Yo soy Montaña

Edith Herrera

Las guerras por Guerrero

Fotos: Oscar Rodriguez Vallotton

Segunda parte

En Guerrero, tenemos que nombrarlo, se está dando un nuevo tipo de limpieza étnica. Que está dirigida hacia la población indígena. Lo que vivimos hoy en nuestro cotidiano es producto de un tejido perverso que destruye la vida.

Este cáncer logró imponerse por tantos años de impunidad, tantos años en que los gobiernos no han logrado llegar de forma sana a estos territorios. Porque nunca han estado realmente, más que en momentos como la Guerra Sucia, con la que dieron el ejemplo perfecto a los actuales narcos.

Los gobiernos siquiera conocen nuestros territorios, ni siquiera se han acercado a nosotros. No les ha importado que en esos lugares no haya hospitales, no haya escuelas, no haya seguridad. A lo mejor, cuando necesitan votos, llegan con algún espejo y luego volvemos hacia el olvido. Pero esto no es conocernos, no es acercarse de verdad. ¿No se auto nombraron un gobierno cercano al pueblo? Es pura mentira.

Ahora que finalmente llegan a nuestros territorios, vienen con un discurso politiquero que nadie de la región les creemos. En medio de las incipientes Guerras por Guerrero, han perdido completamente su credibilidad. Este gobierno necropolítico de la gobernadora Evelyn Salgado y del clan familiar de los Salgado, no tiene la menor intención de cambiar las cosas.

Lo más preocupante es el discurso del “llamado a la paz”, que es una pura simulación. Es peligroso jugar así con un concepto tan profundo. Provoca cinismo. Y lejos de resolver el problema, lo ahonda. Todos los actores ponen sus fichas, menos los pueblos. A ellos, poco se les escucha. Son los funcionarios y funcionarias, los líderes o incluso caciques son quienes hablan y pactan en nombre de ellos, sin tomarlos en cuenta y siguiendo sus intereses propios. Y ese es el grave riesgo. Esta paz no tiene sustento en la realidad, no es más que viento.

Es una falacia pensar que la paz se logrará con pronunciamientos políticos, llevando despensas y cobijas para las familias desplazadas, ó firma de convenios, o peor aún militarizando el territorio. Es hacer abstracción completa del contexto histórico de la región. Fracasaría nuevamente, si intentan imponer su lógica de pacificación desde su visión ajena. Estos funcionarios del gobierno del Guerrero, federal o de los municipios son los que facilitan, de forma activa o pasiva, estas estructuras criminales. Que se hayan llamado en un momento PRI o PAN, que ahora se llamen Morena, PT, Movimiento Ciudadano o Verde Ecologista, todos participan del problema en la actualidad. Son cómplices.

Lo que pasa en Chilapa y que fue denunciado en los noticieros nacionales e internacionales, pasa en Zapotitlán Tablas, en Atlixtac, pasa en Cochoapa el Grande, en Metlatónoc, en Acatepec, en el mismo Tlapa de Comonfort. Esta violencia atraviesa nuestros territorios. Y no es algo que ocurrió este año. Ocurre desde hace una década y se estuvo gestando durante varios años. Las mafias criminales se han apoderado poco a poco de los ayuntamientos y del gobierno del estado. Tienen el control y el poder. Y están listos a librar estas guerras por Guerrero pasando por encima de las comunidades y nuestros territorios.

En este momento, hay que hacer eco, cimbrar el mundo con las historias que están denunciando las compañeras, los compañeros de los distintos pueblos indígenas en todo el país, el asedio del pueblo wixárika y tepehuano en San Lorenzo de Azqueltán, la invasión en la sierra con los pueblos rarámuri en Chihuahua, los pueblos de la meseta purhépecha o los nahuas de la costa Michoacana por mencionar algunos cuantos.

Escuchemos las historias de los pueblos nahuas de la Montaña Baja. De igual forma, es importante que nos alcancen las historias de los pueblos me’phaa de Zapotitlán Tablas o de Acatepec, de los pueblos ñuu savi, provenientes de comunidades como San Cristobalito o Yozondacua, Tierra Blanca y muchas más en Cochoapa el grande o Metlatónoc… ¡Este asedio se ha extendido en todos los territorios donde estamos asentados los pueblos indígenas! y eso es exterminio.

En esta columna pudieron escuchar unas cuantas historias de familias atravesadas por las balas de la impunidad y el asedio criminal. Somos tantos los pueblos que hemos resistido a estas guerras actuales. Quizás no son declaradas oficialmente, porque no quieren que las llamemos así, pues le hace mala fama y mala publicidad hacia el exterior a los gobiernos actuales del país y del estado. El control de la información es espeluznante. Pero no se equivoquen: esto que estamos viviendo está claro que son guerras. Y hoy en día los grupos criminales están librando a diario… Las guerras por Guerrero.

