No te dejaron florecer

En memoria de Ita, mujer ñuu savi tejedora, quien fue cobardemente asesinada el 22 de agosto junto a otra familiar, en una comunidad del municipio de Cochoapa el grande, en la Montaña de Guerrero, México.
Fotos: Oscar Rodriguez Vallotton
“Tengo mucha rabia porque nos están arrancando todo
nos arrancan los sueños
nos arrancan las esperanzas
nos arrancan nuestra paz
nuestra buena vida
nuestra montaña
nos arrancan del territorio
nos están arrancando la vida”.
Ita, amiga, querida amiguita, me llega mucho dolor al escribirte estas líneas, pero tienen que quedar grabadas porque no, no es justo que te hayan arrancado la vida como lo hicieron. Amiga, ten por seguro que vamos a seguir luchando para que no se repita esto en la montaña. Para denunciar, para exigir justicia, para romper estos muros de la impunidad que ahorita gobiernan en Guerrero y en nuestra querida montaña. Pido mucho para que puedas transitar, aunque tengo mucha tristeza en el corazón.
Recuerdo tu bella sonrisa. Te conocí cuando todavía eras una niña en el mérito corazón de la montaña. Creciste allá donde los cerros sagrados todavía protegían al pueblo, allá donde las piedras de la lluvia eran respetadas, allá donde las infancias tenían unos respiros para poder crecer. Pero hoy… la muerte te alcanzó. En tu pueblo, en los territorios ñuu savi de Cochoapa y de Metlatónoc, la muerte nos alcanzó. Nos está rebasando en esta carrera por sobrevivir.

Hoy, la noticia de tu asesinato llegó a mis orejas y removió mis aguas como cuando cae una piedra pesada… Probablemente le dirán feminicidio en castellano, como si esto resolviera las cosas. Pero tu muerte es una muestra más de la inoperancia de los gobiernos municipales, estatales y federales en esta guerra a donde nos han metido a los pueblos, a los indígenas. Porque se disputan territorios, se disputan control, poder y dinero. Ellos ponen las armas y nosotros las muertas y los muertos.
Recuerdo tu pueblo desde hace 2 décadas. Que por allí nos tocó caminar con mujeres tejedoras, pero también para soñar la autonomía de la salud, donde no llegan las instituciones educativas, donde la gente es forzada a ser jornalera y a salir de su comunidad, donde los niños enferman frecuentemente porque no hay doctores, ni enfermeras, donde se vive en carne propia el desprecio por ser del color de nuestra piel morena como del color de la tierra. Pero cada día nos van arrebatando estos sueños, ese futuro que soñábamos.
“Tengo mucho dolor amiga,
tengo mucho dolor mucho coraje
mucho temor por el pueblo,
por la familia, por ustedes,
por las demás mujeres que se quedan, por los niños,
por los abuelos por las abuelas
tengo temor por toda la comunidad
esta guerra de exterminio hacia los pueblos en la montaña continúa
sigue escalando la violencia,
nos está rebasando
nos ha ganado
porque tenemos como gobernantes a los grupos criminales
gobernantes que son la misma mafia
criminales que están ahorita en el poder…”.

Estamos en un lugar donde la muerte es una posibilidad constante. Es un futuro que nos están creando los grupos criminales en colusión con los caciques locales, con los políticos de los municipios. Municipios gobernados por cualquier partido. Y estos personajes se disputan lo único que les importa; pelean por el poder, por dinero. No les importa si matan mujeres, niños, abuelos, o embarazadas. Ya no tienen límites. Lo que les importa es imponer el miedo, el terror, y así controlar y someter a la comunidad. Para después desplazar a pueblos enteros de su propia casa, de su propio territorio.
