La Zanja de Alsina y Little Big Horn: 150 años de resistencia indígena

Portada del segundo volumen de Pop Wow Punk
Hay que admitir que no es un nombre muy vendedor. La banda se llama 1876 y precisamente, no llega a los 5 mil oyentes mensuales en la plataforma musical que más se escucha en la Argentina. Además, su álbum más reciente data de 2020, ritmo que no es el que aconseja el mercado discográfico que se guía por algoritmos. No obstante, desde entonces hasta hoy lanzó varios EP. El más reciente es del año pasado y tiene como título una apretada declaración de principios: “Pow wow punk rock”. Es el cuarto de idéntica denominación. Su simple con más escuchas se titula “Braids in the pit”, que podría traducirse como “Trenzas en el pogo”. Resulta inevitable asociar su sonido con el de Rage Against The Machine (RATM), pero 1876 va todavía más lejos en su concepción musical: los filosos riffs pueden dar paso a cantos tradicionales y la batería resignar protagonismo para que se escuchen antiguos tambores. Los músicos residen en Portland (Estados Unidos) y es comprensible que canten en inglés, pero la del opresor colonial también queda a un costado cuando intervienen las lenguas cheyene y blackfeet. Son las pertenencias que reivindica Gabe Colhoff, líder y fundador del grupo. Quizás a esta altura de la introducción, ya pueda entreverse por qué el nombre de la banda.
La historia colonialista llama Batalla de Little Big Horn a la que se produjo entre el 25 y el 26 de junio de aquel año. Lxs lakota y otros pueblos de las Grandes Llanura la llaman de otra manera: Greasy Grass. Tal vez se trate del episodio bélico más tergiversado por la cinematografía durante décadas: quienes en la actualidad peinamos canas, vimos demasiadas veces durante nuestra niñez “Murieron con las botas puestas” (1941), una producción que convirtió en héroes a genocidas y en digno de admiración a un militar que dio muestras de enormes torpezas. Estados Unidos se aprestaba a celebrar el centenario de su independencia cuando el teniente coronel George Custer ordenó atacar un inmenso campamento lakota y precisamente cheyene, es decir, no se trataba de una posición de finalidades militares, sino un poblado donde la mayoría de las personas eran mujeres, niñeces y ancianos. Se habían congregado para recrear la Danza del Sol, momento de renovación individual y colectiva que apenas había finalizado cuando una fracción del Séptimo de Caballería inició el ataque, mientras otra que lideraba el propio Custer entró en acción unas horas más tarde. Histriónico por demás, el jefe estadounidense fue “un orgulloso perpetrador de múltiples masacres de civiles indígenas”, según la historiadora Roxanne Dunbar Ortiz. La primera, un “ataque contra cheyenes desarmados que estaba recluidos en una reserva en Washita, dentro del Territorio Indio”. Colhoff tiene muchas razones para llamar 1876 a su banda. El blondo oficial “murió por sus pecados [colonialistas]”, acusó con justicia el historiador Vine Deloria Jr., autor de un libro de ese nombre en 1969, plena efervescencia de las movilizaciones indígenas.