¿Qué vida puede haber en estos espacios de conflicto? Nos están arrebatando todo con esa guerra aplastante. No podemos florecer, no podemos construir la sociedad que los pueblos indígenas queremos para el futuro. Todo lo están destruyendo, hasta nuestras oportunidades.

No basta que se denuncie a los grupos criminales. Llámense Tlacos, Ardillos o Rusos, los innumerables grupos locales ligados a la Familia Michoacana o incluso al Cártel Jalisco, decenas de actores criminales tienen sitiado al estado de Guerrero, si enlistamos los nombres nos acabaríamos. Antes se hablaba de los Guerreros Unidos o de los Rojos: no importa que cambien de nombre, sabemos que las mafias se articulan, negocian, pactan, y siguen matándonos igual. Y si detienen o asesinan a uno de sus líderes, ya surgieron otros dos. Al final estamos en guerra y solo importa que haya alguien más que se crea el rey o la reina.

La guerra no está acabada. Está en pleno desarrollo. Esta guerra seguirá derramando sangre frente a funcionarios que no hacen más que obedecer, cerrar los ojos o producir discursos disfrazando la realidad. Quedan impotentes frente a los actores criminales, que así lograron necrosar la política partiendo desde el nivel municipal, estatal y en algunos espacios hasta el ámbito federal. Eso no se puede ocultar. Lo que sí hacen estos funcionarios de los tres niveles es mantener silencio con mucho empeño. Intentan cubrir la realidad con este mar de silencio y de impunidad en toda la entidad.

Los procesos de desplazamiento son históricos en Guerrero. Nos desplaza la guerra, nos desplaza la violencia, nos desplaza la inseguridad, nos desplaza el despojo y el empobrecimiento desde hace décadas. Pero esto ya se está saliendo de control. Ha crecido a niveles donde ya no se puede ni siquiera sobrevivir. Se instaló un miedo profundo en los territorios. En Guerrero se respira dolor, se respira rabia, huele a muerte y a desaparición. Solíamos curarnos, precisamente, volviendo a nuestros territorios. Pero cada día es más difícil.

La invasión está tomando un nuevo rumbo. Porque ahora nuestros territorios también están heridos. Están lastimados, fueron atravesados, acuchillados ¡Eso ya tiene que parar! Tiene que parar antes de que sea muy tarde. Si no, no habrá más territorio al que volver.

La violencia y la muerte no sólo son físicas. También son espirituales y emocionales. Los sentimientos, los lazos, las relaciones empiezan a podrirse poco a poco. Eso lo sabemos bien cuando vivimos en estos territorios marcados y atravesados por las violencias, en zonas de conflicto permanente como es el estado de Guerrero.

¿Qué vida puede haber en estos espacios, si nos están arrebatando todo?, y con esa guerra aplastante, no podemos florecer, no podemos construir porque están destruyendo todo. Como pueblos ¿A dónde vamos a irnos? ¿Dónde vamos a sembrar nuestro alimento? ¿Dónde vamos a subir a curarnos en la montaña?

¿Dónde buscaremos el agua, las plantas que curan? ¿Dónde vamos a pedir por la sanación de nuestro pueblo y de toda la humanidad?

Las balas que se disputan el poder no solo asesinan cuerpos y cuerpas, exterminan la vida en todos los sentidos de la palabra. Estamos llegando al límite, no se puede seguir sosteniendo este sistema de muerte, ¿Que más se necesita para parar estas guerras? ¿Cuántas ejecuciones y desapariciones más? ¿Porqué se permiten estas prácticas etnocidas sobre población indígena? si el estado lo ve y no hace nada se se vuelve cómplice y se vuelve etnocida.

Frente a las Guerras por Guerrero, es tiempo de generar procesos para la paz. Pero no la paz que proclaman los gobiernos sin ningún sustento en la realidad. No necesitamos de esta paz barata que solo vive en los discursos. Necesitamos replantear la noción de paz a la luz de los tiempos actuales de guerras que enfrentamos.

La Paz que necesitamos reconstruir tiene que empezar escuchando la visión y la palabra sabia de los pueblos, una sabiduría anclada profundamente al respeto a la tierra, a cuidarla y no lastimar a los seres vivos que habitamos física y espiritualmente en estos territorios. …hay que parar estas guerras antes de que sea muy tarde para toda la humanidad.

Edith Herrera

Mujer ñuu savi (gente lluvia) originaria de la Montaña alta de Guerrero. En los últimos 15
años ha trabajado en diversos procesos organizativos locales así como en colectivos de
mujeres y juventudes para la promoción de los derechos de los pueblos indígenas y la
construcción de la autonomía de la vida, a partir de saberes y conocimientos milenarios en
torno a la salud, al territorio y alimentación tradicional. Actualmente es coordinadora del Espacio Cultural Educativo “TIKOSÓ”.

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