Esquina, bajan

Krizna Aven

¿Primero los pobres?

Franelear es un trabajo y no me da vergüenza

El pasado 1 de junio, el gobierno de la Ciudad de México presentó ante el Congreso de la capital una iniciativa para reformar la Ley de Cultura Cívica, que pretende sancionar el uso ilegal de la vía pública por parte de los mal llamados “franeleros”. Además de una tramposa campaña mediática de desprestigio a nivel nacional, esta propuesta pretende penalizarlos con arrestos inconmutables. La presidenta de la mesa directiva de la capital, Martha Ávila, informó que esta iniciativa fue suscrita por parte de la jefa de gobierno, Clara Brugada.

Esta propuesta legislativa busca modificar la ley vigente en el artículo 28 bis: La primera fracción establece una sanción para quien aparte con algún objeto un estacionamiento en la vía pública, la segunda fracción refiere obstaculizar o impedir el uso del espacio público, mientras que la tercera fracción hace referencia a exigir, coaccionar o intimidar a cualquier persona para obtener un pago por vigilar, cuidar y lavar vehículos.

Por otra parte, el artículo 31 establece la infracción de tipo F y que en este caso el juzgador evaluará el tipo de afectación: “donde franelero o viene-viene coaccione, intimide o presione para cobrar una cuota por el uso de espacio para estacionamiento, tendrá una sanción de 36 horas de arresto y no habrá posibilidad de sustituir dicha medida por otra, como método de pago o trabajo comunitario”. Aunque esta es una falta administrativa, se podrá vincular a cuatro artículos del código penal: El 148 que tiene que ver sobre extorsión, el 209 por amenazas y el 130 por lesiones.

Ante este panorama, la situación de cientos de trabajadores informales y no asalariados en la Ciudad de México se agrava, ya que no solamente existe la posibilidad de la prohibición, sino también la criminalización contra la clase trabajadora más desprotegida por parte de la jefa de la Ciudad, Clara Brugada Molina.

Al respecto, Jaime Peña Martínez, de 39 años de edad, hombre delgado y de piel morena, nos comenta:

Llevo más de dos años de franelero en el oriente de la ciudad. A diario ganaba como 150 pesos pero cuando me iba bien hasta 350. Con esto pagaba mi comida, la renta, la luz y lo que llegara a necesitar. No soy casado pero he tenido gastos imprevistos. Hace dos meses me asaltaron antes de llegar a mi casa, me golpearon y tuve contractura nerviosa del lado izquierdo de la cara, gasté más de 13 mil pesos en consultas y medicamentos.

Hace un mes se incrementaron los operativos del gobierno contra nosotros. Los policías me dijeron que y no podía trabajar, que antes no estaba tolerado pero permitido, ahora ya no está autorizado por las leyes que implementaron en la ciudad. Me advirtieron que si me veían trabajando m e llevarían al juzgado cívico. Supe después que ya se habían llevado detenidos a dos conocidos míos. Esto está mal porque habemos muchas personas que salimos a buscar el pan cada día pero ahora ya no se puede. Varios de mis compañeros se han movido para vender dulces, otros no encuentran trabajo y otros siguen franeleando a pesar del riesgo de ser detenidos.

No me conviene trabajar en una empresa porque solo estudié la secundaria y me piden más estudios. Tienen horarios muy pesados, te exigen disponibilidad de tiempo y pagan muy poco. No estoy al cien desde que me golpearon. Extraño mi trabajo, conocer gente y platicar. A mis clientes les gusta la atención que les brindo y no les pido una cuota, solo cooperación voluntaria, se sienten seguros cuando les cuido sus coches. Varias veces, personas de la calle y borrachos han querido intimidar a mis clientes pero los corro y no permito que les hagan daño, por eso se sienten agradecidos y seguros cuando me ven. Me he buscado enemistades por defenderlos pero no me gusta que los taloneen.

En una ocasión me tocó ver como un conductor iba a toda velocidad y aventó a un chavo que iba manejando en un triciclo de carga. Se dio a la fuga pero corrí a ayudar al chico de 17 años que quedó tirado en la avenida. Recordé que no se puede mover a un accidentado, afortunadamente, él estaba consciente y le pregunté si quería que le llamara a una ambulancia o a un familiar, me dijo que no, se tomó un tiempo y se pudo levantar. Le di un banco para que se sentara y lo cuide por más de media hora hasta que se le pasó el susto. Se levantó y me dio las gracias pero se fue preocupado pensando en que se había dañado el triciclo. No era de él sino de su patrón y lo estaba esperando para recoger una mercancía.

