unidos y de toda América, además, talentoso trompetista y estudioso de varios géneros de música popular, entre ellos el jazz y afroantillana: Steve Loza (en algunos de sus ensayos, libros y discos, aparece como Steven y en otros como Steve, Antonio me dijo que él prefiere que lo llamen Steve).
Nuestras charlas tuvieron varias vertientes, pensé que nos dirigiríamos a profundas y espinosas cuestiones sobre etnomusicología y musicología, pero no, uno de los puntos que platicamos fue sobre los crooners (a raíz de escuchar unas canciones navideñas de Estados Unidos), esos cantantes con voces suaves y melodiosas. Esto me da pie para escribir lo siguiente.

Los crooners
Este tema da para una extensa disertación, por ahora, digamos que con el invento del micrófono surgió toda una corriente de cantantes y baladistas sui generis de música romántica. Para muchos intérpretes la llegada del micrófono significó una bendición, ya no se destrozarían la garganta forzando y elevando la voz y podrían hacer gala de sus voces íntimas; podrían cantarle a sus fans, casi rozándoles sus oídos. Esto favoreció de manera principal a las voces tersas y finas; el término crooner, viene del idioma inglés y es la amalgama lingüística de to croon “cantar a media voz”, arrullando, acariciando con cercanía y ternura. Aparte de esta ingeniosa extensión de la voz que permitía proyectarla a espacios amplios, otros factores como el nacimiento de la radio, la industria fonográfica, las big bands, el cine y el uso de la técnica vocal del legato (palabra italiana que significa atado o ligado; hace referencia a la articulación de notas de manera conectada y fluida, sin pausa, ni interrupción facilitando al máximo la continuidad de sonidos) contribuyeron a la presencia avasalladora de lo crooners.
Estos cantantes, una especie nueva que se movía con gran naturalidad en la jungla artística, tuvo sus inicios a partir de los años veintes del siglo pasado, pero su época de oro abarcó casi dos décadas (cuarentas y cincuentas) de fama nunca antes precedida: Rudy Valleé, considerado el pionero, Frank Sinatra, Bing Crosby, Dean Martin, Nat King Cole, Perry Como y Tony Bennett, seguidos por Johnny Mathis y Bobby Darin; claro hay muchos otros, pero no es el fin de este escrito hacer una lista exhaustiva; se dice que Sinatra es el mejor de todos, pero hay discrepancias en esta aseveración: el crooner de todos los tiempos fue la “leyenda” Tony Bennett (el mismo Frank Sinatra, lo reconoció “como el mejor cantante”, Bennet murió hace tres años, en su natal Nueva York, tenía 96 años), en eso coincidimos los tres que departíamos en aquella noche navideña.
En los años cincuenta al emerger el rock and roll y, en los sesenta, con la presencia de la contracultura que permeaba todas las manifestaciones artísticas y sociales, los crooners empezaron a desvanecerse (durante mucho tiempo, representaron los estilos de vida y valores estadunidenses) hasta desaparecer casi por completo, sólo algunos como Frank Sinatra, Johnny Matis y Tony Bennet se mantuvieron vigentes. A partir de los años noventa hasta la actualidad se ha dado una especie de renacimiento, un revival de estos cantantes, pero “los nuevos” carecen de presencia, calidad vocal y no tienen el poder, ni la contundencia de aquellos monstruos del micrófono. Harry Connicke Jr, Robbie Williams, Michel Bublé, son algunos de los actuales.

Muchos estudiosos plantean que sólo caben en esta corriente voces masculinas; pero no, aquí entrarían Doris Day (la típica chica blanca “americana” de voz aterciopelada), Patti Page, Peggy Lee (la voz y la forma de cantar de Peggy, influenció a muchos artistas de otros géneros musicales; además, cosa nada común en los y las crooners, ella era compositora) y otras más.
Billie Holiday (Lady Day), Ella Fitzgerald (La Reina del Jazz) ,Sara Vaughan (La Divina) y Nina Simone (La Gran Sacerdotisa del Soul)

Algunos “historiadores” poco atentos de la música han aventurado la afirmación de que estas cuatro maravillosas cantantes, entrarían en la categoría de crooners femeninas: crassus errare, para nada, no tiene soporte, idea imperdonable, ellas son las voces más puras y legítimas del jazz, blues y soul, las cantantes más acabadas, insuperables e irrepetibles. Sus estilos son otros, sus presencias son otras, sus búsquedas artísticas son otras y sobre todo sus sentimientos y orígenes son otros. Una sola muestra para sustentar lo anterior: la voz profunda y sin concesiones de Lady Day (el maestrísimo saxofonista Lester Young, que guardaba una gran amistad con la Holiday, la llamaba Lady Day por la admiración, cariño y respeto que le profesaba. Lady Day, es un día del calendario religioso: el Día de la Anunciación), rompe con la imagen de las cantantes dulces y alegres de las llamadas crooners femeninas, se imaginan a Billie cantando “Pillow talk”,como que no cuadra, ¿verdad? o a Doris interpretando “Extrange fruit”, sin palabras. Ya tendremos oportunidad de escribir sobre “Fruta extraña”, pieza emblemática de Lady Day, que hace referencia a todo el racismo y al linchamiento (por parte de los infames y violentos miembros del Ku Klux Klan) de los negros en el sur de Estados Unidos.
Y, en México, ¿hay crooners?

