Partería tradicional, un legado de los pueblos que se mantiene vivo en Oaxaca

Oaxaca, Oaxaca. Con paciencia y ternura, Juana Antonio desliza sus manos por el vientre de Laura, una joven de 24 años de edad, que está próxima a “parir”. Juana, de origen zapoteca por su madre y chino por su padre, es partera tradicional desde hace medio siglo en Matías Romero, Oaxaca, donde acompaña a mujeres antes, durante y después del embarazo.

Ser partera para Juana lo es todo. Considera que su amor por la vida le permitió heredar los conocimientos de una doctora zapoteca en Juchitán, Oaxaca, y posteriormente por medio de talleres y acompañamiento de otras parteras tradicionales siguió con este legado.

Juana reconoce que actualmente la partería va en decadencia, quizá porque algunos doctores les dicen a las pacientes que no acudan con ellas, y también porque las autoridades de salud cada vez menos les permiten que otorguen la constancia de alumbramiento, lo cual es un requisito para el registro del nacimiento de la o el recién nacido.

“La partería es un arte que nace del amor hacia los cuidados. No tengo familia que sea partera, sin embargo, desde que lo vi con la doctora en Juchitán, aprendí rápido y ahora ya tengo más de 50 años atendiendo a las mujeres de diversas localidades”, señala.

En su espacio hay desde gasas y agujas para inyectar hasta un baumanómetro para medir la presión arterial, así como camas y todo lo necesario para la atención digna para la mamá y el recién nacido.

Acompañar a las mujeres y prepararlas para un embarazo seguro es una pasión para Juana, quien reconoce que cada vez son menos las mujeres que prefieren parir con partería y van al médico, aun cuando, recalca, el conocimiento que ellas tienen es ancestral.

“Llegan acá para que las prepare para embarazarse, les doy masajes, les acomodamos la cadera, es todo un bonito proceso, posteriormente vamos acomodando al bebé, se va midiendo su crecimiento, y ya casi al dar a luz muchas deciden irse con los médicos. Otras mujeres señalan que prefieren que yo las atienda, y eso da mucha satisfacción, me da alegría”, dice.

La partera explica que es un parto humanizado, donde además del trato humano que les da, cada mujer decide cómo será su parto, pues algunas prefieren acostadas, paradas o sentadas, y deciden cómo dar a luz y quién de sus familiares las acompañe.

Juana para profesionalizarse acude a talleres y participa en reuniones anuales, porque señala que a pesar de que los conocimientos son únicos, es necesario reforzarlos para que perduren.

En Oaxaca, la partería sigue siendo una práctica recurrente, es decir sigue viva. Juana por su parte expone que seguirá practicándolo porque es su pasión y su modo de vida: “seguiré con mis manos y mi ser haciendo magia hasta que Dios lo desee. Acá estoy firme y feliz de lo que hago”, dice.

El año pasado, atendió unos 30 partos. Para este 2026, apenas suman cinco, pues cada vez más las mujeres prefieren ir con ginecólogos y tener a sus hijas e hijos en clínicas. Sin embargo, quienes la visitan vuelven su experiencia humanamente inolvidable.

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