Respuestas organizativas de los de abajo: ¡Algo nuevo nació!

Desde el pasado mes de junio, en la ciudad de Los Ángeles, California, se ha evidenciado el profundo desprecio que el poder tiene hacia los que nos consideramos “los de abajo”. El racismo, clasismo, fascismo, militarismo, han desnudado al poder. Pero no quiero hablar sobre lo que nos golpea, sino, más bien, de todo aquello que está creciendo y desplegándose en el gran colectivo que somxs. Definitivamente, en los primeros tres días de agitación social, me refiero al 6, 7 y 8 de junio, se comenzó a anunciar que algo nuevo nació en nosotrxs.
La ciudad de Los Ángeles, y en general el estado de California, cuenta con un vasto pasado de movilizaciones, por ejemplo, la Unión de Trabajadores Agrícolas UFW y el Movimiento chicano de la década de los sesenta, después las boinas cafés Brown Berets, y muchos más organizaciones que aunque no han tenido los reflectores públicos, han estado sumando al acumulado de experiencias. También, no podemos olvidar y dejar de reconocer que, los millones de migrantes que se encuentran en los Estados Unidos, han cargado y llegado con conocimientos organizativos de sus lugares de origen, por ejemplo, los pueblos originarios migrantes, que saben cargar con su historia y sembrarla a donde llegan, y aunque en contexto distintos, hacen comunidad. Entonces, las comunidades migrantes, desde su llegada, están en movimiento. Por décadas, han creado redes de solidaridad para cobijarse y sobrevivir en los nuevos contextos donde toca hacer la vida. Lo que quiero decir es que, aún no reflexionamos lo suficiente para comprender y nombrar al enorme colectivo que somxs y las diversas formas en las que nos movilizamos-organizamos.
Ahora que estoy aprendiendo de las historias pasadas y presentes de los migrantes en Estados Unidos, traigo constantemente en la cabeza cómo en las universidades de México no se habla ni se enseña la historia de los mexicoamericanos. México no sabe la historia del otro México y eso es terrible. Y bueno, si no sabemos nada sobre ese pasado-presente de movilizaciones, es difícil comprender lo que ocurre ahora en la ciudad de Los Ángeles.
Las movilizaciones de estas semanas no comenzaron solo por el desacuerdo ante las nuevas políticas de gobierno contra las comunidades migrantes, esto no inició en 2025, debemos de mirar el largo proceso histórico que se tiene y así comprender que lo que vemos ahora es solo una muestra del hartazgo social que se ha producido por décadas de desprecio, racismo y criminalización a las comunidades migrantes. Por eso, es tan importante no dejar de recalcar que los migrantes no han dejado de movilizarse y organizarse por décadas y décadas. También es necesario decir, que algo nuevo nació, algo que va más allá del chicanismo y no porque no se quiera ser chicano, pues como lo dije, ahí está también ese fuerte y solido pasado, pero lo que está ocurriendo hoy, necesariamente tenemos que verlo más allá de los movimientos que abrieron camino. Recordé que cuando el movimiento feminista se abrió y fortaleció, fue cuando se comenzó a reconocer la existencia de diversos feminismos. Incluso, algunos grupos o colectivas, ya ni siquiera usaban la palabra feminista para nombrarse, pues ese concepto ya no permitía explicar lo que eran. Y, a eso es a lo que me refiero, que debemos de explicar y comprender lo que está ocurriendo más allá de los nombres que se han usado, pues definitivamente algo nuevo nació, algo que no se define, ni explica en los términos, conceptos que hasta el momento nos ayudan a nombrarnos.
¡La migra no se fue, el pueblo la sacó!