De entrada, en definitiva, no los hay. Así de tajante y lapidante, claro se pueden hacer ciertas comparaciones y similitudes, pero resultarían muy forzadas y fútiles. Al insuperable Fernando Fernández, se le llamó El crooner de México, al Samurai de la canción Pedro Vargas y al Músico poeta, el mismísimo Agustín Lara, ciertos interesados conocedores y presentadores de programas radiofónicos de aquella época, los quisieron encuadrar en esta categoría. Lo mismo sucedió con cantantes, como Toña la Negra, María Luisa Landín o María Victoria, por nombrar a algunas.

En realidad, esta etiquetación nunca “cuajó”, nunca “pegó”, el pueblo no se identificó con esta definición, ni la hizo suya y, sobre todo, no correspondía a la realidad artística mexicana. No me extenderé sobre este fascinante capítulo de nuestra historia sonora. La música romántica mexicana, sin temor a equivocarme, es más rica, diversa, compleja y tiene más historia que la del vecino país, esta temática tiene tantas aristas que tendría que dedicarle varias entregas para poder mostrar sus orígenes y desarrollos.

Terminemos diciendo que la forma en que se utilizó el término crooners mexicanos limitó, redujo y fragmentó el papel de las y los cantantes de aquellas épocas y resultó hasta ofensivo llamarlos así.
La industria artística (radiofónica, fonográfica y televisiva) trató de implantar este término creyendo que trasladándolo, sin más ni más, al ambiente musical mexicano conllevaría al “éxito monumental” que produjo en Estados Unidos. Aquí las y los cantantes de música romántica lograron un reconocimiento rotundo entre el público conocedor mexicano y de otros países de habla castellana, pero los causas, condiciones y formas para lograrlo fueron otras.
Más bien nuestra grandiosa música romántica en lo general, es, irónicamente, por llamarla de algún modo, una manifestación sonora antirromántica, un “romanticismo al revés”: las desdichas, desventuras y despechos amorosos pueblan la letrística de nuestro cancionero nacional, esto no quiere decir que no existieran piezas, corrientes y cantantes que reivindicaran el amor puro, único y sincero. Aclaro, los trovadores y, de manera especial, los trovadores yucatecos se cuecen en otra olla. En los años noventa escribí un texto para La Jornada Semanal donde comentaba una antología discográfica de boleros, la titulé Bolereando tristezas y amarguras. Pero bueno, este es otro gran asunto pendiente. Y, ya para rematar, en la década de los noventa en algún momento de la carrera de Luis Miguel, se le adjudicó el mote de crooner contemporáneo, en especial, cuando salió el primero de sus cuatro discos Romance y en los años de sus grandes conciertos; y como se dice en el argot jurídico: “aceptando sin conceder”, hay elementos interesantes a tomar en cuenta en este dicho.

En la próxima entrega entraremos de lleno en la trayectoria del angelino, de raíces mexicanas, Steve Loza; su vida ha girado alrededor de la pasión por las culturas musicales, sus historias, identidades, migraciones y diálogos sonoros. Los trabajos e investigaciones etnomusicológicas de Steve son ampliamente reconocidas y forman parte de los programas de licenciatura y posgrado en varios países. Además, hablaremos de la etnomusicología, de sus discos y publicaciones, de sus invitaciones y estancias en México, de las músicas del mundo, de las expresiones musicales tradicionales y populares de Estados Unidos, México y de otros países. En aquella cena navideña, hablando del jazz mexicano, nos dijo que “habiendo tan buenos jazzistas, no han sobresalido en otros países, salvo excepciones”.
Fernando Híjar Sánchez
Promotor cultural, productor musical e investigador independiente. Uno de sus más sobresalientes fonogramas: Lienzos de viento (músicos zoques y mames en diálogo con Horacio Franco) obtuvo el Premio Patrimonio Musical de México, INAH 2012.
Me encantó, a Pedro Infante lo catalogaban en este estilo
Muy interesante el término Crooner, recuerdo mucho cuando mi padre escuchaba radio 620, había un programa a las 8 de la noche llamado “Personalidad” se ve llegaba a escuchar a a la mayoría de los Crooners a los que haces referencia, creo incluso llegué a escuchar a Sammy Davies Jr, excelentes programas que ilustraban el momento musical de aquella época, muchas gracias Fer por ilustrarnos con la música que llegó para quedarse!!! Abrazo fuerte