Rubén Jaramillo, a 55 años de su asesinato

Redacción Desinformémonos

Rubén Jaramillo copia

Rubén Jaramillo Méndez, revolucionario zapatista, fue asesinado junto a su familia por el gobierno mexicano al mando de Adolfo López Mateos el 23 de mayo de 1962, hace 55 años. 

Sólo entrando a su casa en la madrugada, el “glorioso” Ejército Mexicano pudo con él, después de casi 50 años de luchar por la causa de la emancipación económica de los trabajadores desde que empuñó las armas por primera vez a lado de Emiliano Zapata en 1914.

“Frente a las condiciones actuales de fatal decadencia revolucionaria nosotros de ninguna manera debemos ir a entregarnos en las manos de nuestros enemigos que, a base de fuertes compromisos con los norteamericanos y plutócratas nacionales, se han fortalecido reclutando gentes a sueldo para combatirnos. Pero en este caso, no son los muchos hombres los que triunfan, sino las ideas basadas en la justicia y el bien social y para no seguir el camino de los malos revolucionarios que no podrán sostenerse si antes no hacen daño al pueblo y que de seguro tarde o temprano tendrán que ir de rodillas ante el enemigo, nos vamos a diseminar los unos de los otros con el fin de reservar nuestras vidas para mejores tiempos y desde hoy la Revolución, más que de armas, ha de ser de ideas justas y de gran liberación social… El pueblo, y más las futuras generaciones no podrán vivir esclavos y será entonces cuando de nueva cuenta nos pondremos en marcha, y aunque estemos lejos los unos de los otros no nos perderemos de vista y llegando el momento nos volveremos a reunir. Guarden sus fusiles, cada quien donde lo pueda volver a tomar”: Rubén Jaramillo Méndez, 1918. Palabras pronunciadas a los rebeldes cuando se encontraron en desventaja ante la fuerza armada de Venustiano Carranza y el gobierno norteamericano durante el periodo de la Revolución Mexicana.

Mataron a Jaramillo,

el defensor de los pobres,

un montón de hijos de perra,

carabinas y uniformes.

Pa’ que aprendan campesinos

a confiar en la palabra,

oigan como la justicia

luego les voltea la espalda.

A los cinco Jaramillos

los llenaron de metralla,

ellos pidieron la tierra,

les dieron tiro de gracia…

JARAMILLO desinfo

foto: Archivo Ricardo Montejano / Desinformémonos / ver: Los jaramillistas, la estirpe de Zapata que no entregó las armas 

Rubén Jaramillo Méndez   1900-1962

Nació en 1900 en Real de Zacualpan, distrito de Sultepec, estado de México, pero desde niño vivió en Tlaquiltenango. A los 14 años ingresó al Ejército Libertador del Sur y a los 17 fue capitán primero. En diciembre de 1918 dejó la lucha zapatista y trabajó en la hacienda de Casasano. A la muerte de Zapata, fue aprehendido y salió de Morelos. Trabajó en ingenios en San Luis Potosí y como obrero petrolero en Tamaulipas. Al triunfo de Obregón, regresó a Tlaquiltenengo para luchar por la tierra en forma pacífica.

En 1921 organizó el Comité Provisional Agrario de Tlaquiltenango que logró la dotación de tierras ofrecida por Obregón y el gobernador José G. Parrés. En 1926 constituyó la Sociedad de Crédito Agrícola de Tlaquiltenango e inició la lucha en contra de los acaparadores e industrializadores de arroz, pero los caciques lograron infiltrar a su gente y desbarataron la sociedad. En 1933, en la convención del Partido Nacional Revolucionario efectuada en Querétaro, Jaramillo apoyó la candidatura de Lázaro Cárdenas y le entregó un escrito en donde le proponía la instalación de un ingenio en Jojutla para liberar a los campesinos de los acaparadores de arroz y volver a sembrar caña, asimismo, le solicitó agua y electricidad para Puente de Ixtla. En 1936, Cárdenas comenzó la construcción del ingenio Emiliano Zapata en Zacatepec,  y en 1938 inició su operación administrado por la Sociedad Cooperativa de Ejidatarios, Obreros y Empleados, de cuyo Consejo de Administración Jaramillo fue el primer presidente. El propio Adolfo López Mateos, entonces joven abogado,  redactó las bases constitutivas de esa sociedad.

