Raíces vivas: historias del pueblo wixárika

Pueblo wixárika

Microhistorias Wixaritari

Texto: Rocío Moreno

Sería muy difícil poder hablar de la historia del pueblo wixárika, porque su cultura es enorme y profunda. De hecho, creo que primero tendríamos que tomar varios cursos para desmontar las nociones occidentales que tenemos en nosotros, porque en verdad que el sentir y pensar wixárika es distinto a como nosotros vemos la geografía, la espiritualidad, el territorio, la vida misma. Por eso, pensamos que este episodio de Voces de la tierra se debe de enfocar desde las microhistorias wixaritari. Con la microhistoria, se observa, escucha y comprende a profundidad algo en particular, en lugar de centrarse en los grandes sucesos. La microhistoria nos recuerda que, en los momentos más íntimos, particulares y cotidianos, es donde se forja el entramado de historias que sostiene a un pueblo.

Los wixaritari se encuentran en los estados de Jalisco, Nayarit, Zacatecas y Durango. Pero también viven en distintas ciudades de México, por ejemplo, Guadalajara, Zapopan y Tepic —pero tampoco sólo ahí—. Entonces, en esos distintos lugares viven los wixaritari, pero ese no es todo su territorio, pues hay sitios sagrados que habitan y recorren: Haramaratsie: el mar, en Nayarit. Te’akata: unas grutas sagradas en la Sierra Huichola. Wirikuta: el desierto de San Luis Potosí, considerado el lugar de origen del mundo y del venado sagrado. Xapawiyemeta: la Isla de los Alacranes en el lago de Chapala. Por eso, los wixaritari nos enseñan a repensar y habitar los territorios como lo eran antes de la colonización europea y del nacimiento de los estados-nación, que dividieron y fragmentaron culturas y, en su lugar, levantaron fronteras.

Estas microhistorias son narradas por dos jóvenes originarios, que desde su peculiar formar de habitar y ser wixárika, nos enseñan un pedacito de la fortaleza de este pueblo.

Tuutu significa flor

Tuutu Geraldine Rivera Carrillo es originaria de la comunidad wixárika San Miguel Huaixtita. Ella creció en su comunidad, junto a sus abuelos, de quienes les aprendió su hacer comunitario. La abuela de Tuutu es sanadora, y pronto las autoridades públicas de salud la reconocieron como una de las primeras enfermeras en su pueblo, así que Tuutu, cuando niña, acompañó a su abuela a partos, aplicar inyecciones, vacunas o sueros. Ahí fue donde ella se dio cuenta de las necesidades en su comunidad. También con su abuelo aprendió las urgencias que se debían de resolver en el pueblo, y con él veía la búsqueda y construcción de una educación intercultural, pues, como lo menciona Tuutu, no sólo era tener escuelas, sino que lo impartido en las aulas también tendría que ser desde su lengua y cultura.

Abuelos de Tuutu: José Ángel Zavala Ramírez, Marina Salvador Díaz, ambos luchadores en su comunidad. José Ángel lucho por la educación y Marina por el servicio de salud.

Tuutu se creció en las luchas y trabajos que realizaban sus abuelos para su comunidad. José Ángel Zavala Ramírez y Marina Salvador Díaz le enseñaron a luchar y trabajar para resolver las problemáticas de su pueblo en materias como salud y educación.

Tuutu estudió su secundaria y preparatoria en la sierra y, orgullosa, menciona que ella habla, lee y escribe en wixárika y que como segunda lengua tiene el español. A Tuutu le ha tocado recoger algunos de los frutos de la lucha pasada que iniciaron sus abuelos y demás miembros del pueblo. El camino aún es largo en la educación, pero también es importante reconocer los avances que ya tienen.

Cuando Tuutu decidió continuar con los estudios universitarios, tuvo que vivir en la ciudad de Guadalajara. Actualmente es estudiante de Psicología y camina nuevos espacios. Me dice que hasta que llegó a Guadalajara sintió el racismo. Ahí, se cuestionó si estaba mal ser indígena. Y ese momento, el de topar el racismo de frente, es lo que viven miles de jóvenes indígenas, porque al llegar a las ciudades, universidades, etcétera, deben de posicionarse frente a todo aquello que quiere negar su existencia. Esa también es la historia del racismo y clasismo que hay en todo México. Afortunadamente, Tuutu cuenta con una red fuerte de migrantes wixaritari que desde tiempo atrás han tenido que abrir brecha al camino.

