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Raphael Sanz

Kasa Invisível: una okupa en el corazón de Belo Horizonte resiste el intento de desalojo, pero la amenaza continúa

Conoce la historia de esta experiencia, que comenzó hace 13 años, y su relación con la lucha por la vivienda en una gran ciudad brasileña

Kasa Invisível se movilizó en Belo Horizonte (MG) el pasado mes de agosto. Créditos: Pedro/Teia dos Povos

El pasado mes de agosto, así como este comienzo de septiembre, en conjunto, no han sido un período fácil para Kasa Invisível, una ocupación ubicada en Belo Horizonte, Minas Gerais, desde hace 13 años. Además de servir como vivienda, también funciona como un centro social abierto a toda la comunidad y un lugar donde los movimientos sociales y comunitarios de la región tienen la posibilidad de realizar sus reuniones y eventos. Perder la Kasa Invisível es un revés generalizado, no solo para sus residentes.

“Estoy más tranquilo. Hemos ganado un respiro hasta la próxima batalla”, me dijo Baruq, un amigo y habitante de la ocupación, el pasado jueves (27). Fue una jornada muy dura para él y sus compañeros.

El 12 de agosto, los herederos del inmueble donde se encuentra la Kasa Invisível solicitaron una orden de desalojo, que la justicia local concedió de inmediato. El miércoles siguiente (19 de agosto), el oficial de justicia se presentó en la casa ocupada, junto con la familia de los herederos y su abogado, para intentar llevar a cabo el desalojo. Los residentes permitieron que solo el oficial de justicia entrara a la ocupación para mostrarle las complicaciones y los errores de la decisión judicial. Baruq contó que, tras una hora de conversaciones y negociaciones, se acordó que él regresaría el viernes siguiente (21) a las 7:30 de la mañana, sin apoyo de la policía, para llevar a cabo el desalojo.

En ese momento, Baruq estaba «sin esperanzas». Esa fecha coincidiría con una serie de otros eventos en la ciudad: otras dos manifestaciones de movimientos por la vivienda y de personas en situación de calle, además del lanzamiento de la campaña electoral del presidente Lula (PT) en la ciudad. Las calles de Belo Horizonte estarían llenas de gente y también de policías, quienes podrían ser fácilmente movilizados a última hora para el desalojo.

Pero la lucha daría un giro a la lógica. A pesar de la falta de esperanzas, Baruq y sus compañeros convocaron una vigilia permanente en apoyo a la ocupación. Quien pudiera, pasaría la noche allí; quien no pudiera, llegaría temprano y pasaría el día en el lugar. Y este movimiento creció, las aceras de la Kasa Invisible permanecieron repletas de simpatizantes, y la causa llegó incluso a los titulares de la prensa corporativa; hubo hasta un famoso canal que declaró consumado el desalojo, a lo que el perfil de la Kasa Invisible respondió en los comentarios: «todavía estamos aquí». También se registraron gestos de solidaridad internacional en diversos países extranjeros.

«Este viernes, 21 de agosto, Día Nacional de la Vivienda, la Kasa Invisível resistió su primer intento de desalojo. Aunque el riesgo inminente persiste, terminamos el día aún más fuertes para seguir juntos en la resistencia. La lucha comenzó con un desayuno a la puerta de la ocupación, organizado por diferentes movimientos sociales y ocupaciones. Los miembros del colectivo se quedaron dentro de la ocupación mientras la comunidad y una multitud de simpatizantes se organizaban en la acera. Exactamente a las 7:30 de la mañana, llegaron el oficial de justicia y la familia de los herederos del antiguo propietario, acompañados de un camión de mudanzas, lo que creó un momento de silencio y tensión que fue percibido por las personas que se encontraban dentro de la Kasa. Miembros del colectivo y simpatizantes de diversos movimientos se movilizaron pacíficamente contra el intento de desalojo», dice un informe publicado en español el blog de la ocupación.