Nos están arrancando la vida a las mujeres de la montaña. ¿Cuántas desaparecemos cada año? ¿Cuántas morimos en lo que va del año? Mucha gente se pregunta por los derechos de las niñas, de las mujeres en la montaña. Y se olvidan desde donde realizan esta pregunta. No es lo mismo hablar desde un feminismo citadino, desde espacios académicos, desde los espacios de privilegios. Por ejemplo, desgraciadamente, el simple hecho de hablar español puede ser una sola manera de poder defenderte…Pero no es igual para todas, no todas tienen las redes, no todas se liberan de las opresiones locales, de las costumbres coloniales. Al final, nuestros cuerpos siguen atrapados en medio de estas amenazas y contextos violentos que nos enferman cada día un poco más. Como el tuyo, amiga, querida Ita, como el tuyo quedó atrapado.
“Me indigna,
me llena de rabia e impotencia tu asesinato,
deja un profundo dolor,
un hueco que me sacude de pies a cabeza,
que me llena de vacío,
de este que han de sentir tus pequeños y pequeñas
que quedaron sin una madre que guíe su camino,
su vida comunitaria.
tu asesinato, y el de tu familiar,
Me recuerda
que vivimos en un estado completamente inoperante,
completamente criminal,
completamente violento
que se desentiende de los pueblos
Acabamos en un lugar muy oscuro”.

Amiga Florecita, tu asesinato se junta al de muchas mujeres en lo que va del año. Se suma a una larga lista de impunidades que, en los últimos años, han venido a sacudir a nuestra montaña. Tanto que parece una epidemia. Y esta se junta con otras epidemias: desde instituciones y edificios absurdos, donde los gobernantes no quieren escuchar quejas, mientras se echan flores entre ellos mismos, solo quieren mantenerse en el poder. Y para hacerlo, no duden mandar a ejecutar a plena luz del día.
Hace casi 4 años, en noviembre de 2021, Violeta Pino Girón en su papel de secretaria de la Mujer anunció desde la capital de nuestra región, Tlapa de Comonfort, el inicio de la “estrategia para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes en la Montaña y Costa chica”. Informó que sería un programa integral de atención con participación de instituciones de gobierno, organismos de derechos humanos, sociedad civil y autoridades locales. Sin embargo, fue letra muerta. La violencia va en incremento. No logran entender que la violencia atravesada por las mujeres de la montaña tiene que ver con una cuestión sistémica.
Entonces ¿de qué sirven los protocolos como el que lanzó la gobernadora Evelyn o la propia Semujer en Guerrero o incluso la propia presidenta de México? Si nunca hemos muerto tantas mujeres como en estos días que van del 2025. Y lo peor, es que las cifras siguen aumentando.
Estamos curados de engaños y promesas de políticas, ya han intentado engañarnos con estos cuentos e historias de leyes, protocolos, campañas, una y otra vez. Mienten y prometen con una meta muy clara: para que no las cuestionemos. Para que nos quedemos dormidas. Para que no gritemos. Para que no exijamos.
“En estos momentos nos preguntamos…
¿qué se queda con las víctimas?
¿que se queda de las víctimas?
de las cientas y miles de mujeres que han sido asesinadas
en este país
en el Estado de Guerrero
y en la Montaña
la violencia con la que las aniquilan, las están exterminando…
esa violencia sobre nuestros cuerpos
sobre nuestro espíritu
sobre nuestro corazón
ese dolor que nos desgarra
esos traumas que se nos quedan en el cuerpo
que se nos quedan ahí amarrados
tengo mucho coraje tengo mucha rabia
necesitamos gritar para que nos escuchen
necesitamos gritar para que los abuelos las abuelas nos protejan
necesitamos sacar este grito
desde los más profundo
de nuestros cuerpos”.

Justamente, el pasado 12 de agosto, el gobierno del estado publicó en su portal una de las “acciones en territorio”. Es parte de la “Estrategia Integral para la Justicia y el Bienestar de las Mujeres, Niñas y Adolescentes de la Montaña y Costa Chica”, mencionada arriba. Se realizaron actividades lúdicas y representaron una “mini obra de teatro” que llamaron “Quédate en mis brazos hasta que decidas volver”, según el portal. Estas actividades se llevaron a cabo en la comunidad de Yozondacua, municipio de Cochoapa el Grande. Pocos días después, le arrebataban la vida a 2 mujeres indígenas de esta misma comunidad. Ironía cruenta. Que ilustra bien la eficiencia de estas políticas.
