Mujeres Transnacionales

Instituto para las Mujeres en la Migración

Mujeres Transnacionales: una década de nombrar, escuchar y acompañar

Nombrar para existir, y existir para resistir. Hace diez años, Desinformémonos nos abrió un espacio para conversar con su audiencia sobre las mujeres, las niñas y las adolescentes migrantes y solicitantes de asilo en México. Así nació Mujeres Transnacionales, una columna que, mes con mes, buscó poner en el centro preguntas que siguen siendo urgentes: ¿quiénes son ellas?, ¿qué necesitan?, ¿qué violencias atraviesan?, ¿cómo las protege o las abandona el Estado?, ¿qué estrategias despliegan para reconstruir sus vidas y las de sus familias?, ¿cómo hacer visibles sus historias en un contexto que insiste en convertirlas en cifras, expedientes o cuerpos que deben ser detenidos y expulsados?

Durante mucho tiempo las mujeres en contextos de movilidad han sido contadas, clasificadas, detenidas, deportadas y nombradas desde otros lugares. Han sido números en las estadísticas, rostros en las noticias, cuerpos asociados al peligro o víctimas sin voz propia. Frente a ello, esta columna quiso abrir una grieta para escuchar y reivindicar que migrar también es una decisión y una estrategia de sobrevivencia. Ellas no solamente huyen de las violencias, también toman decisiones, sostienen familias, construyen redes, trabajan, cuidan, resisten y transforman los lugares a los que llegan. Mientras, las niñas y las adolescentes no son únicamente acompañantes de una historia adulta, sino sujetas de derechos, con experiencias propias y formas de mirar el mundo.

Escribir sobre migración con perspectiva de género significa disputar las narrativas que históricamente han reducido a las mujeres en movilidad a víctimas, acompañantes o cifras dentro de los flujos migratorios. De la mano de transformaciones brutales en la política migratoria: externalización de las fronteras, militarización de la migración, trámites interminables, uso de sus cuerpos como moneda de cambio o territorio de castigo, separación familiar, y la imposibilidad de acceder a una vida digna.

Desde el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) hemos insistido en que detrás de cada número hay una historia, una mujer con agencia, deseos, saberes, derechos, solidaridad, organización, ternura y rebeldía. Mujeres que acompañan a otras mujeres, comunidades que abren sus puertas y redes que aparecen cuando las instituciones no llegan, convirtiendo el tránsito en resistencia y el desarraigo en una nueva forma de pertenecer.

Cambiar la narrativa no ha sido sencillo ni automático. Requiere tiempo, escucha y disposición para reconocer que las mujeres migrantes no necesitan que hablemos por ellas, necesitan que sus voces sean escuchadas y que las condiciones estructurales que las obligan a migrar sean transformadas.

También hemos aprendido que las fronteras no terminan en una línea territorial, se reproducen en las leyes, en las instituciones, en los discursos públicos y en los prejuicios cotidianos. Se manifiestan cuando una mujer debe demostrar una y otra vez que merece protección; cuando una niña migrante es tratada primero como extranjera y después como niña; cuando una adolescente es obligada a crecer en medio de políticas que criminalizan la movilidad de su familia; o cuando el racismo, la xenofobia y el machismo se entrelazan para definir quién puede quedarse, quién puede transitar y quién debe ser expulsada.

Por eso, cerrar este ciclo es reconocer la importancia de haber contado con un espacio para detenernos, mirar y nombrar. Para cuestionar aquello que parecía normal. Para recordar que hablar de movilidad humana es hablar de derechos, pero también de desigualdades históricas de género, clase, raza y poder.

No es una despedida definitiva, sino una pausa necesaria. Queremos tomar este tiempo para reflexionar sobre los nuevos escenarios de la movilidad humana, afilar la pluma, renovar nuestras preguntas y fortalecer las redes que nos sostienen. Reconocemos este recorrido con profunda gratitud hacia Desinformémonos, un medio aliado que entiende que la comunicación independiente es vital para la justicia social, y hacia cada persona que nos leyó y cuestionó durante esta década compartida. Y, sobre todo, a las mujeres, las niñas y las adolescentes que, de distintas maneras, nos han permitido acompañarlas y aprender.

Nos vamos, por ahora, con la certeza de que las historias no terminan cuando una columna deja de publicarse. Las mujeres siguen cruzando fronteras, sosteniendo familias, construyendo comunidades y disputando su derecho a existir con dignidad. Nosotras seguiremos escuchando, documentando y acompañando, porque una pausa también puede ser una forma de tomar impulso. Mujeres Transnacionales cierra este ciclo, pero no la conversación. Nos leemos en 2027.

Dejar una Respuesta

Otras columnas