Qué mal que el gobierno no nos tome en cuenta, muy al contrario, nos pasa a afectar. Ellos sí tuvieron la oportunidad de terminar sus estudios pero muchos no, tienen un trabajo estable y beneficios por eso no les importamos. Las autoridades deberían enfocarse en lo más grueso del país como la corrupción y el narcotráfico y no chingar a quien no deben. Escuché que quieren poner parquímetros para quitarnos el trabajo pero no les va a funcionar porque las autoridades no se hacen responsables de robos o accidentes que les ocurre a los que tienen que utilizar parquímetros afuera de su casa o trabajo.

“Tengo planes de estudiar la prepa, juntar para un casa, casarme y seguir ayudando a mi familia. He estado buscando chambitas, hago mandados y lavo los coches de mis vecinos. Franelear es un trabajo y no me da vergüenza porque no le estoy robando ni haciendo daño a nadie. A todos mis compañeros de trabajo les digo, supérense, busquen más opciones de trabajo pero si hay chance, sigan franeleando”, concluyó.

Por su parte, Sonia Romero, mujer de 1,60 de altura y con 56 años de edad, con una sonrisa a flor de piel, nos confía:

Soy de la Ciudad de México y llevo más de 20 años acomodando carros. Con lo que ganaba le ayudaba a mis hijos para que salieran adelante. Tengo tres hijos, dos casados y uno de 16 años que está estudiando en el Poli (Instituto Politécnico Nacional, IPN) como técnico en computación. También tengo un nieto de 12 años estudiando la secundaria. Ellos son mi alegría y mi orgullo. A mí me hubiera gustado estudiar medicina pero solo pude llegar hasta secundaria.

Me dediqué a esto porque se gana más que en una fábrica. Hace un mes metieron un operativo para prohibirnos trabajar, me dijeron que fue por órdenes de la alcaldesa de Venustiano Carranza para limpiar calles y avenidas de coches y franeleros. M e dijeron que iba a ser por un mes pero siguen todavía el operativo. Lo curioso es que los policías que se supone están cuidando para que no haya coches estacionados, son los que ahora se dedican a franelear, ¡cínicos!

Antes de que nos prohibieran trabajar, me hacía como 250 pesos diarios pero los días buenos, hasta 500. Tenía un horario fijo de trabajo, de 1 de la tarde a 11 de la noche. Esto me ha afectado, gano menos y tengo que mandar dinero a una hija que esta presa injustamente en el reclusorio. Ella tenía un amigo que la utilizó, una vez, él fue a verla después de haber robado a alguien, desafortunadamente lo agarraron cuando estaba platicando con mi hija y se los llevaron presos. Antes le mandaba 100 pesos diarios pero ahora ya no puedo.

Esta ley no nos ayuda. Me contaron que nos quieren poner en regla y que tendremos que llenar una solicitud para estar en un registro pero vamos a tener que pagar impuestos. No estoy de acuerdo, el dinero no nos alcanza. Este gobierno siempre ha dicho que primero los pobres pero en realidad no nos están apoyando, nos están quitando el trabajo. Le pido a las autoridades, que no nos lleven detenidos porque están pidiendo 2 mil pesos para soltarnos, no tenemos ese dinero, apenas sale para comer. A los clientes que llegan a este centro comercial tienen que pagar una multa, además, les están quitando las placas de sus autos y tienen que dar dinero para recuperarlas.

“Me gustaría regresar a trabajar, soy madre soltera de tres hijos y tengo un nieto que dependen económicamente de mí. Esto está pasando por personas que cuidan coches y que ponen tarifas obligatorias. Les pido que trabajen por la derecha, que traten bien a los clientes y que no les exijan dinero, que sea voluntario lo que les quieran dar. Una vez se le cayó el celular a un cliente, lo recogí y a los 5 minutos marcó y le contesté, le dije que yo lo había levantado, regresó a ls 10 minutos, me dio las gracias y una propina. Quiero que la gente y el gobierno sepan que no todos somos iguales”, finalizó.

Krizna Aven

Desde los 18 años empecé a ejercer el trabajo sexual, y gracias a esto comencé a ser promotora de salud y defensora de derechos humanos de las compañeras trabajadoras sexuales. Desde el 2006 soy adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona propuesta por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional  (EZLN). Debido a la constante represión contra el sector al que pertenezco nos vimos en la necesidad de ser activistas y desde hace más de 15 años periodistas. Para mí es fundamental contar las historias directamente del o de los protagonistas, ser un puente que sirva para dar a conocer historias y denuncias que difícilmente son tomadas en cuenta. El compromiso de escribir sigue latente en mí.

Dejar una Respuesta

Otras columnas