Epifania Ramírez fue su primera esposa y se cuenta que le enseñó a leer y a escribir y lo inició en la religión metodista. Jaramillo contribuyó a construir un templo en Tlaquiltenango y ahí fungía como predicador laico, a la vez que predicaba en pueblos vecinos como Galeana, Jojutla, Los Hornos, Palo Grande, y el Higuerón. Asimismo, ingreso a la logia del Valle de México. Según Valentín López González, su amigo, Jaramillo era un pastor protestante, proclive a tomar la palabra en toda ocasión y con frecuencia en sus discursos citaba la Biblia, la cual cargaba, paradójicamente, al igual que una pistola.

Al nuevo ingenio acudió gente de muchas partes, entre ellos su hermano Porfirio, acompañado de obreros comunistas que iniciaron a Rubén en la lectura de obras de Marx, Gorka y Flores Magón. Bajo su influencia ingresó al Partido Comunista por poco tiempo, ya que eran más fuertes sus creencias religiosas, las que mezcló con lo que le gustó de aquellos pensadores.

Por otra parte, fue miembro del primer comité de  la Unión de Productores de Caña de la República Mexicana.

Como dirigente campesino estalló una huelga en el ingenio el 9 de abril de 1942, que fue reprimida por el ejército y de la que resultaron despidos, detenciones y persecuciones. Ante la creciente hostilidad de las autoridades y por desavenencias con los gobernadores Elpidio Perdomo y Jesús Castillo López, por tergiversar los propósitos del ingenio y fomentar la corrupción en perjuicio de los campesinos, el 19 de febrero de 1943, Jaramillo volvió a las armas junto con un grupo de excombatientes zapatistas, proclamando en septiembre del mismo año, el Plan de Cerro Prieto (cerro ubicado a dos kilómetros de Tlaquiltenango), basado en el formato y las ideas del Plan de Ayala. El 24 de marzo de ese año, Jaramillo intentó tomar por sorpresa Jojutla, Zacatepec y Tlaquiltenango pero sólo se apoderó durante tres horas de esta última plaza y regresó a los cerros. En 1944, por intervención de Cárdenas, fue amnistiado por el presidente Ávila Camacho, al presentarse ante él, Jaramillo denuncia el cacicazgo y la corrupción y critica la intervención del ejército y el servicio militar obligatorio que considera “leva”. El presidente le ofrece tierras fértiles en el Valle de San Quintín en Baja California, oferta que es rechazada, pero acepta un trabajo en el mercado 2 de Abril de la ciudad de México, que desempeña unos meses. A regresar a la legalidad, encuentra que Epifania había muerto temerosa, abandonada a su suerte y sumida en una gran depresión. Pronto encontró otra Epifania, de apellido García, católica, que lo acompañó el resto de su vida hasta morir junto con él.

En 1945, creó el Partido Agrario-Obrero Morelense PAOM, precursor de la lucha feminista y en alianza con el Partido Reivindicador Popular Revolucionario de Enrique Calderón, contendió por la gubernatura de Morelos. Su campaña comprendió 180 poblaciones de Morelos y logró grandes concentraciones en Jojutla, Zacatepec, Talquiltenango, Cuautla, Emiliano Zapata y Tepalcingo. Ofrecía crédito popular, escuelas rurales, becas, desayunos escolares y renovación del ingenio. El triunfo del candidato oficial Ernesto Escobar Muñoz, fue cuestionado por los jaramillistas, por lo que algunos de sus seguidores fueron aprehendidos y torturados.

Perseguido, Jaramillo volvió a la clandestinidad, y apoyó a los campesinos en contra de la aplicación indiscriminada del rifle sanitario, a los jóvenes para que el servicio militar no lo hicieran acuartelados sino en sus municipios, y a los obreros y ejidatarios contra la explotación y los abusos de los ingenios de Zacatepec y Atencingo. En 1948, apoyó la huelga  en el ingenio de Zacatepec por aumento salarial y contra la corrupción.

Con el gobierno de Miguel Alemán, se acelera la industrialización y la urbanización de Morelos. El ingenio de Zacatepec alcanza su mayor nivel de producción y la autopista a Cuernavaca estimula el mercado inmobiliario, por lo que surgen grandes fraccionadores como Agustín Legorreta, Donald M. Storner, Ambrosio Sustaeta, Carlos González Palma y los hermanos Estrada,

