Narcos México: el show en vivo… y el dolor en el olvido
El domingo 22 de febrero de 2026 México y el mundo amanecieron ante lo que parecía un show en vivo de las múltiples series sobre cárteles y narcotraficantes que inundan las plataformas de streaming. En todos lados estaban las imágenes del operativo militar para detener a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes (“El Mencho”), jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación. Durante todo el día circulaban imágenes de incendios, narcobloqueos y pánico entre la población civil, sobre todo en Jalisco, pero también en veinte estados de México. Ver acciones coordinadas de las franquicias del CJNG en todo el país era aterrador, pero además era morbosamente espectacular.
“México puede sentirse muy orgulloso de las fuerzas armadas y del gabinete de seguridad que tenemos” dijo una Claudia Sheinbaum que saboreaba cada palabra que le permitía justificar, con esta acción digna de Hollywood, el militarismo de la autodenominada cuarta transformación y legitimar la militarización y la guerra heredada de las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Evidentemente no faltaron los eufemismos gubernamentales que hay que repetir como mantra cuando de violencia y sangre se trata: «trabajamos todos los días por la paz, la seguridad, la justicia y el bienestar de México».
Paradójicamente, después de que Sheinbaum asegurara que no hubo participación de fuerzas estadounidenses en el operativo, solo “intercambio de información”, en su discurso del Estado de la Unión, Donald Trump se llenaba su imperialista boca diciendo “hemos derribado a uno de los capos más siniestros de los cárteles”, como si hubiera sido un logro de su reinado… perdón, administración.
El espectáculo militar de la captura y ejecución del Mencho parecían justificar como daño colateral los meses y años de narcoviolencia que le precedieron y que le sucederán. Capturar al villano era el clímax del guión, los turistas refugiados en hoteles de Puerto Vallarta, la gente corriendo en el aeropuerto de Guadalajara, gasolineras ardiendo y grupos de aparentes sicarios obligando a la gente a bajar de sus autos parecían una acción narcoterrorista monumental, pero que se apagó casi tan rápido como se encendió, casi como si hubiera sido coreografiada.
La violencia real apenas y apareció como notas al margen o datos “sin confirmar” como el caso de Angélica María Hernández Ramírez de entre 44 y 45 años, embarazada, aparentemente asesinada en el Parque Altagracia de Zapopan, o como la Asociación Un Salto de Vida, que trabajan incansablemente por hacer visible el horror tóxico que han provocado industrias y gobiernos en El Salto, y que mientras estaban haciendo acciones de observación y monitoreo de descargas industriales fueron retenidos por un grupo armado y forzados a entregar su camioneta que fue incendiada junto con todo su equipo de comunicación y muestreo.
Lo que ocurrió después de la ejecución del Mencho fue presentado como un conjunto de escenas complementarias para acentuar la espectacularidad del momento. Lo importante para la política de arriba era y es resaltar el momento victorioso contra las fuerzas del mal, celebrar a los héroes que montando espectaculares helicópteros (UH-60 Black Hawks, Mi-17, Cougars o los hayan sido) abatieron al monstruo que era defendido por sicarios sanguinarios armados con lanzacohetes anti-aéreos. Lo importante es poder seguir haciendo de la seguridad una justificación para el negocio, monetario y político, de la guerra y de la muerte.
Entre los intentos de Sheinbaum de mostrar el “exitoso” operativo como un logro soberano de México y los intentos de Trump por mostrarlo como una orden suya cumplida por una virreina de su imperio, lo que se muestra es una amalgama opaca de siglas y agencias en las que no se sabe ni quién manda, a quién sirven y mucho menos con qué propósitos. Mezclados con la participación de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, aparecen por primera vez de manera pública instancias como la Joint Interagency Task Force–Counter Cartel (JIATF-CC) del Comando Norte del Departamento de Guerra de Estados Unidos, participando “de alguna manera” en el operativo. Además, al poco tiempo de concluido el operativo Sheinbaum llama por teléfono a Trump para “contarle cómo estuvo”, cuestionando al día siguiente (pero sin negarlo) que haya quien diga que el operativo ocurrió “por presiones de Trump a la presidenta”.
Lo que hizo visible el domingo es lo extendido que están grupos criminales ilegales como el CJNG, lo que parece ocultar tras el humo es lo arraigados que está en las instituciones, como lo están los demás macro y micro cárteles, lo que no deja ver es cómo el capitalismo mundial se alimenta de una multi-industria oficialmente “ilegal” de entre 5 y 50 mil millones de dólares anuales. Lo que queda oculto es esa red de tráfico de dinero, crueldades e influencias que alimenta el insaciable apetito de gobernantes, mercados financieros, empresas “legales” y altos jefes militares y policiales. Nada de lo ocurrido el domingo y en los días que han transcurrido parece indicar que esa industria esté en declive o que operativos como este precipiten su caída.
¿En serio es creíble que ese el pequeño club del 0.01% que se disputa la cimas de las pirámides, que allá arriba quiere construir ostentosos salones de baile, que disfruta de la depravación en lugares como la isla de Epstein, que necesita tener el yate más grande o el bunker más lujoso para cuando el planeta colapse, va a dejar que uno de los negocios más lucrativos y de libre mercado de la historia se acabe? Lo ocurrido el domingo generará reacomodos, nuevos pactos tal vez, mucha rebatinga política, más violencia probablemente y seguramente mucho sufrimiento, un sufrimiento que pagará con dolor y sangre el México de abajo.
Recordemos, porque ante el espectáculo que enajena hay que recurrir a la terca memoria, que a 140 km de Tapalpa, del centro de la acción espectacular, se encuentra Teuchitlán, el centro del horror que pareciera haber sido archivado en el expediente del olvido. Quedan preguntas como: ¿Por qué ahora, por qué hasta ahora actúan con presunta “contundencia” y sólo contra un jefe criminal, cuando desde que ese centro de crueldad se hizo imposible de ocultar se podría haber evidenciando y actuado contra esas redes de poder que hacen posible la existencia de todos los Menchos y sus cárteles en México? Preguntas que se hacen a un arriba sordo que cree que la verdad debe estar subordinada a los tiempos del poder. No queda más que insistir y luchar por que el espectáculo militar y político no entierre el dolor de quienes buscan a sus familiares ni pretenda desaparecer el reclamo de verdad y justicia.
Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida
Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida tratan de acompañar y tejer caminos entre luchas. Son integrantes del Nodo de Derechos Humanos, del proyecto Etćetera Errante y Adherentes a la Sexta Delcaración de la Selva Lacandona.