Al final del día, el desalojo terminó siendo cancelado. Pero, como recuerdan los residentes y simpatizantes de Kasa Invisível, la amenaza sigue presente. Mientras tanto, las vigilias y las actividades continúan a todo vapor. «Después de dos semanas marcadas por tantas derrotas en el ámbito de la justicia burguesa, lograr detener el desalojo gracias a la fuerza de la movilización, con el apoyo de nuestra comunidad, de aliados y de simpatizantes, es revitalizante. Demuestra que la lucha colectiva es capaz de abrir caminos donde las instituciones insisten en cerrar puertas», concluye el relato.

En cualquier caso, la resistencia ante el peligro del fin, siempre es una excelente oportunidad para hablar del inicio y la trayectoria de una iniciativa tan importante para las luchas sociales de una gran ciudad brasileña.

Kasa Invisível movilizada en Belo Horizonte (MG) el pasado mes de agosto. Créditos: Pedro/Teia dos Povos

A continuación, el lector podrá verlo directamente de Baruq y de otros dos miembros de Kasa Invisível (Gabriel y Laidea) la historia de la ocupación y su análisis sobre la lucha por la vivienda en Belo Horizonte. La entrevista la realicé yo hace exactamente un año, cuando los recibí aquí en el sur de Brasil. Vinieron a hablar sobre el libro «Casa Encantada», escrito por el propio Baruq, que ilustra una parte específica de estos movimientos por la vivienda, y sobre la propia Kasa Invisível.

Invisibilidad tras las revueltas de 2013 y apertura a la comunidad

La ocupación surgió en 2013, como resultado de toda esa confluencia de jóvenes que se levantaron contra la plutocracia brasileña. Era el primer mandato de Dilma Rousseff y el país vivía bajo una política de preajuste fiscal que desmantelaba y entregaba a los bancos y al mercado financiero todo el presupuesto destinado a servicios básicos como la salud, la educación y el transporte, dejando en manos de una juventud en situación de precariedad la tarea de sobrevivir en medio de ese panorama. Durante los primeros años, la Kasa pasó realmente desapercibida, invisible. Los residentes y simpatizantes no se movían mucho por allí, más allá del ajetreo de la remodelación interna. El objetivo era no llamar la atención. A partir de 2016, el espacio comenzó a abrirse a la comunidad y los lazos con los vecinos, los movimientos por la vivienda, otras ocupaciones y otros movimientos se fueron estrechando.

Baruq: En 2013, las revueltas fueron importantes para llevar un poco de política radical al centro del debate público. Y tal como vimos en la época de los movimientos antiglobalización de los años 2000, existía la necesidad de crear espacios, centros sociales y lugares físicos donde la gente pudiera reunirse y construir juntos una movilización cotidiana. Así que la Kasa Invisível surge de esa necesidad de materializar eso en un espacio. Las personas que ya estaban buscando casas para ocupar encontraron la Kasa Invisível, que aún no tenía ese nombre. Era relativamente fácil de ocupar, así que entraron. No hubo mucha resistencia para mantener la Kasa. Así que empieza en 2013 y se mantiene en la clandestinidad. En 2016 empezamos a organizar eventos más abiertos, y en las calles. La casa estaba muy deteriorada, así que nos tomó un tiempo arreglarlo todo. A partir de 2016 fuimos ganando visibilidad, sobre todo gracias a la realización de eventos en el espacio, organizados por diversos colectivos. Antes de eso, nuestro objetivo era precisamente pasar desapercibidos, tanto para poder renovarla como para que los herederos no se dieran cuenta de que estábamos allí. Y funcionó, lo cual fue genial para defender la Kasa. Pero, por otro lado, también nos dimos cuenta de que sin visibilidad y sin una alianza más amplia con la comunidad sería más difícil. Así que nos acercamos a otros movimientos —por la movilidad, la tarifa cero, los quilombos urbanos, colectivos de todo tipo, sindicatos, nuestros propios vecinos y todo lo demás— para que realizaran sus reuniones y eventos en la Kasa. Así comenzamos a construir esta relación más amplia con el entorno.

