¡Pase lo que pase, el baile popular!
«¡Pase lo que pase, el baile popular!». Quien lo dice es un compañero zapatista, en el Caracol IV de Morelia, al final de la segunda jornada del festival de compartición “Unas partes del todo” convocado por el EZLN y que ha reunido a un millar de personas de todo el mundo para encontrarse con las mujeres y los hombres que desde 1994 mantienen viva la revolución zapatista. Estamos en plena temporada de lluvias: la noche anterior, el 3 de agosto, una tormenta con fuertes vientos interrumpió la música y puso a prueba a las y los foráneos. El sol secó los zapatos y la ropa. Este es el clima: compañeras y compañeros zapatistas nos miran, ríen y preguntan “¿cómo están?” El sentido de hospitalidad es fuerte: dejan los baños secos para las y los invitados, ellos van a la letrina. Ayudan a quienes ven con dificultades, y la clínica recibe a quien no se siente bien. Una máquina organizativa perfecta. Recibir a mil personas, darles de comer, lugar para bañarse y para dormir no es algo sencillo. Pero el EZLN es organización. Una organización que se pone al desnudo.
Antes del baile y de las palabras, el EZLN, en su parte militar, desfiló con banderas de Palestina diciendo “Tod@s somos niñ@s de Gaza”.
El baile es el final alegre de una larga jornada de encuentros y debates sobre cómo superar el capitalismo junt@s, soñar un mundo distinto, construirlo ladrillo por ladrillo sin repetir los errores del pasado y, sobre todo, sin reemplazar el capitalismo con un nuevo sistema de poder. Esa es la lectura zapatista: el capitalismo no es más que una forma de organizar el poder, y superarlo implica no solo cambiar el paradigma económico y social, sino cuestionar el poder mismo. La pirámide es el símbolo vertical y estrecho del poder, un símbolo que también forma parte de la historia zapatista, y por eso las Juntas de Buen Gobierno y la organización de la autonomía construida paso a paso durante casi treinta años han sido recientemente puestas a un lado, para intentar edificar una democracia más radical, más horizontal, y así destruir la pirámide, el privilegio y el poder.
El EZLN ha decidido contar su historia y su análisis a través de obras teatrales colectivas. Las palabras han sido puestas “en obra”, y así se narran los errores, los fallos, las cosas que no funcionaron y por qué es necesario cambiar. Alcohol, corrupción, dinero, descuidos, silencios, falta de transparencia: todo ha sido señalado. Pero en vez de reproducir la lógica de las manzanas podridas, de atacar a quien cayó o fue parte de una lógica de poder, se reflexiona sobre el “sistema” creado y cómo éste pudo generar problemas, malentendidos, y reproducir lógicas de poder, privilegio y falta de respeto por la horizontalidad y la justicia social. El Subcomandante Moisés fue claro en su discurso al señalar al gobierno de México y al proyecto de la 4T como enemigo. El mismo Subcomandante que cada día escucha las mesas de discusión e interviene, pide disculpas por no poder seguir dos mesas simultáneamente. ¿Dónde se encuentra un “jefe” así en otras partes?
Una decisión valiente porque fue tomada frente a todas y todos, transmitida en vivo por internet, sin mediaciones, sin buscar justificaciones. El Común es el nuevo proyecto, la “manera” encontrada para salir del atasco en el que se encontraron. Pero ¿qué es el Común zapatista? Aún no está claro, es un libro que se escribe página tras página, pedazo a pedazo, intentando aprender de los errores del pasado.
Al final de los distintos actos que recorren el sueño de la autonomía —un sueño que poco a poco se topa con la realidad del error— se derriba una pirámide que, como se dijo, representa para las y los zapatistas las lógicas excluyentes del poder. Primero se le prendió fuego y luego fue derribada. Moisés definió el acto como simbólico y agregó: “Si en México queremos derrotar a quienes nos gobiernan, debemos organizarnos en resistencia y rebeldía”.
Errores, sueños, incomprensión, contradicción, organización, unión entre mundos distintos, equivocaciones, determinación, coraje. El EZLN es eso y muchas cosas más. No una historia perfecta, y por eso humana. Una historia imperfecta, y por eso transitable.
Este festival, sin embargo, es algo más: es la ocasión para ir más allá de la idea de solidaridad. No solo porque “solidaridad” es una palabra de múltiples caras —está la solidaridad interesada, la astuta, la que lucra—, pero también la emocional, sincera, concreta. Ir más allá de la solidaridad para construir alianza, sinergia, co-acción, camino común, anular hegemonía y valorar la diferencia. No bastarán quince días, claro. Pero puede ser uno de los inicios. El capitalismo y el poder se derrumban ante la organización y la producción de un mundo distinto, que comienza con ideas y culturas distintas. Las mujeres, hombres y otroas del EZLN lanzan el desafío no poniéndose del lado de los justos, sino en el círculo de quienes enfrentan sus errores. Un poco como cuando Zapata decidió no sentarse —a diferencia de otros líderes revolucionarios— en el sillón presidencial. Una cuestión de decisiones, de posicionamiento, de dignidad. Ahí está toda la potencia del zapatismo.
Andrea Cegna
Autor de narrativas heréticas, historias de resistencia y alternativas, visiones asimétricas sobre el capitalismo europeo.