La desconexión de las políticas y los territorios es completa.
Vale la pena preguntarse, ¿A qué le tienen miedo estas funcionarias? ¿Por qué no quieren escuchar las exigencias y quejas que provienen de la montaña? Tan es así, que el pasado 22 de agosto, ni Evelyn Salgado, ni Claudia Sheinbaum quisieron dar la cara a la ciudadanía ni al pueblo en Tlapa de Comonfort. Llegaron de sorpresa para supervisar el nuevo Hospital. Sin previo aviso. La presidenta llegó en helicóptero y aterrizó directamente en el batallón militar, que está pegado a la nueva institución de salud. En esta visita solo estuvieron presentes funcionarios municipales y el personal que labora en dicho lugar. No se permitió el acceso a la prensa. Tampoco se atendieron las demandas de la ciudadanía que exige que el nuevo hospital funcione como un “hospital de especialidad”, tal como lo prometió López Obrador. Pero acabó siendo un hospital que no cuenta ni con medicamentos, ni con los famosos especialistas prometidos para atender a toda la región montaña, mal conectada al resto del país y con una población de más de 400 mil personas.
No los quisieron escuchar. Pero no quiere decir que los pueblos no intentaron hacerse escuchar. Hay tanta inconformidad, hay tantas denuncias y pendientes con los pueblos de Guerrero, desde la montaña hasta la Costa chica. Durante ese fin se semana, se encontraron en el trayecto con múltiples bloqueos, de hombres y mujeres exigiendo solución para las familias afectadas por el huracán Erik.
Otros más se postraron para denunciar los abusos caciquiles de los ayuntamientos municipales que han dejado abandonados los caminos de la montaña como Metlatónoc y Cochoapa el Grande. Incluso hubo bloqueo por habitantes de Jicayán de Tovar municipio de Tlacoachistlahuaca, para solicitar la intervención de los gobiernos estatales y federales ante el conflicto agrario que mantienen con sus vecinos de El Jicaral. Irónicamente, en el marco de esta gira de la presidenta, en Tlacoachistlahuaca se anunció el “Plan de Justicia para el pueblo Amuzgo”.
La verdad es que, por donde sea que pasaban o pudieran haber pasado, estaban los pueblos indígenas postrados para hacer llegar sus solicitudes exigiendo solución a demandas históricas de seguridad y justicia.
Evelyn Salgado se cuidó de no ser cuestionada por la grave crisis de violencia que sigue azotando en todos los rincones de Guerrero. Esta situación la han denunciado periodistas en todo su gobierno, por ello viven constantemente en acecho y hostigamiento.
La gobernadora tampoco responde a los cuestionamientos y asuntos urgentes en la montaña. No contesta cuando se le cuestiona por la falta de medicamentos en los hospitales, carreteras dignas, mejoramiento de las escuelas.
“Vivimos una simulación más
políticamente
valen más los edificios nuevos,
que las personas que les darán uso
festejan los de corbatas, batas y puestos de poder
se auto festejan como políticos,
sin el pueblo presente, ni las víctimas
de este sistema desigual
porque aquellas personas que estaban bloqueando
para exigir sus derechos,
esos no sirven para las fotos de publicidad politiquera
no irán a visitar tampoco a las nanas
en sus casas de la montaña
porque no salen bien en las selfies”.

Un día después de haber estado en Tlapa, en el marco de la gira de la presidenta por Guerrero, llegaron a Tlacoachistlahuaca, comunidad amuzga situada en la Costa Chica. El 23 de agosto en, Adelfo Regino, representante del INPI a nivel federal, habló y habló de la “justicia para las mujeres indígenas», dijo que es el año de las mujeres indígenas y así continuó su discurso dando vueltas.