Laidea: Entiendo a la Kasa Invisível como parte de un proceso de luchas autónomas que se desarrolló en Belo Horizonte. Un proceso porque hoy funciona como un espacio de lucha, un lugar de encuentro, un punto de convergencia de personas e ideas para mantener la lucha, pero también es un producto de esas luchas porque, desde la década de 2000, han surgido varios movimientos, con personas ocupando espacios, debatiendo y construyendo proyectos de resistencia fuera de lo convencional.

Declaración de patrimonio y resistencia

Dos años después de hacerse pública, en 2018, la Kasa se enfrentó al primer intento de desalojo por parte de los herederos del inmueble, quienes ni siquiera vivían en Belo Horizonte y habían dejado el lugar abandonado durante al menos 20 años. Por supuesto, al ver que el lugar, antes en estado de deterioro, ahora cobraba vida, se les iluminaron los ojos. Pero Kasa Invisível luchó y ganó la batalla. Entre los botines de esta guerra social se contó la declaración del edificio como patrimonio histórico de Belo Horizonte, lo que disminuyó la presión de los herederos y de posibles especuladores. Es importante señalar que en esta declaración participó activamente Kasa Invisível junto con grupos universitarios.

Baruq: Hubo una lucha que emprendimos casi por accidente: fuimos forjando una alianza con estudiantes y profesores de las universidades federales, la UFMG y la de São João Del Rey, quienes realizaron un mapeo y un estudio histórico de la casa. Al final, conocimos a una amiga cuyo bisabuelo había diseñado la casa, encontramos los documentos y elaboramos un informe con el que el DEPAM, que es el Departamento de Declaración de Patrimonio, declaró la casa como patrimonio histórico basándose en nuestro estudio. Fue importante para evitar que la casa corriera la mala suerte de ser demolida para convertirla en un estacionamiento y luego en un edificio.

Solidaridad durante la pandemia

Fue en la Kasa Invisível y gracias a las personas que participan en su gestión que, durante la pandemia de COVID-19, se creó un sistema para multiplicar las iniciativas de solidaridad con las personas sin hogar. Los miembros del colectivo y los residentes de la Kasa ya recolectaban donaciones y cocinaban para las personas sin hogar de la región, pero además, preocupados por el aumento del hambre y la emergencia sanitaria, elaboraron guías sobre el almacenamiento, la preparación y la entrega de estos alimentos con el fin de minimizar los riesgos para la salud. Y fueron decenas de iniciativas que pudieron multiplicarse por toda Belo Horizonte gracias a la acción directa de Kasa Invisível.

Gabriel: Durante la pandemia tuvimos que suspender nuestras actividades abiertas dentro de la ocupación y nos pusimos a pensar qué hacer en ese período en el que no podíamos reunir a la gente. Entonces empezamos a realizar algunas acciones solidarias allí, en nuestra zona de la ciudad, repartiendo almuerzos. También logramos recolectar canastas básicas para distribuir entre la gente: familias, tanto de las ocupaciones como personas vulnerables en general. Durante la pandemia, mucha gente quedó desempleada y, por eso, aumentó el número de personas que necesitaban ayuda. Y logramos llevar a cabo esta iniciativa en colaboración con las aficiones antifascistas y con la Pastoral del Pueblo de la Calle. En un momento estábamos allí preparando comidas con la Resistencia Alvinegra (Atlético-MG) y luego doblando ropa y sudaderas con las tías de la Iglesia Católica. Mucha gente se interesó y quiso participar, pero la idea era no reunir a mucha gente en la Kasa. Queríamos evitar que se juntara mucha gente ahí cocinando y que luego la comida se echara a perder y la gente se contagiara. Así que hicimos un folleto sobre cómo preparar comida y lo repartimos entre mucha gente, lo que hizo que la solidaridad se descentralizara y que la gente se organizara para hacer algo similar en sus barrios.