Me alegro escuchar la historia de Tuutu, una joven wixárika que está sostenida por los esfuerzos del pasado de su pueblo y la fortaleza identitaria que trabajan día a día. Uno de los regalos que ha recibido en su acercamiento a otras tierras y espacios es el movimiento feminista. Me dice que le gusta mucho el feminismo. Ella, una joven wixárika, se siente feminista y desde el 2021 participa en la marcha del 8 de marzo. Dice que la invitaron otras mujeres de su universidad y que ahora sabe que hay una lucha común, más allá de la lucha de su pueblo. Al comenzar a involucrarse en esos espacios políticos, se interesó en los derechos reproductivos de la mujer.

Marcha del 8 de marzo en Guadalajara.

Derecho a decidir: Ne m+ Katiu ta xat+a (lo que no me contaron)

Poco a poco, como lo hacen los migrantes de pueblos originarios, Tuutu comenzó a idear formas de llevar todas esas nuevas experiencias feministas a territorio wixárika. Este verano de 2025, Tuutu realizó un taller nombrado “Ne m+ Katiu ta xat+a (lo que no me contaron)”, con niñas de la primaria de su comunidad. Cuando habla de ese momento, se le iluminan sus ojos y cuenta de lo importante de hablar sobre temas que parece prohibidos, como que no deben de hablarse. Tuutu también es consciente de que estos diálogos no deben de transgredir las tradiciones de su pueblo, pero está convencida de que se debe de comenzar —desde niña— a fortalecer a las niñas, mujeres, abuelas, para que decidan por sus propios cuerpos.

Mujer wixárika

En el interior de los pueblos originarios, se están haciendo luchas y esfuerzos para construir sociedades y organizaciones donde las mujeres, niñxs y jóvenxs participen activamente en los espacios que decidan. No siempre se habla de feminismo, sino más bien del derecho de decidir y participar libremente en cualquier asunto. Tuutu dice que algunas veces los hombres de su comunidad la han hecho sentir chiquita, por ser joven y ser mujer, así que para ella está claro que su lucha como joven wixárika es arrancar de raíz esa práctica y sentimiento en su generación y en las futuras.

Finalmente, Tuutu nos dice que una historia que debemos de conocer del pueblo wixárika es la lucha que se sigue dando por tener una educación desde sus propios términos y cultura. Ella recuerda que en las escuelas que estuvo en la sierra tienen su propio centro ceremonial (Kaliwei), y recuerda cómo ellos ayudaron en su construcción y cargaron las rocas hasta formar la casa. Los wixaritari no sólo luchan por el territorio, sino que siempre hay una más allá, por ejemplo, luchar por tener una escuela y decidir los contenidos que se impartirían ahí. Sólo así, en sus escuelas, los niñxs y jóvenxs aprenden su historia, cultura, lengua, tradiciones y otros conocimientos occidentales.

Otro de los narradores de estas microhistorias es M+iweme Agustín Félix. Él es originario de la comunidad wixárika de Santa Catarina, Jalisco. Agustín se hizo comunero hace poco tiempo, cuando cumplió 18 años y lo llamó su comunidad para que diera su decisión sobre ser comunero, y él aceptó. Me dice que como ahora estudia Arquitectura en la ciudad de Guadalajara, debe de asistir por lo menos a una de las cuatro asambleas que se celebran en el transcurso del año. Estar fuera físicamente de la comunidad no significa que estés fuera de los procesos comunitarios; al contrario, se deben de construir las formas necesarias para migrar con la comunidad.

M+iweme sabe a profundidad que su pueblo está unido y que ahí está gran parte de su fortaleza. También sabe que los trabajos que deben de hacer para su pueblo son trabajos sin pago económico. Las estructuras comunitarias que sostiene la comunalidad en los pueblos originarios son lo que ha permitido sobrellevar los tiempos difíciles del pasado y el presente. Por esto, el que un joven se sume a este esfuerzo colectivo transgeneracional es fundamental para la existencia de nuestros pueblos.

M+iweme quiere narrar una de las tantas historias de luchas agrarias del pueblo wixárika: la lucha actual del sitio sagrado de Wirikuta en San Luis Potosí. Desde 2010, el pueblo wixárika ha combatido legalmente alrededor de 78 concesiones mineras otorgadas a empresas canadienses (en su mayoría). Esta es una lucha vigente, en la que no puede claudicar el pueblo wixárika, ya que, desde la cosmovisión de este pueblo, ahí inicia la vida. Preservar la integridad del sitio es fundamental para su cultura, para las peregrinaciones que realizan y su cosmovisión. Defender Wirikuta no sólo tiene un valor ecológico, es sobre todo el lugar de origen del sol, donde nace la vida. Ahí se fortalece y sostiene su identidad cultural, espiritual y ritual. Es el territorio donde se realizan las peregrinaciones anuales y donde se encuentra con la planta sagrada del peyote.

