Rebeldía y autonomía

Roberto Espinoza

¿Otros horizontes de sentido?: errores y cambios

Estas notas son una ampliación y replanteamiento de un debate procesado años atrás en un espacio durante el Foro Social Mundial del 2005. Se agradece y valora el aporte de Aníbal Quijano en esa ocasión, así como de diversos activistas presentes, vinculados a diversos movimientos sociales Ese debate inspira y es la base de estas reflexiones, sobre las cuales seguimos con la obligada relectura, ampliación y actualización, que exigen las intensas experiencias sociales y en especial de los pueblos del Abya Yala y sus territorios, sean éstos rurales o urbanos.

Esas organizaciones y Pueblos colectivos afrontan el desafío sobre las perspectivas y estrategias adecuadas, para avanzar y no frustrar, las luchas contra el sistema de poder, por la descolonialidad del poder, saber y del ser, superando el eurocentrismo y sus trampas del racismo, desarrollismo, tecnolatría, patriarcado, estatalismo y partido-centrismo.

Derrotas sociales y liberaciones teóricas

En esos tiempos turbulentos, aprendimos que no están separadas sino interconectadas las cuestiones de conocimiento, la democracia (interna y externa) y la transformación social raigal, o sea de profunda, de “raíz” (que es distinto de “extremo” o “extremista”). La forma de pensar, imaginar, desear, conocer, recordar, valorar, son decisivas sobre la forma de valorar, construir, cuidar o destruir las estructuras o relaciones democráticas en las sociedades. Y esos procesos se conectan con el enfoque que demos y la práctica que ejerzamos sobre la transformación social.

No son dimensiones derivadas unas de otras, sino que están interconectadas e Inter penetradas entre sí, al impulso de la modernidad colonial o colonial modernidad del poder capitalista, sea este privado o de Estado.

Los ciclos políticos van cambiando, pero se siente una crisis de hacia dónde ir, del horizonte de sentido futuro. Entre 1989 y 1991 con la caída de la URSS y del “socialismo realmente existente” hubo una derrota histórica de regímenes, movimientos, teorías y del horizonte crítico alternativo predominante en ese entonces. Se habló incluso del “fin de la historia” pero para sorpresa de aquellos, continuó la insumisión y rebeldía, y emergen gobiernos llamados “progresistas” que duran varios años y que también entran en crisis y nuevamente aparece una ola más profunda de retrocesos en derechos. Antes y ahora, cuando resurgen las resistencias y rebeldías, sin embargo apelan o usan algunas memorias confusas del pasado. Los balances de errores, suelen eludirse o postergarse, pero son necesarios los ajustes de cuentas con las teorías y visiones que usamos, y como evitar recaer una y otra vez en los mismos errores, tanto de la izquierda y sus dogmas del simplismo del materialismo histórico, como de la derecha y sus trampas del social liberalismo. Hubo, hay y habrá derrotas en el camino, pero también, al mismo tiempo, se sacan lecciones, y un gradual desencanto y liberación de las trampas del estatalismo (asistencialismo, cooptación, corrupción), del progreso “desarrollista” industrialista (ecocida, etnocida) y del vanguardismo (caudillismo, autoritarismo, partido-centrismo).

Nuevos horizontes con y para nuevos movimientos

Es necesario reabrir, una y otra vez, los debates desde la experiencia de los movimientos sociales, y también de más abajo, desde “la sociedad en movimiento” en sus dinámicas más profundas. Potenciar los horizontes y visiones de futuro que se generan desde sus prácticas, como son el “Bien Vivir, Vida Plena, Autogobierno, Gobierno Propio, Mandar Obedeciendo, y sus autodenominaciones somo “Allin Kawsay, Tarimat Pujut, Ñandereko” y muchos más bajo cosmovisiones propias. Problematizarlos permanentemente como cuestiones abiertas a cada giro de los tiempos y realidades territoriales. Evitar teorías u «holismos cerrados» que consideran al todo como una estructura fija, estática y dogmática e inmutable. Mantener los enfoques holísticos de los Pueblos, que entienden la totalidad como un sistema dinámico, abierto, flexible e interconectado y en constante evolución.

Superar la vieja y fracasada trampa de un solo sujeto de cambio social, y que por tanto tampoco cabe ya una sola teoría, sino un abanico diverso de nuevas opciones con cuestiones abiertas, como diversa y heterogénea son las dinámicas sociales.

Para avanzar al futuro, no se trata ya atornillarnos en un tipo de lenguaje ni de esencializar las categorías, conceptos, teorías, ni tampoco el discurso de tal o cual líder o movimiento, ni menos aún repetir el egocentrismo de ciertos “teóricos”. Se trata de proponer sugerencias teóricas motivadoras; establecer y resolver incoherencias, problemas y preguntas claves.