Además, fue un período importante para nosotros y para otras ocupaciones. Intentaron desalojarnos, pero logramos resistir gracias a varias inconsistencias legales que había en el proceso y también gracias al movimiento que se generó, a la presión popular en las calles, por «Desalojo Cero» durante la pandemia. El caso llegó hasta la Corte Suprema de Justicia (STF), que prohibió los desalojos en ese período. Es claro que hubo casos en los que se eludió la prohibición. Pero fue una decisión importante para mantener la existencia de varias ocupaciones que estaban en marcha y también para que surgieran nuevas ocupaciones aquí en Belo Horizonte. Después de ese decreto, varias personas que estaban en las calles comenzaron a ocupar las casas y mansiones abandonadas que hay en la zona central de BH.

La lucha por la vivienda en Belo Horizonte

Baruq nos explica que, después de 2013, hubo un retroceso en las luchas, y la atención se centró en la ocupación del Estado. Tanto es así que fue durante la redacción del libro «Casa Encantada», em estos últimos años, cuando, según él, ocurrió la primera ocupación desde las revueltas. Habla de una ocupación del MLB (Movimiento de Lucha en los Barrios, Aldeas y Favelas), en el centro de Belo Horizonte, que surgió después de casi una década sin nuevas ocupaciones de este tipo. Todavía lleva el nombre de María do Arraial, quien también fue conocida como María Papuda: una mujer negra desalojada de su casa para que se construyera el Palacio del Gobierno de Minas Gerais. La leyenda sobre María Papuda cuenta que, aún hoy, ella regresa para recorrer los pasillos del palacio y atormentar a los gobernantes.

En 2020, durante la pandemia, Belo Horizonte contaba con cerca de 100 mil personas viviendo en ocupaciones urbanas (medio millón en todo el estado de Minas Gerais), la mayoría de ellas ocupaciones de gran escala: enormes edificios abandonados o terrenos periféricos donde se construyen barrios enteros mediante el trabajo colectivo popular. La categoría de la Kasa Invisível, que ocupa mansiones y propiedades pequeñas en el centro de la ciudad, es minoritaria. Pero hay decenas de ejemplos que retratan en el libro «Casa Encantada» a partir de dibujos del propio Baruq.

Baruq: Las ocupaciones de casas y mansiones que aparecen en el libro son, en su mayoría, del MLP (Movimiento de Liberación Popular), que fue un movimiento que surgió de la gente que vivía en la calle, junto con otras personas que se unieron y formaron un movimiento pequeño, incipiente, que fue creciendo y que era totalmente autónomo. La gente ocupó, y algunos participaban en las Brigadas Populares, que era otro movimiento por la vivienda que llevó a cabo varias ocupaciones de territorios, algunas de edificios también, y la gente fue desarrollando su propio conocimiento práctico. En un momento crearon su propio movimiento, lograron el apoyo de la gente y siempre dicen que nosotros fuimos uno de los primeros apoyos que tuvieron. Ellos ocupaban una casa y nosotros nos acercábamos organizando algo como un “Té de Okupa Nova”. Cada vez que hay una ocupación, hacemos llamados para donaciones de estufas, tanques de gas, refrigeradores, herramientas, ese tipo de cosas. Para ayudar a que la ocupación fuera viable en los primeros meses. Y así fuimos construyendo esta red de apoyo mutuo, sin preocuparnos por nombres, fotos ni esas cosas, sino por crear esos vínculos para que esta red de casas pudiera estar interconectada.

Con iniciativas de este tipo (no solo la nuestra) y la aprobación de la ley “Desalojo Cero”, fue una gran motivación para ocupar y ofrecer una solución a esta población que se estaba quedando en la calle. Así, la persona puede ir, ocupar, registrarse como alguien en situación de vulnerabilidad y, eventualmente, ingresar a un programa de subsidio de renta y cosas por el estilo. Y ser vista, ser reconocida como alguien que necesita ayuda, porque está en la calle, porque no tiene un lugar donde vivir. Incluso para buscar trabajo, ¿cómo vas a demostrar tu domicilio? ¿Cómo te vas a bañar? ¿Cómo vas a vivir? Así que fue parte de ese movimiento para resolver un problema que se estaba agravando con la pandemia, que era la vivienda y la supervivencia, pasando a la acción directa.

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