Es ridículo que digan que es el año internacional de la mujer indígena. Es ridículo que digan que están haciendo acciones para proteger y erradicar la violencia hacia las mujeres indígenas en la montaña de Guerrero. Cuando la violencia en realidad nos está atravesando como un cuchillo. Florecita, tú lo sabes demasiado bien, tú lo viviste de demasiado cerca, mi querida Ita. Tanto que no te volveré a ver por los caminos de nuestra montaña ¿A qué justicia se refiere el “pobrecito” Adolfo? Nosotros no la hemos visto.
Esto parece un tipo de burla en pleno contexto de violencia criminal donde están asesinando, torturando, desapareciendo y ejecutando mujeres, y ejerciendo violencia en sus cuerpos.
O acaso ¿la justicia para ellos sigue siendo simular? Simular que no hay muerte, que no hay violencia. ¿Creer que superficialmente, con un simple gesto de la mano se pueda tapar tanta violencia histórica y sistémica?
El 24 de agosto, se realizó un acto político en Xochistlahuaca, tal cual un Performance Neoindigenista. Inició con una especie de ritual, con hierbas y todo para sahumar a la presidenta. Era una mezcla de oraciones y rogamientos de la doctrina católica, una especie de simulación de ritualidad hasta parecía inventada, ajena a las prácticas tradicionales del pueblo. Un ritual forzado a la medida de esta gira.
Todo era felicidad y cumplidos en el mejor de los mundos durante este evento. Evelyn Salgado solo intervino para hablar de la belleza cultural, del arte, de la herencia cultural y la memoria del huipil que preservan las mujeres artesanas. Es decir, solo se habló de todo lo bonito y todo lo valioso que conlleva el trabajo de mujeres tejedoras, artesanas. Que hasta su trabajo se valora a nivel internacional, por lo tanto, las declaró “embajadoras culturales”.
¡Pero alto ahí! No se habló, en ningún momento, de las múltiples violencias que padecen estas mismas mujeres, varias en sus hogares, en sus comunidades, la inseguridad de los caminos.
Tampoco se habló del coyotaje de los blancos y mestizos y la reventa de sus artesanías que se extienden a todo este país.
No, no, no. Nada de esto, porque cuidado, podría manchar la imagen impecable que querían proyectar. Era otra vez un show montado. Solo querían escuchar los aplausos. No los cuestionamientos, las preguntas difíciles, las problemáticas estructurales como los conflictos territoriales, los despojos de territorios, la disputa de territorios por el crimen organizado.
La mujer artesana de carne y hueso estaba ausente. Había desaparecido por arte de magia. Solo estaba presente esta imagen idealizada de la artesana indígena.
Al final de su intervención, la presidenta declaraba: –“Queremos que se garantice el bienestar de las tejedoras. Sobre todo, me obliga mirar a las mujeres indígenas a las que durante siglos fueron las más invisibles, las más excluidas, las más olvidadas. Eso quedó en el pasado, eso ya no. Hoy las mujeres indígenas son las más reconocidas de nuestro país”. Y estas palabras no son más que una burla en nuestra propia cara.
Nuevamente, dentro de este Circo, Maroma y Teatro, se habló de todos los programas de bienestar, de participación de mujeres, de su labor en la transmisión de las lenguas maternas, de los créditos como modo de justicia… Pero durante todo este Performance, en ningún momento, ni un segundo, se habló de las múltiples violencias que viven esas mujeres tejedoras a las que se les está dedicando este “año de la mujer indígena”.

Mucho menos del racismo, el acecho, la inseguridad y el terror que está implantando el crimen organizado que azota la región, de la violencia estructural.
La realidad se había dado la fuga, o más bien no estaba invitada. Para que el discurso quedará perfecto, la realidad no fue bienvenida en este acto. Tenía vetado cruzar las puertas de este Teatro.
