Tierra Roja

Abel Irala

Organizaciones campesinas del norte paraguayo, raíces de resistencia y futuro

Fiesta de la Semilla

Hablar de la Organización Campesina del Norte (OCN) es hablar de una historia de resistencia, autonomía y renovación constante. Fundada en 1986, en plena dictadura stronista, la OCN surgió como una expresión de independencia campesina frente al control político y militar. Casi cuatro décadas después, sigue siendo una referencia en la lucha social en Paraguay. 

Esta organización, al igual que otras de la zona norte de Paraguay, sabe lo que es vivir en dictadura, bajo un estado de excepción, pero también sabe lo que es vivir en la democracia formal, bajo un estado de excepción, ya que el Departamento de Concepción es una de las zonas militarizadas desde el año 2013.

Desde sus orígenes, la OCN tuvo un papel decisivo en la lucha por la tierra. Durante los últimos años de la dictadura y en los primeros de la transición democrática, lideró las primeras ocupaciones campesinas y acompañó el nacimiento de numerosos asentamientos. Adriano Muñoz, integrante de la Organización, comenta que “el asentamiento de Arroyito, es uno de los casos emblemáticos de la lucha por la tierra, con miles de hectáreas que a partir de la ocupación pasaron a manos campesinas”. De esa raíz común nacieron decenas de agrupaciones que hoy forman parte del entramado social y productivo del norte.

Sin embargo, lo más significativo de la OCN no es solo su historia, sino su capacidad de persistir y transformarse. En un contexto marcado por la criminalización, la militarización y el abandono estatal, la organización logró resistir sin perder su identidad. A partir del diálogo con Adriano Muñoz, pueden reconocerse tres aprendizajes fundamentales que explican la vigencia de la OCN: la renovación dirigencial, la resistencia ante la militarización y la apuesta por la agroecología.

1. Renovación dirigencial: la fuerza de las nuevas generaciones

Uno de los pilares de la OCN ha sido su capacidad para incorporar y formar a jóvenes líderes. Muñoz explica que “en el 2003 se creó la Escuela de Formación para Militantes de Base ‘Ernesto Che Guevara’, donde estuvimos 22 jóvenes y tuvimos una escuela de dos años de formación política”. De esa experiencia surgieron dirigentes que, a muy temprana edad, asumieron responsabilidades políticas y gremiales. En sus palabras, “en la OCN no hay problema que un joven pueda ser presidente o tesorero o que tome decisiones políticas; eso puede siempre”.

Este modelo de formación constante y participación juvenil ha permitido que la organización mantenga una dirección dinámica, plural y comprometida con su base social. La transmisión intergeneracional no es solo un mecanismo de reemplazo: es una pedagogía de la resistencia, una forma de asegurar que la lucha tenga continuidad y sentido histórico.

2. Resistencia ante la militarización: la dignidad que no se rinde

El territorio donde actúa la OCN lleva más de una década militarizado. A lo largo de estos años, sus comunidades enfrentan persecuciones, allanamientos, amenazas, procesos judiciales y una permanente campaña de estigmatización que intentó vincularlas al conflicto armado en el norte. Sin embargo, la OCN no fue doblegada.

Pese al hostigamiento y la violencia, la organización se replegó, se reorganizó y volvió a emerger con fuerza, demostrando que la resistencia también es una forma de construcción política. La persistencia de sus comunidades, su capacidad de sostener espacios colectivos y su decisión de seguir celebrando —como en la tradicional fiesta de la semilla— son testimonio de una resiliencia que trasciende la represión. En un contexto donde la militarización busca el control del territorio y la fragmentación del tejido campesino, la OCN reafirma su presencia como actor social legítimo y vivo.

3. Agroecología: producir es resistir

El tercer aprendizaje es quizás el más profundo. Para Adriano Muñoz, “si la organización no plantea transformaciones concretas en lo productivo, la lucha es estéril”. La OCN asumió la agroecología no solo como técnica, sino como una posición política frente al modelo extractivista y corporativo que domina la agricultura paraguaya.

 “Todos los socios tienen que tener en su chacra más o menos 10 a 12 especies de cultivo para su alimentación y para la venta”, explica Muñoz, sintetizando una lógica productiva basada en la diversificación, la autosuficiencia y el cuidado del territorio. La agroecología, en este sentido, no es solo una práctica agrícola, sino una forma de afirmar que la alimentación humana no puede depender de las corporaciones, sino del trabajo de las manos campesinas que históricamente han sostenido la vida del planeta.
Esa práctica cotidiana —producir alimentos sanos en medio de la adversidad— es también una forma de resistencia frente al despojo, una manera concreta de sostener la esperanza en la tierra.

La OCN sigue siendo una organización viva, con presencia, diversidad y sentido político. Su historia demuestra que, incluso en contextos de represión y exclusión, es posible construir alternativas desde abajo, con autonomía y dignidad. La experiencia de la OCN enseña que la renovación generacional, la resistencia ante la militarización y la agroecología no son solo estrategias de supervivencia, sino semillas de futuro.

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