El campo donde tuvo lugar la batalla de Greasy Grass
La caída de Carhué
Miles de kilómetros al sur de Montana, 1876 también fue clave, pero en sentido inverso. El 14 de abril rompió la marcha la División Sur del Ejército Argentino, con dirección oeste sudoeste. Iba al mando del coronel Levalle e integraba sus filas el mismísimo ministro de Guerra, Adolfo Alsina. La columna se conformaba con aproximadamente 1.100 hombres y contaba con seis cañones Krupp de diverso calibre. Siguió el así llamado Camino de los Chilenos, que desde hacía varios siglos conducía a Salinas Grandes y demás territorios mapuches hasta entonces libres. Los intrusos observaron vestigios de campamentos y localizaron cementerios, prueba inequívoca de que no atravesaban ningún desierto. Pocos días después, la formación enlazó con otra que se desplazaba más al sur y juntas, acamparon en los márgenes del arroyo Guaminí, cuyo nombre original era Mallo Leufu (río de Greda). A las 4 de la tarde del 23 de abril, los soldados hicieron sonar sus clarines y cornetas “frente al médano Carhué”, es decir, aquel enclave estratégico que, en su lecho de muerte, el legendario Kalfukura había ordenado no ceder. Karüwe quiere decir lugar verde. Los invasores esperaban encontrar resistencia, pero apenas un mes antes, el que quedó en la historia como Malón Grande había sufrido una derrota que sería decisiva. Como consecuencia, allí se estableció la nueva línea de frontera entre la Argentina y las posesiones que lxs mapuche todavía podían resguardar. Solo en ese sector se levantaron nada menos que 27 fortificaciones para asegurar la conquista, además de otros emplazamientos en la nueva retaguardia. De la invasión surgió la localidad de Carhué, actual cabeza del Departamento de Adolfo Alsina en la provincia de Buenos Aires. Queda a unas seis horas de la capital argentina con medios de transporte modernos. Nótese la magnitud del despojo, que en realidad había comenzado en tiempos de los virreinatos españoles.
El ministro Alsina era muy consciente de su logro. En el Orden General que dirigió a sus subordinados festejó complacido: “Sin penurias, sin peligros y sin avistar un solo enemigo, habéis tomado posesión en el día de hoy de Carhué, baluarte de la barbarie”. Como se dice en la jerga jurídica, a confesión de parte relevo de prueba. Si recién en 1876 la Argentina pudo controlar tierras que están a menos de 600 kilómetros de su capital, ¿cómo pudo argumentar que las heredó de España? Habían transcurrido 66 años desde la Revolución de Mayo… El resto del mensaje también es prístino: “La misión que el Gobierno os ha confiado es grande -asegurar la riqueza privada, que constituye al mismo tiempo, la riqueza pública- vengar tanta afrenta, como hemos recibido del salvaje -abrir ancho campo al desarrollo de la única industria nacional con que hoy contamos -salvar las poblaciones cristianas de la matanza y del pillaje del bárbaro -en una palabra- combatir por la civilización”.

Homenaje a la Zanja de Alsina en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires
Campos necesarios
El corrimiento de la frontera se hizo para multiplicar la tasa de ganancia del sector ganadero, es decir, “la única industria nacional con que hoy contamos”. El mensaje que el Poder Ejecutivo había elevado al Congreso de la Nación ocho meses antes para que se aprobara su financiamiento, decía: “si la industria pastoril se conserva hoy estacionaria, si no toma vuelo y ensanche hasta producir lo bastante para cubrir la importación, no es por falta de mercados, no es por falta de material de ganados. Es que los campos al interior de las líneas de fronteras están cansados o recargados y se necesitan otros, en que las haciendas estén desahogadas y sobre todo no representen un capital crecido cuyos intereses devoran todo el fruto del trabajo”. ¿Quiénes necesitaban otros campos y para qué? En el párrafo siguiente, aseguraba el mensaje que “si se ha propuesto, como hipótesis, que se conquistarán al Desierto y a la barbarie 2.000 leguas, no es en verdad porque tal sea el límite de la ocupación definitiva, sino porque el Plan del Poder Ejecutivo es ir ganando zonas, por medio de líneas sucesivas (itálicas en el original)”. Aquella enorme superficie no estaba vacía ni era bárbara, formaba parte del Puelmapu (Territorio Mapuche del Este). En el presente es el riñón de la agroindustria.
Mientras en las Grandes Llanuras todavía se celebraba el triunfo sobre Custer y el Séptimo de Caballería, aquí se construía la Zanja de Alsina para consolidar la usurpación. La expansión capitalista no daba tregua en ningún rincón del planeta y al año siguiente, Caballo Loco y su gente tuvieron que presentarse ante el Ejército estadounidense. El legendario jefe guerrero, que apenas contaba con 35 años, fue asesinado en una reserva. La victoria de 1876 causó estragos en el ánimo de sus adversarios, que no pudieron festejar como pretendían el centenario del 4 de julio, pero la sociedad estado-capital apenas si reculó en su marcha avasallante. La así llamada Conquista del Oeste y la serie de usurpaciones que culminaron con la Campaña al Desierto tienen diferencias, pero también notorias similitudes. Otro tanto sucede con las acciones de resistencia que emprendieron los pueblos agredidos, 150 años atrás y en el presente. El Pow wow es una especie de trawün (encuentro) festivo. Allá el pogo se puebla de trenzas. Acá de trariloncos.

Pow Wow a 150 años de 1876
Adrián Moyano
Adrián Moyano vive en Bariloche (Patagonia argentina). Es periodista, licenciado en Ciencias Políticas y escritor. Es autor de seis libros de historia mapuche. Integra una organización mapuche y un espacio antiextractivista.