Asistimos a la contradicción de la emergencia y desarrollo de potentes prácticas sociales nuevas y creativas, pero donde algunas siguen apelando a horizontes de sentido y teorías, viejas y fracasadas. Se necesitan nuevas teorías, nuevos horizontes de sentido, desde y con el movimiento propio de la sociedad.

Las dimensiones entrelazadas del poder

Ante ese desafío, se necesita esclarecer y salir del error de las llamadas “superestructuras”. El error de suponer de que la dominación social proviene de la explotación, ya que puede ocurrir al revés. El error de no haber advertido de que el patriarcado, machismo y feminicidio (control del sexo) así como la opresión del Estado (control de la autoridad) fueron y son anteriores al control del trabajo (explotación social). Se trata de ir más allá de lo económico o del “modo de producción”, y de revelar o desentrañar que estamos bajo una matriz o sistema complejo o patrón global de poder de la Modernidad Colonial Capitalista que funciona bajo el control simultáneo y entrelazado de las relaciones sociales en torno del Sexo (Patriarcado), Subjetividad (Racismo, eurocentrismo), Trabajo (explotación), Autoridad (Estatalismo) y Naturaleza (Desarrollismo). Superar el error de reducir esa complejidad, al control de algunas de ellas como el Trabajo o la Autoridad. En su máximo desarrollo, ese patrón de poder, amenaza ya toda forma de vida y entra en crisis generalizada, como comprobamos con el indetenible calentamiento y catástrofe climática global, la extrema y geométrica desigualdad social, y el desborde y expansión del racismo que acelera la polarización social.

Los autogobiernos y la transformación social

Es clara la contradicción de que no se puede vivir sin Mercado y Estado, pero tampoco se puede sobrevivir hoy dentro de ellos, y que por tanto, los Pueblos están en la encrucijada de asumir sobre sus hombros su sobrevivencia, culturas, derechos y futuro. En esa encrucijada, es que las relaciones sociales de reciprocidad en la economía y su expresión en la “forma social Comunidad o Comuna” sean rurales o urbanas, irán percibiendo que solo tienen la opción de expandirse y tendrán que coexistir y mezclarse, con tensiones, con el mercado y el Estado, influyendo sobre ellos, inter penetrándolos, y modificándolos. Nunca hubo ni habrá probablemente, la sustitución completa y rápida, de un tipo de sociedad por otra, y quizás el cambio social futuro reitere el pasado de la continuidad de la heterogeneidad histórico estructural de las sociedades.

Mutación social y horizonte de sentido

El balance histórico indica que fracasó el cambio social como explosión, como acto extraordinario, toma del gobierno (por asalto o elecciones), como ruptura “pre destinada” de una sociedad ideal. Parece inevitable, recuperar y resignificar el cambio social como mutación social, que implica cambios sociales muy profundos, como transformación holística, como proceso de interrelación de múltiples cambios, en procesos de larga duración.

Mutación de la colonialidad del poder que tiene “color”, que se constituyó histórica y estructuralmente, sobre el dominio de las supuestas “razas” indígenas y afrodescendientes, “razas” inventadas para justificar el racismo absurdamente biológico, y sobre todo, para marginar, deshumanizar y “desaparecer” a miles de Naciones y Pueblos autónomos del Abya Yala.

Emerge la inevitabilidad del cambio social en la vida cotidiana, que exige la descolonialidad del poder, del saber y del ser, en forma simultánea, pero también en forma diversa y heterogénea en el sexo (patriarcado), trabajo (explotación), imaginarios (racismo y eurocentrismo), autoridad (estatalismo) y naturaleza (ecocidio, desarrollismo, tecnolatría)

El Estado como un área importante de lucha, pero que no es ni puede ser EL camino, ni el único, ni el principal ni el predominante; porque de ese error y fracaso estuvo lleno el siglo 20 con sus ilusiones y frustraciones. Fue, es y será imposible cambiar las profundas cadenas sociales, solamente desde las limitadas y sometidas estructuras estatales.

El Estado queda así como una arena más de luchas, y quizás de alianzas, conflictos y desafíos. En el terreno de la autoridad colectiva, sea de pueblos originarios o de las “formas comuna” se trata de desarrollar estructuras, procesos, visiones, desde la lógica autónoma o de autogobierno de los Pueblos, frente a aquellas basadas en el Estado Nación, hoy en crisis en el Abya Yala y el mundo.

Desafío inmenso de múltiples mutaciones: en la autoridad del estado y emergencia de las lógicas colectivas de autoridad; en la subjetividad, en los universales homogéneos, y en la emergencia de la heterogeneidad de saberes y epistemologías de los centenares de Pueblos del Abya Yala. Mutación en la democracia, que requiere estar presente no solo en un tipo de autoridad en decadencia, sino en todas las demás dimensiones sociales y sobre todo en las cotidianas.

(*) Sociólogo, colaborador de pueblos originarios y miembro de la Red Descolonialidad y Autogobierno https://plataformadeautogobierno.org/ https://www.facebook.com/descolonialidad

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