En 1951, reavivó su partido e hizo alianza con el general Miguel Henríquez Guzmán, candidato a la presidencia por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano y fue nuevamente candidato a gobernador. Durante la campaña, Jaramillo logró organizar concentraciones de hasta 20,000 personas en Cuautla y de 15,000 en Cuernavaca, así como de miles en los poblados cercanos a Zacatepec. Así mismo, fomentó la participación de las mujeres en pro de su derecho al voto en elecciones federales. Además, dos mujeres fueron sus guardaespaldas. El 20 de marzo de 1952 tuvo lugar la elección y resultó vencedor Rodolfo López de Nava del PRI. Los jaramillistas denunciaron fraude electoral y solicitaron el apoyo de Henríquez Guzmán, pero los simpatizantes de ambos fueron reprimidos, algunos torturados y desaparecidos. Jaramillo y su esposa huyeron a ocultarse. Junto con henriquistas dirigidos por Celestino Gasca, Jaramillo participó en la preparación de una revuelta nacional que estallaría el 4 de octubre en los estados de Chihuahua, Michoacán, Sonora, Querétaro, Hidalgo, Veracruz, Oaxaca, Guerrero y Morelos, en donde Jaramillo tomaría Cuernavaca.. Pero la insurrección abortó y los jaramillistas se quedaron plantados.

Los años siguientes, regresó a Tlaquiltenango, intentó nuevamente revivir su partido y trató de democratizar la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de la CNC; además, logró la destitución del gerente corrupto del ingenio de Zacatepec, apoyó a los comuneros de Ahuatepec y a los ejidatarios de Acapatzingo contra los fraccionadores; luchó por las tierras de los Llanos de Michapa, se solidarizó con las luchas de ferrocarrileros y maestros de 1959-60, apoyó la Revolución Cubana y coordinó acciones con el Movimiento de Liberación Nacional. Además, se cuenta que ya era compadre de Cárdenas, quien le había presentado al joven Fidel Castro y que había afiliado al Partido Comunista a más seiscientos campesinos de la región para fortalecer su base. Llegó a la conclusión que en Morelos la lucha campesina ya no era contra los hacendados sino contra los fraccionadores, políticos, y burócratas y generales enriquecidos.

El 5 de febrero de 1962, ante la negativa de las autoridades agrarias de atender sus peticiones de dotación de tierras, grupos de campesinos organizados como centro de población “Otilio Montaño”, encabezados por Jaramillo, se apoderaron de los terrenos de “El Guarín”. Durante un mes sobrevivieron como una organización comunal hasta que fueron desalojados por el ejército y la policía judicial. Se cuenta que en esos terrenos tenía intereses el expresidente Alemán. Jaramillo no abandonó la lucha e intentó entrevistarse con el presidente López Mateos para que esas tierras fueran adjudicadas a los campesinos que las demandaban. Pero perdió el contacto  con el presidente y en la prensa se difundieron rumores de que Jaramillo volvería a levantarse en armas. Su casa fue violentada y saqueada, por lo que el 21 de mayo denunció los hechos a la Procuraduría General de la República y responsabilizó de los mismos al gobernador López Avelar.

El 23 de mayo siguiente, Rubén Jaramillo, su esposa Epifania Zúñiga García y sus hijos Enrique, Ricardo y Filemón, fueron secuestrados por soldados vestidos de civiles al mando del capitán José Martínez Sánchez, hombre moreno cuya mejilla cruza una cicatriz, guiados por el exjaramillista Heriberto Espinosa, alias “el pintor”, y trasladados en vehículos militares a las inmediaciones de las ruinas de Xochicalco, en donde horas después fueron ultimados con armas reglamentarias del Ejército Mexicano. La operación fue presenciada por los vecinos y Rosa García, anciana madre de Epifania.

Carlos Fuentes describió los asesinatos en la revista Siempre!

“Los bajan a empujones, Jaramillo no se contiene: es un león de campo, este hombre de rostro surcado, bigote gris, ojos brillantes y maliciosos, boca firme, sombrero de petate, chamarra de mezclilla, se arroja contra la partida de asesinos; defiende a su mujer, a sus hijos, al niño por nacer; a culatazos lo derrumban, le saltan un ojo. Disparan las subametralladoras Thompson. Epifania se arroja contra los asesinos; le desgarran el rebozo, el vestido, la tiran sobre las piedras. Filemón los injuria; vuelven a disparar las submetralladoras y Filemón se dobla, cae junto a su madre encinta, sobre las piedras, aún vivo, le abren la boca, toman puños de tierra, le separan los dientes, le llenan la boca de tierra entre carcajadas. Ahora todo es más rápido: caen Ricardo y Enrique acribillados; las subametralladoras escupen sobre los cinco cuerpos acribillados. La partida espera el fin de los estertores. Se prolongan. Se acercan con las pistolas en la mano a las frentes de la mujer y los cuatro hombres. Disparan el tiro de gracia. Otra vez el silencio en Xochicalco.”

Texto con fragmentos publicados en Pensamientos Magonistas y Memoria Política de México 

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