La militarización en las calles de Los Ángeles y la cacería que se desató por la “captura” de migrantes ha sido horrible, deshumanizante y absurda e irracional. Las violencias y esa fuerza absolutista y arbitraria que dirige a estas tropas militares contra la población es abrumadora. En realidad, es imposible que la población pueda enfrentar a estos militares, pero esa no ha sido una razón suficiente para que miles de personas sigan en las calles desafiándolos. En teoría, no hay nada que hacer, pues no existe posibilidad alguna de que se puedan frenar esos ataques, pero a pesar de saber eso, la gente, los jóvenes, las mujeres, salen a las calles y confrontan a las fuerzas del poder. Como siempre, las mejores armas de nuestros “ejércitos desarmados que somxs”, es que salimos al combate porque ya no hay nada que perder. También creo, que las movilizaciones no buscan enfrentar a los policías de migración o al ejército, pues se tiene la claridad de que ahí no está nuestra fuerza, ni nuestra lucha, sino más bien, en cobijar a los migrantes que están atacando y criminalizando. Las respuestas, siempre deben salir desde nuestros términos, por eso, vemos como la gente sale y solo se planta frente a ellos, para obligarlos a retirarse, lo hemos visto en las calles, en el campo de Oxnar y en distintos vecindarios de la enorme ciudad de Los Ángeles.
Y no solo se busca sacar a la policía de migración de las calles, sino que también, se organiza la gente y hace patrullajes en sus barrios para avisar si hay presencia de ICE en la zona y se crean los medios de comunicación y difusión de abajo, ya que las cadenas informativas no lo hacen. También, se tiene mucha claridad sobre quien debe de estar en las marchas y quien no. Quien puede enfrentar a la policía y quien no. Y esta práctica del cuidado no solo ha salido en estas movilizaciones pro migrantes, también se hizo en los campamento y marchas pro Palestinas, pues un país de inmigrantes, sabe con claridad que el estatus migratorio te coloca en distintas posiciones y vulnerabilidades.
Me cuenta la gente mayor a los cincuenta años, que el valor y determinación con la que la gente enfrenta al poder hoy, es distinta a lo que vieron en las redadas migratorias del pasado. Cuando me platican, veo claramente que el poder que se tiene hoy en el nosotrxs, es por la pesada acumulación represiva que se ha vivido en sus familias. Hoy también es un ¡Ya Basta!
¡Salí a las calles, porque mis padres no lo pueden hacer!
Sin duda, un gran número de manifestantes salen a luchar y organizarse por sus familias, pero no solo hay eso. También es muy importante reconocer que las movilizaciones pro migrantes han logrado la simpatía de distintos sectores de la sociedad norteamericana, ya que han comprendido que esta cacería no es para deportar a criminales, sino más bien para criminalizar a pueblos que, aunque no se les reconozca plenamente, son parte fundamental de los estados unidos.
Más allá de una nación, un mosaico de pueblos.
Los que salen a las calles, no son solo mexicanos, africanos, asiáticos, árabes o europeos, es más bien el diverso mosaico de pueblos que caracteriza a ese país. Esta crisis social que se vive hoy en los estados unidos, está permitiendo acercase con los que parecen ser los otros. Cuando veo esos mágicos encuentros, espero que pronto se generen las condiciones para comenzar el largo camino de construirnos desde nuestras diferencias. Por eso, es tan importante que en estos momentos de crisis, pero también de creación y construcción revolucionaria, se guarden las banderas que enaltecen a naciones y desconectan nuestras verdaderas luchas. Ya idearemos en hacer una o varias banderas que hable del nosotrxs que somxs.
Pese a la censura, represión y criminalización, la gente no va a parar, eso también ya se decido. Salir a luchar, aunque la razón diga que perderemos, no doblega a las resistencias actuales. Así son las batallas ahora, lo vemos con el pueblo Palestino y muchos más que están enfrentando en primera línea a los ejércitos que quieren terminar con la vida y la dignidad de la humanidad. Pero, en verdad, ya no hay marcha atrás, y esta decisión de luchar y resistir es nuestra realidad. Constantemente, en las calles de Los Ángeles, se grita ¡No es vandalismo, es resistencia! Y efectivamente, eso es lo que se vive, una resistencia civil, amplia, diversa y digna.
La respuesta de los de abajo, ha impulsado una poderosa resistencia que enfrenta el poder fascista que busca terminar con la vida. Una resistencia que no cuenta con armas, pero que si va caminando y ejerciendo actos de ternura, cuidado, hermandad, solidaridad y dignidad.
Rocío Moreno
Historiadora y defensora indígena coca de Mezcala, Jalisco, interesada en mostrar cómo las historias de vida están totalmente vinculadas a los proyectos que abanderan las resistencias en México, pues ¿qué son las resistencias sin la infinidad de historias de vida que las constituyen?