M+iweme, aunque es muy joven, sabe que su pueblo existe por la naturaleza. Sin la naturaleza, dice, no seríamos nada, y por eso es tan importante seguir luchando por Wirikuta.

Le pregunto quién le enseñó esta historia y lucha de Wirikuta y, sin titubeos, me responde que su familia, su pueblo, los marakames y la planta sagrada del peyote.

Wirikuta, donde se da la vida

“Ahí, en toda esa zona (Wirikuta) está el corazón del pueblo wixárika. Ahí fue donde nació el hermano mayor Venado y ahí es donde está el peyote. Por eso nuestro pueblo peregrina hasta ese sitio, ahí busca y encuentra el peyote, que es un maestro que te enseña. El peyote nos enseña nuestra historia y quiénes somos como wixárika. Cuando buscamos respuestas y queremos aprender, o los que quieren ser marakames, vamos a Wirikuta”.

Cuando hablaba con M+iweme me dijo en varias ocasiones que no creyera que estuviera mal, porque lo que me diría estaba fuera del racionamiento occidental, pero que su palabra era verdadera. Y lo es, porque ahí es donde se fortalece su pueblo y hacen su vida desde su cosmovisión, y aprenden su historia en los cantos, rezos, peregrinajes, rituales, danzas y todo lo que los hace ser wixárika.

Finalmente, M+iweme menciona que en Wirikuta está todo el conocimiento de su pueblo. Y aunque él vive y ha crecido según la cultura y la tradición, me dice que aún no se siente preparado para hacer la ceremonia de comer peyote. Desde niño se preparan en las fiestas y ceremonias para recibir los dones y visiones que les dará el peyote.

Él, como joven wixárika, busca ser más consciente, porque dice que le tiene respeto. M+iweme, cuando me narró la lucha y defensa de Wirikuta, no me mencionó fechas ni nombres de héroes o incluso de los tiranos de la historia. Simplemente se centró en explicarme la importancia que tiene este sitio para todo su pueblo y de las razones que tienen para luchar y defender al sitio sagrado.

M+iweme tiene poco tiempo viviendo en la ciudad de Guadalajara, pero piensa ya en su regreso y en devolver algo a su comunidad de lo que está aprendiendo en la universidad. Sabe que los conocimientos aprendidos sólo servirán si se adecuan a la realidad de su pueblo. Él está investigando y estudiando ecotecnologías para implementarlas en el lugar donde creció.

Ambos jóvenes, Tuutu y M+iweme, me refrescaron con su palabra; también me confortó saber que los miembros más jóvenes de este pueblo están dispuestos a continuar las luchas, la costumbre y la tradición. Con ellos, los jóvenxs, también podemos ver la fortaleza del pueblo wixárika.

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Galerías fotográficas

Defensa, educación y territorio

Estudiantes de la Secundaria Intercultural Tei M+ayema, ubicada en la localidad de Tsapara, Guadalupe Ocotán, La Yesca, Nayarit, recorren los límites territoriales de la comunidad de Guadalupe Ocotán y lugares sagrados del bosque, actualmente amenazados por talamontes.

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La fiesta del esquite

La Fiesta del Esquite en la Secundaria Intercultural Tei M+ayema es un proyecto educativo sostenido por la comunidad desde 2018 en Tsapara, Guadalupe Ocotán, La Yesca, Nayarit. Maestros, familias y alumnos realizan festividades tradicionales en su escuela. Construir espacios de educación propios permite a los pueblos integrar todos sus conocimientos. Las escuelas occidentales despojan a los pueblos originarios de su cultura.

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La música y el territorio

Crispín Carrillo es de la comunidad de Tsapara, Mesa de Chapalilla, Guadalupe Ocotàn. La música es parte central de los rituales y peregrinaciones sagradas, especialmente hacia Wirikuta, Tatei Haramara y otros sitios. Acompaña ceremonias relacionadas con el maíz, el venado y el peyote, que forman la tríada sagrada wixárika. Los instrumentos son el tepu (tambor), la xaweri (violín tradicional) y la kanari (guitarra pequeña). La música transmite conocimiento, es un puente con su vida espiritual y fortalece su memoria colectiva y la conservación y vínculos que sostienen con su territorio.

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