La Huelga. 1986

Alfredo López Casanova

Para Maru Camacho, por tu vida, tu coherencia, tus triunfos y nuestras derrotas, que también nos enseñaron. Buen viaje, compañera

En la calle 30 y la calle 7 de Lomas de Polanco, Guadalajara, estalló una huelga.

Las trabajadoras pedían aumento de salario, mejoras de servicios del comedor, buenas máquinas y seguro social. A cambio recibieron insultos. El dueño de la fábrica amenazó con correrlas, y luego, más tarde, con golpearlas.

Meses después, por ahí de noviembre, la fábrica de zapatos cerró, y entonces ellas fueron a Conciliación y Arbitraje, les aceptaron la huelga y pusieron la bandera rojinegra.

Pasaron lluvias, pero las trabajadoras seguían ahí. Llegó el invierno y las muchachas tiritaban de frío afuera de la fábrica.

Algunas muchachas y muchachos del barrio hablaron y discutieron. Era su primer compromiso político, y para las obreras, su primera huelga. Se organizaron y les llevaron comida, cobijas, café y un bracero. Otros se subieron a los camiones a cantar y volantear para pedir apoyo, y llegó algo de dinero.

De pronto las obreras ya no estaban solas. En la noches, la huelga se convirtió en círculos de estudio, juegos y canciones.

Iban ganando la huelga, eso les decía el abogado.

Llegó enero. Las cabañuelas anunciaron con una ligera brisa la nueva etapa de lucha. Pero de pronto, intempestivamente, el abogado se fue sin dar explicaciones y dejó tirado el caso.

En febrero, el cansancio tocó la puerta del campamento, y se quedaron sin dinero y sin comida. Muchas desertaron por presión de la familia, del marido, del novio, y buscaron otro trabajo. Los apoyos de despensas y acompañamiento disminuyeron, las muchachas se pelearon, se dividieron. El dueño mandó golpeadores y todo se fue al carajo.

Así, con esta primera derrota llena de rabia, inició, paradójicamente, tu militancia llena de esperanza por un futuro mejor.

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