“Esa mafia que se camuflajea con huipil
esa mafia que sonríe ante la pobreza
esa mafia que simula cercanía con la gente
esa mafia que llega en helicópteros,
saluda se toma la foto y se va
volando
esa mafia que se venda a los ojos
mafia que se tapa los oídos
para no escuchar nada
para no ver nada
esa mafia que vive en su burbuja de cristal
esa mafia que es completamente ajena a los pueblos
esa mafia que se sigue burlando de las mujeres
siendo al mismo tiempo mujeres…”.
Esa mafia sigue generando discursos, como la idea de bienestar, para controlar las mentes, los espíritus de la población necesitada, empobrecida, precarizada. Y agitan estos discursos como espejitos. Con estos discursos tratan de calmarnos. Tratan de callar nuestro grito, de que no gritemos por este dolor y esa violencia que vivimos a diario. Y que resuenan en los más profundo de nuestros cuerpos.
En esta guerra desatada, que va contra las mujeres, contra las personas indígenas, contra los pueblos en la montaña… ¿Qué toca hacer? ¿Cómo vamos a resistir? ¿Cómo vamos a re- existir? ¿Cómo vamos a reconstruir la vida, querida amiga? Tú te has ido. Y yo me quedó con éste pendiente que me rebasa.
Creo que es momento de empezar a tejer cómo nos han enseñado las abuelas y que podamos cuidarnos entre todas. No vamos a iniciar con grandes discursos o anuncios. Solo vamos a empezar. Esta justicia no va a venir del estado. De este estado ciego, represor, asesino. Que sigue anulando nuestras muertes, que sigue acumulando víctimas. Que respira impunidad. Que se arropa con su idea del bienestar como si fuera un disfraz. Que no quiere que gritemos nuestro dolor y que digamos lo que pensamos y lo que sienten nuestros cuerpos.
“Necesitamos volver a soñar querida amiga,
yo pediré mucho a las abuelas y a los abuelos por ti,
pediré para que tus hijos puedan crecer
y algún día ver la paz en la montaña,
vivir en paz en aquel pueblito
donde tú creciste donde tú naciste
donde soñabas de niña
donde jugabas cuando ibas con los chivos
cuando ibas al otro pueblo vecino a visitar a la abuela
cuando estabas en casa con tu mamá moliendo
o ibas con ella a Metla,
los domingos,
para vender en el mercado.
Esas son las historias con las que me quiero quedar,
esas son las historias que necesitamos contarle a tus hijos y a tus hijas
que no te olviden, que no te olviden,
porque te vas de este mundo como una mujer digna
que no le debe nada a nadie
que fue asesinada
que la mataron manos y pensamientos cobardes,
criminales,
que no se tentaron el corazón
Y que ahora son los que gobiernan el municipio”.
Querida flor, me despido por ahora. Amiga querida, vuela libre, vuelta muy alto de camino a ñuu na ndii desde nuestro ser ñuu savi. Te guardaremos en nuestros corazones y en nuestras rebeldías. Y en estos momentos, aunque sentimos que nunca nos dejarán florecer al arrancarnos la vida, vamos a seguir. Por tu memoria y la de las demás mujeres que les arrebataron la vida. Seguiremos resistiendo para poder flor-es-ser.
“Pedimos a los espíritus de la montaña que resguarden el pueblo,
para que este odio
esta violencia que está imperando
no siga matando más
que podamos reconstruir la vida
y poder soñar porque
nos están arrebatando todo…”.
Edith Herrera
Mujer ñuu savi (gente lluvia) originaria de la Montaña alta de Guerrero. En los últimos 15
años ha trabajado en diversos procesos organizativos locales así como en colectivos de
mujeres y juventudes para la promoción de los derechos de los pueblos indígenas y la
construcción de la autonomía de la vida, a partir de saberes y conocimientos milenarios en
torno a la salud, al territorio y alimentación tradicional. Actualmente es coordinadora del Espacio Cultural Educativo “TIKOSÓ”.